Carta a Carlos

David Brooks

Un sabio de corazón rebelde dice que Ocupa Wall Street y sus ecos son conmovedores porque estos jóvenes están logrando levantar banderas que nosotros los viejos nunca logramos alzar.

Pero aquí en Plaza Libertad y las calles de decenas de ciudades de este país, esas banderas de los viejos están presentes.

Como en casi todas las rebeliones, ésta nació de esa gran y permanente conspiración popular abajo, que de vez en cuando se asoma, pero decide callar o simular su ausencia hasta despreocupar a los amos del poder y sus interlocutores sólo para de pronto estallar frente a ellos. Por eso siempre sorprende a los de arriba, y a los que sólo analizan las cúpulas. Es una gran sorpresa, muy esperada por tantos aquí durante mucho tiempo. Pero allí estaba, dio avisos aquí y allá. Y está hecha de muchas rebeliones recientes y distantes.

Se asomaba en febrero de este año, cuando miles empezaron a presentarse en Madison, Wisconsin, para protestar contra el asalto del gobierno estatal contra los derechos sindicales del sector público, algo que empezó primero con sindicalistas encabezados por el magisterio, pero también comenzaron a participar estudiantes, grupos religiosos, organizaciones de defensa de derechos civiles, granjeros y hasta inmigrantes. Se asomó tantito en agosto, cuando hubo dos semanas de actos de desobediencia civil frente a la Casa Blanca para protestar contra la propuesta del masivo oleoducto Keystone, de Canadá a Texas, por su potencial impacto desastroso para el medio ambiente; más de mil personas fueron arrestadas en lo que se volvió la acción de desobediencia civil más grande desde los años ochenta.

Se asomó cuando bailaron juntos todas las razas y colores, viejos y jóvenes en las calles, para festejar que hicieron historia al elegir al primer presidente afroestadunidense con sus esperanzas de un cambio real frente los horrores de guerra y políticas que sólo beneficiaban a los más ricos y corruptos del país.

También se asomó cuando trabajadores del sindicato electricista UE, entre ellos varios inmigrantes, ocuparon una fábrica en 2008, obligando al poderoso Bank of America a ceder ante sus demandas y rescatar su fuente de trabajo, o cuando trabajadores inmigrantes mexicanos, con apoyo de sus colegas estadunidenses, lograron sindicalizar por primera vez una planta procesadora de carne de pollo en Tenesi, un lugar tan hostil a los sindicatos que los expertos consideraban casi imposible tal hazaña.

Aquí en Ocupa Wall Street también se sienten los ecos de las masivas movilizaciones de millones de inmigrantes y sus defensores a lo largo y ancho de este país en 2005 y 2006, a las que se sumaron sindicatos, estudiantes y defensores de derechos civiles.

Igualmente están algunas de las banderas de Seattle en 1999, cuando estudiantes, sindicalistas, ambientalistas, granjeros y más hicieron temblar a la cúpula mundial al descarrilar con sus movilizaciones la cumbre de la Organización Mundial de Comercio, con lo cual nació el movimiento altermundista que dio la vuelta al planeta.

Pero como afirmó uno de los estrategas de esa movilización que sorprendió al mundo, Seattle no hubiera sido posible sin Chiapas, en referencia al levantamiento del EZLN unos cinco años antes. Aquí en lo de Ocupa Wall Street no sorprende encontrarse con símbolos del EZLN, también el de Emiliano Zapata. Somos imparables/Otro mundo es posible, se corea aquí, ecos de Chiapas y Seattle.

Y es que, en esta era de la llamada globalización, las luchas en otras tierras están presentes en las de aquí. La primavera árabe y los indignados de España son puntos de referencia para Ocupa Wall Street, como también los griegos, los ingleses y los chilenos, entre otros. El sábado se confirmó que las banderas de luchas en más de 80 países se están encontrando, con todas sus largas historias.

También están esos vínculos, poco percibidos, que relacionan algunos de los actores en estas luchas. Por ejemplo, un grupo de jóvenes egipcios se encontró con disidentes serbios del movimiento de la juventud Otpor, que ayudó a derrocar a Slobodan Milosevic, con quien desarrollarían algunas de las estrategias de acción no violenta que se emplearon en la primavera árabe y que ahora, en diversas formas, se aplican contra Wall Street.

A la vez, aquí se resucitan historias de luchas rebeldes de este país. Ante los de Ocupa Wall Street, el roquero Tom Morello llegó a cantar This Land is Your Land, del famoso cantautor radical Woody Guthrie, inspiración de Bruce Springsteen y Bob Dylan, quien en sus baladas y corridos comunicó las injusticias y las rebeliones populares contra ellas en los años 30 y 40, con una guitarra que decía esta máquina mata fascistas.

Aquí entre los manifestantes también está el lema un ataque contra uno es un ataque contra todos, de los Wobblies (International Workers of the World), el gran sindicato anarquista de principios del siglo XX. Por supuesto hay camisetas del Che, también de Emma Goldman y Abbie Hoffman (héroe de contracultura y movimiento antiguerra de los sesenta).

Este fin de semana se inauguró el Monumento a Martin Luther King Jr. en el parque central de Washington, con la presencia del presidente Barack Obama y otras figuras, muchas de las cuales se refirieron de alguna manera a Ocupa Wall Street. Bernice King, hija del reverendo, recordó que su padre nos había llevado más allá del sueño de justicia racial a la acción y trabajo por la justicia económica. Cuando fue asesinado, recordó, estaba en medio de organizar su campaña de los pobres, cuyo objetivo era convocar a gente de diversos sectores a la capital y ocupar este lugar hasta cambiar el sistema económico y lograr una mejor distribución de riqueza. El reverendo Jesse Jackson, entonces joven asesor del reverendo King, se refirió por nombre a Ocupa Wall Street, a cuyos integrantes llamó hijos de la campana de los pobres del doctor King y los instó a continuar protestando con apego a la estrategia de la no violencia de King.

Hasta Obama se vio obligado hacer una alusión a Ocupa Wall Street durante su discurso en honor a King: si estuviera vivo hoy, yo creo que nos recordaría que el trabajador desempleado haría lo correcto en retar los excesos de Wall Street sin demonizar a todos los que trabajan ahí.

Todas esas banderas, y más, ahora ondean aquí. Así, los jóvenes que las levantan resultan ser muy viejos, y los viejos, al verlas de nuevo, se hacen cada vez más jóvenes.

Tomado de La Jornada México

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