Líneas ocupadas

David Brooks La Jornada

Manifestación frente a la Casa Blanca, ayer en Washington, de simpatizantes de Ocupa Wall Street, movimiento que ha surgido en Nueva York y poco a poco se extiende por Estados Unidos en repudio a la respuesta de los políticos a la crisis económicaFoto Ap

O

cupa Wall Street ha logrado ubicarse en la parte central del debate nacional, apenas tres semanas después de aparecer en escena y con ello empezar a transformar el panorama político del país.

En los últimos días, la cúpula ha sido obligada a comentar acerca del fenómeno que empieza a cercarla. Pienso que expresan la frustración que siente el pueblo estadunidense, respondió el presidente Barack Obama al ser interrogado sobre Ocupa Wall Street. Culpan, con cierta justificación, al sector financiero por llevarnos a este desorden y están insatisfechos con la respuesta política aquí en Washington. En cierta medida, no los puedo culpar, comentó Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal. La líder de la minoría demócrata en la Cámara de Represenantes, Nancy Pelosi, dijo que Ocupa Wall Street es un movimiento joven, espontáneo, enfocado y será efectivo, y otros legisladores demócratas también han expresado desde su simpatía o comprensión hasta su apoyo explícito a las protestas.

Jeffrey Sachs, el famoso economista, antes promotor de políticas de austeridad y ahora reformista, apareció en el plantón de Wall Street para felicitar y expresar su acuerdo con algunos de los planteamientos de los manifestantes. Los economistas premio Nobel Paul Krugman y Joseph Stiglitz ya respaldado las protestas.

Para conservadores y defensores de los ricos, las protestas son alarmantes. Eric Cantor, líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, advirtió: “yo… estoy cada vez más preocupado sobre la creciente chusma que ocupa Wall Street y otras ciudades del país”. El precandidato presidencial republicano Mitt Romney advirtió que esto es peligroso, es guerra de clases, mientras Herman Cain, otro precandidato republicano, afirmó: no culpen a Wall Street, no culpen a los grandes bancos; si no tienes empleo y no eres rico, cúlpate a ti mismo. El influyente representante federal Peter King acusó a los manifestantes de ser anarquistas y no tener otro propósito que ser antiestadunidenses y anticapitalistas, pero advirtió: “debemos tener cuidado en no permitir que esto adquiera legitimidad… no podemos permitir que eso ocurra”.

Pero, como dirían aquí: too late; ya ocurrió.

El New York Times, en su editorial principal de este domingo, dio la razón a los manifestantes: están exactamente en lo cierto cuando dicen que el sector financiero, con reguladores y funcionarios electos coludidos, infló una burbuja de crédito, con la que también lucró, y que al estallar costó a millones de estadunidenses sus empleos, ingresos, ahorros y equidad. Ante críticas de que Ocupa Wall Street no ha formulado un mensaje claro, el Times opinó: en este momento, la protesta es el mensaje: la desigualdad de ingreso está triturando a la clase media, incrementando las filas de los pobres y amenazando con crear una subclase permanente de gente con voluntad, pero desempleada. En un nivel, los manifestantes, muchos de ellos jóvenes, están dando voz a una generación de oportunidad perdida. El Times concluye que, porque los políticos no han abordado ni resuelto los problemas de desigualdad, estas expresiones públicas de protesta son un fin legitimo e importante en sí mismas. También es la primera línea de defensa contra un retorno a las formas de Wall Street que hundieron al país en una crisis económica de la cual aún no logra salir.

Esta ola de protestas, en 21 días, ha obligado a los medios a cubrir cada vez más este fenómeno. Un análisis del New York Times revela que el 17 de septiembre, al iniciarse la acción, sólo hubo 10 reportes en los medios tradicionales (televisión y medios impresos). Cuando la policía realizó una primera represión, una semana después, este número se elevó a 96 reportes, y siete días más tarde se incrementó a 115 notas/reportes en la segunda represión en el puente de Brooklyn, con el arresto de 700 manifestantes. El 2 de octubre llegó a 258; al día siguiente a 391, y a 482 el 6 de octubre, al registrar la marcha masiva de apoyo en Nueva York. El promedio ahora a lo largo de las tres semanas de la existencia de Ocupa Wall Street a nivel nacional es de 144 reportes diarios en los medios tradicionales de noticias.

Pero si bien Ocupa Wall Street ha provocado un debate entre las cúpulas, lo más notable es el diálogo que ha generado en las calles. En la Plaza Libertad de Nueva York hay foros casi a diario en los cuales se presentan figuras como Michael Moore, Naomi Klein, Slavoj Zizek y el extraordinario ambientalista Bill McKibben, quien recientemente impulsó una de las acciones de desobediencia civil más grandes de los tiempos modernos contra un proyecto de oleoducto transcontinental (de Canadá a Texas). También se llevan a cabo foros con la Alianza de Taxistas de Nueva York, representantes del Movimiento de Alianza Nacional de Trabajadoras Domésticas, y con la Red de Justicia para Prisioneros.

A la vez, llegan representantes de movimientos en otros países: un par de griegos, unos españoles del 15-M; Mohammed, un egipcio que afirmó que este movimiento ahora abarca desde la primavera árabe a la caída de Wall Street. Agregó: muchas cosas nos mantienen separados: fronteras, inseguridades internas, ejércitos, policías y empresas. Ellos tienen sus leyes, pero nosotros tenemos nuestra revolución. Somos el 99 por ciento.

Estos diálogos se realizan y repiten en las decenas, tal vez cientos, de espacios públicos que se van ocupando casi a diario a lo largo del país. Pero también se lleva a cabo en el universo cibernético. Según algunos informes, más de 200 cuentas de Facebook y Twitter han sido creadas en ciudades de todo el país para abordar tanto los temas nacionales como los locales relacionados con las protestas, así como para coordinar acciones y mítines.

Aún está por verse si esta expresión disidente se limita a ser una ola de protestas o logra volverse un movimiento. Pero por ahora, desde Wall Street, el sitio más antidemocrático del planeta, ha logrado hacer soplar una brisa democrática por este país. Empieza a brotar lo que siempre hay abajo: cooperación, colectividad, compartir alimentos e ideas, reconocer que nadie por sí solo puede existir. Renace aquí tal vez el elemento más precioso en el mundo: la solidaridad.

Si eso logra florecer, será un triunfo mucho mayor que sólo ser reconocido por la cúpula. Por ahora, están muy ocupadas las líneas de un nuevo diálogo en las calles, casas y plazas en este país.

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