“La crisis no es de la deuda, sino del capitalismo”

“No estamos ante una crisis de la deuda, como afirman los medios de comunicación, sino ante una crisis del capitalismo; el sistema capitalista está en quiebra”, ha afirmado Jerome Duval, portavoz del grupo sobre deuda externa (“Patas Arriba”) de ATTAC-CADTM en Valencia, en un acto organizado por la asociación Socialismo 21. El activista publicará próximamente el libro “La deuda o la vida”, editado por Icaria.¿Por qué existe ese pánico al endeudamiento? En una conferencia celebrada esta semana en Córdoba, Julio Anguita pedía a la sociedad que no aceptara que es negativo endeudarse. Duval comparte esta opinión: “la deuda no es algo malo en sí misma, el problema estriba en cómo el capitalismo la maneja y cómo acaba imponiendo planes de austeridad a la población”. Y tampoco sobre el endeudamiento se cuenta toda la verdad ya que, como ha recordado el portavoz de “Patas Arriba”, se oculta que al menos el 75% de la deuda global del estado español es privada.

Gobiernos, bancos e instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Central Europeo (BCE) niegan que haya alternativa a los recortes sociales y los ajustes estructurales. Pero el Comité por la Abolición de la Deuda en el Tercer Mundo (CADTM) plantea otra opción: las Auditorías de la deuda pública con el control de la población, además de otras como la nacionalización de los bancos con pérdidas o la eliminación de los paraísos fiscales.

El precedente más interesante de las Auditorías lo constituye Ecuador, entre los años 2007 y 2008, con la presidencia de Correa. Entonces, con la ayuda de expertos internacionales y organizaciones sociales, se auditaron las cuentas del país y se decidió renegociar la deuda pública, de manera que el estado ecuatoriano pudo ahorrarse 2.200 millones de dólares en pago de intereses, que se destinaron a fines sociales (educación y salud, entre otros). La Venezuela de Chávez y Bolivia con Evo Morales hablaron de caminar por la misma senda, pero sin resultados prácticos.

“Lo decisivo en las auditorías es que se realicen bajo control y participación ciudadana y estén abiertas a los movimientos sociales”, ha afirmado Duval. Para ello, “resulta esencial la lucha en la calle, porque es lo que obliga a los gobiernos progresistas a que cumplan sus propuestas”, ha agregado el portavoz de “Patas Arriba”, quien ha citado el 15-M como “gran motivo de esperanza”.

En épocas de crisis y para vender los recortes sociales a la población, el lenguaje es una de las grandes armas de las clases dominantes. “Las propuestas de ayuda –por ejemplo, a Grecia- son falsas; realmente se trata de préstamos vinculados a ajustes estructurales; a quien de verdad se ayuda es a los bancos”, ha subrayado Duval. Así ocurrió con la compra de bonos por parte del BCE a la banca privada, a un precio superior a la que ésta los había adquirido. Y esto se hizo con la excusa de reducir la prima de riesgo (diferencial respecto a la deuda alemana).

Tampoco la crisis de la deuda es algo nuevo. El fenómeno surge en la década de los 80 en los países del sur, sobre todo cuando México resolvió, en 1982, que no podía seguir afrontando el pago de las deudas a sus acreedores. Esto actuó como mecha de una bomba que se extendió por numerosos países. El FMI entró en escena con los “ajustes estructurales” y la política de préstamos a tipos de interés mucho más elevados. ¿Con qué resultado? Se dispararon las “transferencias netas de deuda”, es decir, se multiplicó la diferencia entre el capital y los intereses que salían de los países del sur, en comparación con los préstamos y donaciones que se ingresaban.

“Hoy en día se aplican en los países de la periferia europea recetas de austeridad muy similares a las que sufrieron los países del sur hace 30 años”, ha subrayado Jerome Duval. “Hungría, Rumanía, Estonia, Irlanda, Portugal y Grecia, entre otros, han padecido las mismas medidas del FMI que ya resultaron un fracaso absoluto; dicen que son planes de ayuda, pero realmente contribuyen a un mayor endeudamiento; de una salida keynesiana a la crisis no se quiere hablar en ningún caso”.

En 2007-2008 advino en EEUU la crisis de las “hipotecas basura”, que después se exportó a Europa. Duval recuerda cómo “se ayudó a las grandes instituciones financieras, es decir, se socializaron las deudas privadas mientras los directivos de las grandes compañías percibían grandes primas y sueldos; las grandes promesas de los políticos sobre imponer controles y moralizar el capitalismo resultaron proclamas sin futuro y palabras vacías”.

En el fondo de la cuestión subyacen las palabras de Warren Buffet, quien a lo mejor sin pretenderlo aportó una de las mejores explicaciones que se han dado acerca de la crisis de las deudas soberanas: “Hay una lucha de clases, por supuesto, pero es mi clase, la de los ricos, la que dirige la lucha. Y nosotros ganamos”, afirmó en su día este multimillonario norteamericano.

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