Radiografía de la niñez guatemalteca

Por Sergio Barrios Escalante* –

Niñez guatemalteca: entre los desajustes estructurales, la violencia, el abandono y exclusión social, la crisis económica mundial y el cambio climático

El panorama general en el cual se desenvuelven los niños y jóvenes en Guatemala es francamente sombrío. La violencia estructural y física, el abandono y exclusión social, la crisis económica mundial y los efectos adversos del cambio climático, constituyen apenas algunos de los factores principales que envuelven su realidad cotidiana.

Guatemala es un país de gente mayoritariamente muy joven. De acuerdo con datos de SEGEPLAN y la ENSMI, el 49 por ciento de la población total del país (14 millones aproximadamente), está constituida por personas situadas en el rango etario de 0 a 15 años de edad, y un país en el cual el 73 por ciento está constituido por menores de 30 años de edad.

Y debido a ese simple hecho demográfico, son los niños y los jóvenes los más afectados por el predominio de la pobreza, un flagelo del cual el país no logra liberarse. Según las mediciones oficiales a nivel internacional en términos de Desarrollo Humano, en la última década Guatemala descendió del puesto 108 en el 2001 al 116 en el 2010 (1).

Si bien es cierto ésta situación de pobreza extendida se ha reducido en términos globales desde 1980, continúa representando una expresión concreta y cruel de la violencia estructural en Guatemala, y además, pese a los relativos avances, no será reducida en los niveles esperados (en un 50 por ciento para el 2015), según compromisos asumidos por el país dentro de los Retos del Milenio, tal y como lo anunció el presidente Álvaro Colom en su informe de país ante la Asamblea General de la ONU en septiembre del 2010 (2).

De acuerdo con el Dr. Carlos Cazzali, secretario en el 2011 de la Secretaria de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN), las condiciones estructurales que originan la pobreza se están reforzando peligrosamente con las actuales tasas de crecimiento poblacional de Guatemala (el 2.5 por ciento anual, la más alta en la región de Centroamérica y República Dominicana), y según el funcionario citado, algunos patrones culturales inciden fuertemente en ello, y menciona como ilustración, la creencia arraigada en extensos sectores poblacionales guatemaltecos, respecto a la supuesta relación directa entre “hombría” y el número de hijos procreados (3).

La alarma por el sostenido nivel de crecimiento demográfico no es injustificada. Según un reporte reciente de SEGEPLAN, cada hora nacen en Guatemala 51 niños, y a su vez, cada hora mueren 9 personas, haciendo que el crecimiento natural de la población sea de 43 personas cada sesenta minutos (4).

Sin embargo, siempre de acuerdo con la perspectiva del Dr. Cazzali, el verdadero problema del hambre en Guatemala no es el crecimiento demográfico, ya que el obstáculo real en relación al consumo de alimentos no es de disponibilidad sino de acceso (5).

Otra de las amenazas importantes para los niños y adolescentes guatemaltecos es la violencia generalizada imperante en todos los rincones del país. Solamente en el período comprendido entre enero y mayo del 2011, murieron de forma violenta 249 niños y niñas y adolescentes (6).

En este mismo orden se tienen los datos estadísticos del año 2009, que refieren un total de 6,498 muertes violentas, de las cuales 2,368 eran menores de 25 años (36.44 por ciento), y 720 eran mujeres (11.08 por ciento). La mayor parte de éstos crímenes fueron cometidos con armas de fuego y no fueron investigados ni perseguidos por el sistema de justicia penal (7).

En cuanto a la desigualdad y la exclusión social en el que se encuentra la niñez guatemalteca, quizá no haya dato más relevante (y desgarrador), que el que nos señala la prevalencia de la desnutrición crónica en el 49.8 por ciento de los niños entre 1 y 5 años de edad, la tasa más alta de América Latina y el Caribe (8), y que nos pone entre los 6 primeros vergonzantes lugares a nivel mundial.

Pero lamentablemente también tenemos indicadores negativos relativos a inversión social en salud y educación, que está entre los niveles más bajos en comparación al PIB nacional en la región. De igual manera, se debemos incluir aquí las altas tasas de desempleo y subempleo y de migración al exterior, compuesto en su mayor parte por jóvenes e incluso niños que emigran a países vecinos en condiciones de franca vulnerabilidad y precariedad.

Por otra parte, la crisis económica mundial constituye otro factor de gran importancia en el actual deterioro de las condiciones materiales y sociales de vida de niños y niñas guatemaltecos. Si bien es cierto los montos globales en remesas familiares enviadas al país por ciudadanos que trabajan en el exterior no han mostrado descensos drásticos en los últimos tres años, pese a ello es un hecho que éstos envíos son cada vez más espaciados, son obtenidos con mayores esfuerzos y riesgos para la inmensa mayoría de los inmigrantes indocumentados, y a la vez, éstos recursos monetarios son absorbidos cada vez más en necesidades básicas insatisfechas de los hogares receptores (principalmente comida, vivienda, ropa, transporte y diversos servicios esenciales), dejando menos margen para la inversión familiar en la educación y la salud de los niños y niñas que dependen de tales remesas (9).

La crisis económica internacional también está golpeando a las familias con niños en pobreza a través de otras vías, como el descenso notorio en el flujo de turistas extranjeros (y aún nacionales), a los distintos lugares tradicionales de visita en el país, y más recientemente, mediante la inflación en los precios internacionales de ciertos servicios clave en el comercio mundial, tales como las tarifas de los fletes de las compañías marítimas, en particular, en el incremento de los costos de transportación de contenedores que trasladan al exterior productos perecederos (hortalizas, brócoli etc.), producidos por pequeñas y medianas unidades económicas, afectando los ingresos de miles de familias del altiplano guatemalteco (10).

Por si todo lo citado anteriormente fuese poco, se suma a éste cuadro nebuloso el impacto negativo de los efectos directos y adversos del cambio climático y fenómenos telúricos. Solamente en los últimos días de septiembre del presente año (entre el 19 y el 21), al menos 12 personas han fallecido producto de la intensa actividad sísmica en Cuilapa, Santa Rosa, y producto de un enorme alud de tierra que sepultó varias casas en la aldea El Manantial, Municipio de Santa Cruz Barrillas, Huehuetenango, dejando ambos desastres a tres niños fallecidos y al menos 30 menores damnificados (11).

Según cálculos preliminares éstos dos desastres naturales han dejado un total de 2,051 personas damnificadas (1, 959 por los sismos en Santa Rosa y 92 por el alud de Barrillas, Huehuetenango), y las 12 personas fallecidas se vienen a sumar ahora a las 449 personas muertas en una cadena de desastres naturales durante el período 2001-2011, donde un terremoto, una sequía, dos huracanes, temperaturas extremas, una erupción volcánica y 17 derrumbes ocasionaron dicho saldo fatal (12).

Aún hoy en día se siguen sintiendo los efectos negativos sobre la niñez de la tormenta Agatha (2010). Reportes recientes informan que producto del daño a las cosechas causadas por dicho evento natural, en Rabinal, Baja Verapaz se ha desatado desde agosto recién pasado una situación de emergencia nutricional en al menos 25 niños de entre 0 y 5 años de edad, quienes presentan desnutrición moderada y severa, como consecuencia directa de la afectación de la reserva de granos de éste año (13).

Ante el cada vez mayor impacto económico de los desastres naturales provocados por el cambio climático en Guatemala, expertos en finanzas de la Mesa Nacional de Diálogo para la Reducción de Riesgos a los Desastres (MNDRRD), sugieren el aseguramiento en riesgos como la única vía efectiva para atenuar las crecientes pérdidas económicas, ello debido a la consideración de que la asistencia pos desastres no es sostenible en el tiempo (solo entre 1975 y el 2002 el BID prestó a Guatemala la suma de US $ 260 millones de dólares para atender desastres naturales) (14).

Finalmente, hemos de señalar importantes observaciones, proyecciones futuras y recomendaciones del ingeniero Raúl Maas, en torno a los crecientes impactos negativos del cambio climático. Basado en escenarios planteados por el Panel Internacional en Cambio Climático (IPCC en inglés), nos advierte que en el año 2050 los eventos extremos en regiones como la nuestra (Guatemala), derivarán en sequías, inundaciones, elevadas temperaturas y variabilidad zonal en los niveles des precipitaciones pluviales. Ello provocará, entre otras cosas, aridez, menor disponibilidad de agua, pérdida de fertilidad del suelo y pérdida de carbono en las tierras de cultivo (15).

De acuerdo con el especialista citado, para el 2050 se prevén cambios de diversa magnitud en aproximadamente el 50 por ciento del territorio guatemalteco, y ante los riesgos inminentes en cuanto a la disminución en la producción y disponibilidad de alimentos, recomienda varias alternativas concretas, tales como la adaptación tecnológica, uso de semillas mejoradas, crear infraestructura para la adaptación y almacenamiento de agua, implementar sistemas de riego, promover la gestión de riesgos, generar sistemas agroforestales (16).

En síntesis, el experto propone implementar 4 factores fundamentales para lograr la mitigación y adaptación a los efectos adversos del cambio climático; liderazgo institucional, recursos financieros, respaldo social y políticas públicas explícitas (17).


Notas:
1. “El Adelanto Tecnológico al Servicio del Desarrollo Humano”: Informe sobre Desarrollo Humano -2001- (hdr.undp.org/en/media/HDR_2001_ES).

2. Detalles al respecto de la evaluación gubernamental del nivel de avances en los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), pueden consultarse en la página oficial de SEGEPLAN.

3. “Retos para Guatemala en materia de Seguridad Alimentaria y Nutricional”; Dr. Carlos Cazzali: Ponencia presentada en CONVERCIENCIA, Guatemala, julio 25 del 2011).

4. “Políticas para controlar el crecimiento poblacional desmedido”. Autor institucional SEGEPLAN. CONVERCIENCIA, Guatemala, julio 25 del 2011.

5. Dr. C. Cazzali, Op. Cit.

6. Datos tomados de la página web oficial de UNICEF/Guatemala al día 24 de septiembre del presente año.

7. “12 Estrategias para prevenir la violencia relacionada con la adolescencia y la juventud”: Proyecto POLJUVE/Guatemala, INTERPEACE y el IECPG, Guatemala: Documento Impreso, 2011.

8. Dr. Cazzali, Op. Cit.

9. Mayores detalles y cifras estadísticas al respecto pueden encontrarse en el estudio “Guatemala: La Tormenta Perfecta”, publicada online en la página oficial de UNICEF/Guatemala, en el 2010.

10. Según exportadores de AGEXPORT, el incremento en el precio de fletes de las compañías navieras se ha elevado de US $ 3,550 dólares por furgón a los US $ 3,860 dólares, lo cual afecta a unas 50 mil familias que dependen de la exportación de arveja china dulce y ejote francés (“Precio del flete impactará en ventas”: Prensa Libre, Guatemala, 14/09/11, p. 37).

11. Reportes periodísticos de Prensa Libre, del 21/09/11, pp. 4-5; y del 22/09/11, pp. 4-5.

12. Ibid.

13. “Repuntan casos de desnutrición; familias que perdieron cultivos no tienen reservas de granos”: Prensa Libre, 17/09/11, p. 22.

14. Prensa Libre, 20/09/11, p. 33

15. “Proyecciones del Cambio Climático y sus efectos en la disponibilidad y Acceso a los alimentos”. Ing. Raúl Maas, Conferencia ante CONVERCIENCIA, Guatemala, julio 25 del 2011.

16. Ibid.

17. Ibid.

* Sergio Barrios Escalante.
Científico Social e Investigador. Ensayista y Escritor. Activista por los derechos de la niñez y adolescencia y coordinador de la Asociación para el Desarrollo Integral de la Niñez y Adolescencia (ADINA).
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Convivencia Alterna forma parte de la revista Raf-Tulum.

www.albedrio.org

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