El Barça no és més que un club (de negocios y buen fútbol)

Salvador López Arnal

Rebelión

La Asamblea de compromisarios del Barça del pasado 24 de septiembre, el día de la Mercè, la fiesta de Barcelona, dijo ‘sí’ al acuerdo con Qatar Foundation como patrocinador de la camiseta del club. El convenio se prolongará hasta la temporada 2015-16 y supondrá para el club unos ingresos de más de 170 millones de euros (Sin poder precisar más, el Barça recibirá 30,5 millones en la campaña 2013-14, 32 millones en 2014-15 y 33,5 millones en 2015-16. Está previsto un bono de cinco millones de euros más si el Barça gana al menos una ‘Champions’ durante esos años. En las últimas tres temporadas, existe la posibilidad de que Catar decida incluir otro logotipo en la camiseta; el de la organización del Mundial de 2022, por ejemplo).

Ignoro si hay alguna cláusula “secreta”, o poco aireada, y si el acuerdo tiene nudos que merecerían también una mirada atenta. No he podido consultarlo.

El resultado de la votación fue el siguiente: 697 socios compromisarios, el 86,2%, apoyaron la firma del acuerdo; 76, el 9,4%, votaron en contra y 36, el 4,4%, se abstuvieron. ¡Más de un 85% de los compromisarios, no de la masa social del club, estuvieron a favor de un acuerdo comercial con una fundación que publicita… un estado que no puede cogerse ni con pinzas de acero y gafas de alta graduación!

No era fácil votar en contra por decencia política. Felicidades a los socios que así lo hicieron. Las declaraciones de Josep Guardiola, así lo manifestaron algunos compromisarios después de la votación, fue decisiva para cambiar algunas voluntades. El mitificado entrenador del Barça, elevado a los altares nacionales y nacionalistas en un claro intento de creación de un nuevo mito nacional-patriótico, dijo pocos días antes de la votación, tal vez por algún requerimiento de la Junta o por decisión o convicción personal, que él, cuando fue jugador, había sido tratado muy bien en el emirato y que, además, Qatar era un país muy abierto a Occidente. Ni una sola crítica, ni una nota a pie de página, salió de sus labios.

La defensa del acuerdo en la Asamblea la realizó el vicepresidente económico de la Junta, Javier Faus, quien explicó “las condiciones innegociables” (¡que risa tía Felisa!) impuestas -¡impuestas!- por la directiva de Sandro Rosell al gobierno catarí. Tomen nota, vale la pena: tenía que ser compatible con los valores del club; tenía que ser compatible con los valores de UNICEF; tendría que ser, además, la camiseta mejor pagada del mundo del fútbol y tener una “absoluta seguridad” en cuanto a los avales financieros.

Dejemos de lado los dos últimos puntos que fueron aireados urbi et orbe para convencer visiones economistas presentadas y abonadas como simple, necesario y razonable sentido común. ¿Los valores de la fundación y del emirato debían ser compatibles con los valores del Barça y UNICEF? ¿Qué valores son esos? ¿El menosprecio y explotación sin límites de la fuerza de trabajo extranjero? ¿El maltrato del otro? ¿El incumplimiento sistemático de las promesas y compromisos políticos? ¿El autoritarismo nada democrático? ¿La intervención en asuntos políticos de alta tensión como la guerra en Libia? ¿Esos son los valores de la UNICEF… y del Barça? ¿Qué golpe de Estado ético se ha producido en las entrañas del club sin que la ciudadanía y sus socios hayan sido informada?

No sólo fue esa evidente contradicción del tamaño de una órbita planetaria plutónica. El vicepresidente en cuestión no tuvo ningún reparo en coincidir con algunos compromisarios que habían afirmado su alejamiento de toda aproximación política al tema -“la política no debe ubicarse en esta discusión”-, al mismo tiempo que sostenía, quince segundos más tarde, que el acuerdo con Qatar había sido una decisión institucional y política del presidente del club. Política no, política sí. ¿Contradicción? ¿Y a quién le importa lo que yo digo y lo que yo hago?

Por lo demás, el vicepresidente en cuestión, el señor Faus, habló de Qatar en los siguientes términos. No se pierdan una letra: “Se trata de un país extremadamente rico en petróleo y gas, la primera economía mundial en PIB por cápita…”. La pela, eso es lo que importa. La guinda del pastel crematístico: “Qatar es un actor muy importante y hace esfuerzos para unir culturas. Que la FIFA le haya dado el mundial a Qatar es relevante”. ¿En qué y por qué es significativo que la FIFA le haya dado el mundial de 2022 a Qatar? ¿Esfuerzos por unir culturas? ¿Qué culturas intenta unir el emirato Qatar mientras maltrata ad nauseam a los trabajadores extranjeros que viven en ese país?

Un compromisario citó un informe de Amnistía Internacional que denunciaba prácticas del gobierno de Qatar. La respuesta del vicepresidente: también España y otros países son citados en algunos informes de Amnistía. ¡Y qué importa! A otra cosa mariposa. Todos estamos en el mismo barrizal.

Un grupo de socios deseaba promover un referéndum entre toda la masa social sobre el infame acuerdo. Por supuesto: no se tuvo en consideración su propuesta.

Manuel Vázquez Montalbán estará revolviéndose en la tumba, por los recortes del “gobierno de los mejores” [1], que se siguen cebando sobre los sectores sociales más desfavorecidos y por su Barça.

El Barça, con la ayuda inestimable de un gran entrenador de fútbol, en general sensato, con oculta, escasa o nula pulsión política humanista, y la dirección de un presidente neoliberal, y una junta postrada a sus pies, que tienen a gala ostentar como postulado geométrico-existencial la afirmación “la pela es la pela”, ha decidido dejar de ser “algo más que un club” y convertirse esencialmente en un club negocios –el país diseñado por sus clases dominantes no se aleja mucho de esa finalidad-, club mercantil decía que, por ahora, practica un fútbol digno de admiración.

Nota:

[1] MVM hubiera triturado la expresión y se hubiera puesto de los nervios con la política defendida por su ex compañero Mas-Colell en las filas del PSUC.

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