¿Qué pasa en los municipios?

Daniel Barczay

Área en Historia Local

El pasado 11 de septiembre había llegado, finalmente, el día. Finalmente, porque porque gran parte de la población no hallaba las horas para que acabara el tsunami de propaganda política superficial y demagógica que inundaba el ambiente, nuestro ambiente.

Aparte de los resultados estrictamente electorales, los números y porcentajes, se está confirmando una situación que ha venido de menos a más durante los últimos eventos electorales: las radicales manifestaciones de inconformidad respecto a los desenlaces de las elecciones a nivel local.

El sentimiento de inconformidad es inevitable en el ejercicio de elecciones populares para alcaldes municipales. Solo uno de los y las candidatas puede ganar y encargarse de los asuntos locales durante cuatro años. Una parte de los y las votantes inevitablemente se queda inconforme cuando su candidato no reúne los votos suficientes.

En nueve de los 17 municipios del departamento de Guatemala, la población eligió alcaldes “nuevos”, impidiendo la reelección de los actuales. Esto rompe en alguna medida con una incipiente tradición que amenaza con incrustarse irremediablemente en nuestro sistema electoral. Desde hace dos décadas, la tendencia ha mostrado que muchos alcaldes construyen una maquinaria que les asegure triunfo electoral tras triunfo electoral para mantenerse en el poder.

Producto de estos resultados es que en este departamento central, las manifestaciones violentas en oposición a los resultados se redujeron significativamente en comparación con las elecciones de 2003 y 2007. Puede traerse a colación el caso de San Pedro Ayampuc, donde el actual alcalde, en el poder con una sola interrupción desde 1988, finalmente tendrá que ceder el espacio. Ayampuc, que hacía noticias por la inconformidad ante las reelecciones hace cuatro y ocho años, ahora prácticamente no dio de qué hablar; se produjo alternancia en el poder.

En otros departamentos, sin embargo, las reacciones radicales, airadas y a veces violentas, confirman la tendencia que se ha podido observar durante los últimos eventos electorales. Los incidentes van en aumento, tanto en cantidad como en intensidad. El secuestro y quema de papeletas, y aun su alegada sustitución, son actos que en algunos lugares se dieron aun antes de finalizar la jornada, es decir, cuando todavía no había certeza alguna acerca de los resultados.

Pero esto solo fue el inicio. Quince días después de las elecciones supimos que desconocidos (por el momento) incendiaron la sede local del TSE en un municipio del noroccidente. En el ínterin, edificios municipales, subestaciones policiales y vehículos también fueron blanco de ataques de pobladores, simpatizantes de cierto candidato, de grupos de poder que no aceptan una posible o una declarada derrota en las urnas. El ambiente crispado y las tensiones que se acumularon en los días anteriores al 11 de septiembre no resistieron más.

Por otro lado, el Tribunal Supremo Electoral se encontró ante una avalancha de impugnaciones respecto a elecciones municipales, la mayoría de las cuales ya descalificó por asuntos de forma.

Aún así, circulan comentarios y análisis acerca de que el proceso electoral se llevó a cabo en relativa tranquilidad y la mayor crítica gira en torno a la lentitud en el cómputo global de los resultados. Pero, ¿qué va a pasar dentro de cuatro años? ¿Las impugnaciones serán 150 o hasta 200? ¿Los daños materiales se duplicarán o triplicarán? ¿Estamos esperando a que tengamos que lamentar la pérdida de vidas humanas en las trifulcas poselectorales?

Nuevamente, se discute la necesidad de profundas reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, tema cíclico de cada cuatro años. ¿Cómo puede resolverse la conflictiva situación a nivel local que amenaza cada vez más con echar por la borda la idea de elecciones democráticas? ¿Será que nuestro sistema electoral no es lo suficientemente democrático?

Son preguntas que debemos plantearnos con seriedad y compromiso. Hay factores en los ámbitos político-electorales locales que claman por nuestra atención y deben ser estudiados para que podamos comprender las dinámicas que llevan a tales situaciones violentas y desoladoras.

Guatemala, 26 de septiembre del 2011.

La Opinión fue Editorial del Noticiero Maya K’at de la Federación Guatemalteca de Educación Radiofónica -FGER- con fecha 26 de septiembre de 2011.  www.fger.org
Te gusto, quieres compartir