El Estado palestino: histórico momento de la verdad para EU y Obama

Alfredo Jalife-Rahme

No voy a remontar 5 mil años a los orígenes de los habitantes históricos de la tierra de Canaán –rebautizada Palestina por la ocupación romana y reformulada Cercano Oriente en la semiótica colonial francesa, ubicada entre el mar Mediterráneo y el río Jordán, que abarcaba parte de la franja sirio-fenicia (el Creciente Fértil, en la semántica colonial británica)– habitada por pueblos diferentes: amorreos, jebuseos, filisteos (antecesores de los palestinos), fenicios, arameos (estos dos últimos antecesores de sirios y libaneses) y hebreos. Estos últimos conquistaron varios de estos pueblos y se apoderaron de sus territorios.

Más allá de las solipsistas interpretaciones paleobíblicas, me concretaré a la aplicación moderna del derecho universal y de las resoluciones de la ONU, las cuales conceden un derecho inalienable a Palestina para su auto-determinante Estado independiente, libre y soberano.

Con mente abierta a la negociación creativa, tampoco regresaré 63 años (fecha de la creación de la entidad sionista gracias al apoyo determinante de los esclavistas banqueros Rothschild en Gran Bretaña), y para avanzar el proceso de paz entre palestinos e israelíes –que se ha negociado infructuosamente desde hace 20 años– considero justo y necesario ubicarnos en los Acuerdos de Oslo a inicios de 1991 y a la propuesta de paz de la Liga Árabe, con la bendición del rey saudita Abdalá en 2002.

El magnicidio en 1995 del laborista premier israelí Yitzhak Rabin –militar respetable y estratega visionario– por el ultrafundamentalismo sionista jázaro, descarriló todo el loable proceso de paz.

El magnicidio estaba escrito en el muro geopolítico del punto de inflexión que trasmuta el clintonomics al bushismo ultrabélico: un año más tarde el Grupo PNAC (Proyecto para un Nuevo Siglo Estadunidense) de los neoconservadores straussianos, al unísono del ominoso Comité del Peligro Presente (Committee on the Present Danger), optó por la guerra total en el gran Medio Oriente (desde Afganistán hasta Irak) y patrocinó el manual guerrero de 1996 entre EU e Israel: Ruptura limpia: una estrategia para garantizar al reino (en alusión paleobíblica a la entidad sionista), cuyo coautor es el premier Bibi Netanyahu, del partido fundamentalista Likud.

El magnicidio aniquiló los Acuerdos de Oslo (prolongación secreta de la conferencia de Madrid de 1991).

Hoy, 16 años después del lamentable magnicidio, la dupla ultrafundamentalista del sionismo jázaro Netanyahu-Lieberman sigue embarcada en el proyecto fracasado del Grupo PNAC gracias al apoyo irrestricto del omnipotente “lobby sionista AIPAC” en EU.

Obama no pudo despojarse de los grilletes del bushismo islamófobo y su santa alianza con el ultrafundamentalismo sionista jázaro que erosionan la de por sí dañada credibilidad de EU en los mundos árabe e islámico (más de 20 por ciento de la población global y tercera potencia geoeconómica del planeta detrás de China) cuando los principales dirigentes del Pentágono han fustigado la ingratitud de Israel y Netanyahu (ver Bajo la Lupa, 14 y 18/9/11).

Más allá de la identidad del ocupante de la Casa Blanca, EU hoy llegó al histórico momento de la verdad cuando debe definir su postura ante el reclamo legal palestino en la ONU para obtener su independencia y la ley del retorno de sus refugiados expulsados por Israel.

Dejando de lado los estériles discursos de Obama en Ankara y El Cairo para reconciliarse con el mundo islámico –ultrajado desinformativamente por el choque de las civilizaciones de Huntington, el bushismo bélico aliado al neoconservadurismo straussiano, y el montaje hollywoodense del polémico 11/9–, ¿con qué cara podrá vetar en el Consejo de Seguridad (CS) el inevitable advenimiento del Estado palestino independiente cuando hace exactamente un año la cuarta parte de su retórica –cada vez mas eviscerada de contenido y congruencia, ya no se diga de coherencia– ante la misma Asamblea General (AG) fue dedicada a la justa resolución del contencioso israelí-palestino, donde brilló intensamente una indeleble frase que lo atormentará hasta el final de sus días?

La frase: Cuando regresemos aquí (sic) el año entrante (sic), podremos tener un acuerdo que llevará a un nuevo miembro (sic) de la ONU, un Estado independiente y soberano de Palestina, viviendo en paz con Israel. El problema es que el Israel de la dupla ultrafundamentalista Netanyahu-Lieberman del sionismo jázaro no desea convivir en paz con nadie: ni con los palestinos ni con los vecinos árabes ni con los no-árabes (Turquía e Irán).

Creo que en ese momento Obama fue sincero, pero en el lapso de un año fue secuestrado por el sionismo financierista de Wall Street (al que rescató fútilmente sin ninguna gratitud a cambio para la gran nación estadunidense hoy indignada, depauperizada y al borde de la recesión) y ahora tiene la espada de Damocles de las elecciones donde el financiamiento del “lobby sionista AIPAC” es crucial para su aspiración releccionista –sin contar su alianza con Rahm Emanuel, su anterior jefe de gabinete, hoy alcalde de Chicago y cuyo padre, el pediatra Benjamin, es un sionista inveterado.

El “lobby sionista AIPAC” le acaba de jalar las orejas a Obama con el repudio a su candidato demócrata humillado en Nueva York (la mayor ciudad sionista del mundo). ¡No perdonan una!

La aplastante mayoría de la verdadera comunidad internacional (126 países, incluidos los BRIC) se ha pronunciado por el Estado palestino.

Mientras la postura de la apabullante mayoría de Latinoamérica, encabezada por el gigante brasileño, es entusiasta al Estado palestino –con la decepcionante excepción del itamita México neoliberal secuestrado desde el zedillista Joseph-Marie Cordoba por el financierismo del sionismo jázaro, lo cual se ha acentuado con Calderón–, China Daily (17/9/11), rotativo de la mayor población mundial, expone que si “EU escoge huir ante la cara de la opinión pública y bloquea la solicitud palestina […], no solamente Israel estará más aislado, sino que las tensiones en la región aumentarán. La mayoría de la comunidad internacional juzga un Estado independiente como un derecho inalienable de los palestinos”.

Anna Fifield expone que Obama está atormentado por el asunto palestino y debe estar perfectamente consciente de qué tan hipócrita (sic) se verá cuando expresa su apoyo a las transiciones democráticas en todo Medio Oriente y al mismo tiempo hunde las aspiraciones palestinas para su reconocimiento (Financial Times, 18/9/11).

Fifield considera que las dos opciones de los palestinos –el voto en el CS, donde descolgará un veto perentorio de EU, o el voto en la AG, donde obtendría el estatuto de observador sin derecho a voto, como el Vaticano– son ambas malas opciones para Obama, lo cual disminuirá más la presencia de EU en Medio Oriente.

Un veto de EU en el CS y/o un voto negativo en la AG le infligirá un enorme daño a su política exterior en todo el mundo.

¿Habrán sopesado en Washington los inherentes daños y perjuicios?

¡La intifada legal palestina está en el corazón de las revoluciones árabes!

La Jornada

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