Pérez Molina, su amarga victoria.

Carlos Figueroa Ibarra.

Hay derrotas que saben a miel y victorias que saben a hiel.

Derrota dulce la de Manuel Baldizón quien hace unos meses tenía un 8% de las preferencias electorales y ahora pasa a la segunda vuelta con poco más del 23% de los votos. Derrota dulcísima la de la coalición UNE-GANA, la cual se quedó a última hora sin candidata presidencial, pero ahora regresa con 47 de los 158 diputados y  a poca distancia de los 54 obtenidos por el Patriota de Pérez Molina. Desde la derecha, derrota amarga las de los partidos FRG, PAN, ADN, CASA, Unionista, los cuales  desaparecen o están a punto de desaparecer. Derrota agridulce, pese a su 16% de los votos, la de Eduardo Suger, a quien el reloj biológico se le está acabando y no le quedará más que proyectar a un delfín que podría ser el mismo Roberto González. Derrota dulce, la de la UCN de Mario Estrada quien con su 8% de los votos en la presidencial, logró meter 15 diputados. Desde la izquierda, es derrota amarga la de la coalición URNG-WINAQ-ANN porque obtuvo solamente 2 diputados y cuatro alcaldías y desaparece del mapa político electoral. Terrible tormento de Sísifo tendrá que pasar la izquierda en los próximos años. Pero  la izquierda merece  para mí comentario aparte y lo haré la próxima semana.

Pero hay una victoria que es bastante amarga. Es la del general Otto Pérez Molina. Mi hipótesis de la amargura parte de la base de que el PP se creyó las encuestas mentirosas que  fueron propagadas en los meses anteriores a las elecciones. Todavía dos días antes del domingo electoral, un análisis del periódico español El País hablaba del 20% de diferencia que Pérez Molina tenía sobre Baldizón. Un influyente diario aseguró  en base a sus encuestas que Pérez Molina contaba con un 44% de las preferencias electorales y otro más en la encuesta que publicó le daba  a Pérez Molina casi el 49% de los votos.  Como bien lo ha destacado un analista que firma con el seudónimo de Hunapú e Ixbalamqué,  este porcentaje unido al 10% del voto nulo o en blanco, hubiera hecho ganar al general  en la primera vuelta con el 53% de los sufragios. Algún análisis publicado en esta página editorial, especulaba con el hecho de que siendo eliminada la candidatura de Sandra Torres probablemente  una parte de su votación migraría hacia el Patriota y Pérez Molina podría ganar en  la primera vuelta hasta con un 60% de los sufragios. Por todo ello puede decirse que si la victoria de  Otto Pérez Molina sabe a hiel, el desprestigio de las encuestadoras es aun más amargo. Las empresas encuestadoras son en su mayoría mercenarias manipuladoras de la opinión pública. No cabe duda que buena parte de estos sondeos fueron hechos con el propósito de ir creando una percepción favorable hacia el candidato del Patriota y con ello crear un efecto favorable en el momento de emitir el sufragio. Probablemente lo hayan logrado, un querido pariente me dijo  en las vísperas electorales que iba a votar por Pérez Molina porque era segura su victoria.

En lugar de estas cuentas alegres, el domingo 11 de septiembre arrojó resultados que no eran esperados por muchos. Pérez Molina ganó pero solamente con un 36% de los votos. Victoria amplia sobre Baldizón si se le compara con la diferencia que hace 4 años le sacó Álvaro Colom: 5%. Por ello cabe pensar que la victoria amarga se traducirá en una nueva victoria  de Pérez Molina en noviembre.  Pero como se ha dicho ya, Baldizón tiene dos años de estar haciendo campaña y Pérez Molina tiene aproximadamente 8. Además el gobierno de Pérez Molina  no contará con una holgada mayoría en el congreso y la UNE sola o en coalición con la GANA suma 126  municipalidades, 6 más que el PP. No fue contundente la victoria de Pérez Molina en el área metropolitana y su candidato a la alcaldía capitalina fue superado por el de CREO. Seguramente el triunfalismo que hizo  que la candidata a vicepresidenta fuera Roxana Baldetti,  tendrá que ceder a una negociación con otros partidos para ganar la segunda vuelta y eso probablemente se refleje en la composición  del gabinete.

Con Pérez Molina no necesariamente regresará el ejército al gobierno. Pero sí ingresará a los distintos niveles del poder ejecutivo de manera formal e informal,  un grupo de militares retirados involucrados  en la guerra sucia que se observó en Guatemala durante muchos años. Además de las dificultades internas que afrontará el eventual gobierno de Pérez Molina derivada de sus grandes promesas, el posible gobierno del PP tendrá que arrostrar la imagen de genocida que en el exterior tiene el hoy candidato ganador.

No cabe duda, la victoria de Pérez Molina no sabe a miel.

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