Sin Lideres Democráticos, No Hay Democracia

Mariano portillo
mantonoportillo@hotmail.com

«La democracia es el “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, -como la define Abraham Lincoln en su histórico discurso-. Esta no es la caracterización de la democracia para el país; sino, el “gobierno de la élite, por la élite y para la élite”.

¿Qué desarrollo tendría el país, de seguir así? Solo se marcaría aún más, las diferencias sociales.» M. Portillo. Artículo: Entre El Líder Y El Sistema.
No es extraño, que nuestros deseos se centren en tener fama, dinero y poder.  Hay una necesidad rara de sentirse importante, al grado que nos sintamos; jefes, jefecitos, jefazos, jefesotes, y en última instancia, “jefes de uno mismo”. Siempre creemos tener la verdad y la razón, vemos a los demás como súbditos. La mayoría quieren  mandar y ser obedecido, (saludo uno, saludo dos).  Todo esto explica de alguna forma nuestra cultura autoritaria.

El planeta  ha aceptado la democracia como modelo de vida terrenal,  contrario a la autocracia, modelo que se niega a desaparecer por sí sola, por el arraigo de sus costumbres y hábitos que definen nuestro carácter  subdesarrollado.
La democracia demanda de la participación activa y dominante de líderes democráticos: desde  la casa, escuela,  trabajo, organización social y en especial en los partidos políticos y gobierno.  Sin líderes democráticos, no se perfecciona la democracia.
El querer ser líder democrático no es suficiente, es necesario poder ser, para eso, es vital el entrenamiento tutelado. Aunque se nace con algunas habilidades, atributos y virtudes; nunca es suficiente, por eso mismo se requiere de la formación y capacitación: técnicas de negociación y de dialogo; valores y principios democráticos; planificación y oratoria entre otros.
El estado debe promocionar e incentivar el liderazgo democrático, con una mente abierta a los cambios mundiales y con  habilidades para anticiparse a los acontecimientos.
Liderazgo  tiene implícito: visión estratégica, y gestión gerencial. Al faltar uno de los dos, sería un liderazgo incompleto. El país debe de ser dirigidos por líderes de tiempo completo, porque debe escuchar y atender las demandas de la sociedad sin excusas. En su defecto, la interpreta e igualmente ejecutan. Nunca pierden de vista, el  bien mayoritario o bien común, como fin principal.

Un líder es seguido por confiable, por decir la verdad, por un discurso equilibrado y claro. La verdad no tiene enredos,  -se defiende sola-.  La mentira necesita esfuerzos extras y agitadores  para  defenderse, y  habilidades artísticas para aparentar.
La gente primera acepta al líder seguidamente aceptan su proyecto.  Si una sociedad no tiene líderes democráticos es como un barco sin brújula o sin norte. Es el,  el que tiene el norte y por eso es quien le da dirección a la organización.  A la falta de líder y dirección, se avanza, pero como no sabe para dónde se va,  de seguro va a llegar a cualquier lugar. Al final, tal vez el fruto resulte atractivo, esto será producto de la suerte, que pocas veces está presente. No debemos depender de ella.  El líder con un norte bien definido,  avance lento o rápido de acuerdo a las circunstancias -adversidades coyunturales-, podrá cambiar de rumbo, pero el norte hará que no se pierda y alcance el objetivo.
El líder democrático es una garantía para una sociedad, más aun,  para esta,  en la que vivimos, en donde prevalece la desesperanza.
El líder debe ser capaz y eficiente para captar las demandas de la sociedad, por el uso de técnicas y procedimientos confiables, que recolecte el verdadero sentimiento de la gente. Después de obtenida las demandas, viene la tarea de planificar, haciendo las evaluaciones políticas, técnicas y financieras, que demostraran su viabilidad.
La poca practica de la democracia, se debe entre otras, a que los lideres -si se le quiere llamar así-, tiene poca o nada  formación política y en especial poca practica de los principios democráticos, base del ejercicio diario que hace que esta se convierta en un modelo de vida.
«El problema del país radica en la realización de la democracia y como consecuencia de ello, la dormancia del desarrollo integral y sostenible.
… el desarrollo es posible, si se practica la democracia. Pero también es cierto, que la democracia no fructifica en la pobreza.

(…) Los hombres y las mujeres íntegros que creen en la democracia, son en los que la sociedad debiera delegar la dirección del desarrollo.» M. Portillo. Artículo: “Entre Los Lideres Y El Sistema”.

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