Elecciones y reforma política

Por Álvaro Velásquez –

Desde el punto de vista de un crítico del sistema, estas elecciones han sido de lo más extraordinarias tanto que terminaron siendo ordinarias, irrelevantes. Los síntomas que deberían conducir a un debate sobre la reforma política del sistema son:

1. Discursos conservadores a granel, que por un lado evidencian la alianza –o subordinación- entre la política y los grupos de poder económico y la alianza –o subordinación- entre la política y la religión. Esas alianzas no son nuevas y siempre estarán presente, pero ahora mostraron una vitalidad que asusta. Incluso una nueva alianza se asoma: entre la política y la prensa, que espero no se consolide, porque la subordinación en este plano es igual o peor de peligrosa. Se trata todavía de una alianza de negocios, a veces de simpatías, pero rápidamente las fronteras entre la prensa y la política partidaria pueden ser borrosas.

Estas cuestiones, también nos hablan de la forma de control social que predomina en esta sociedad. El que paga manda. Y ello homogeniza los temas: estos fueron; lucha contra la corrupción; los valores de gente decente; el machismo de la mano dura; cambio (de colores), y los pantalones bien puestos.

Ni siquiera la candidata de la izquierda Rigoberta Menchú, supo despegarse del libreto establecido. De modo que el voto progresista y transformador sigue disperso. Unificarlo depende de un programa atractivo y creíble, de fuerzas políticas consolidadas y renovadas, así como del eventual surgimiento (tal como advirtiera Edelberto Torres-Rivas en su más reciente conferencia) de una generación de jóvenes críticos, con solvencia moral, competencia intelectual y convicciones políticas, por la democracia plena.

2. Un Tribunal Supremo Electoral (TSE) ambiguo, o inconsistente. Cuestionado, tanto por haber querido reaccionar ante la campaña adelantada de la oposición política, ni siquiera con una postura moral sino justificándose en la falta de dureza de la ley. Una campaña que al final habría alcanzado el Q1.5 mil millones de gastos privados, con la mayor desfachatez del mundo.

Asimismo, fue evidente que el TSE fue muy duro con quien quiso serlo y suave con quien quiso. En todo momento disfrazó su imparcialidad, pero su ambigüedad se mostró en los casos Sandra Torres (convertido en tribunal a priori); Harold Caballeros (cuya cuestión de fondo no fue resuelta, en parte porque el TSE se negó a recurrir ante la CSJ) y también con el Frente Amplio, siendo discriminatorio. Coló los mosquitos y dejaron pasar los camellos. Lástima grande que una mujer como Rosalina Tuyuc, luchadora social de verdad, no haya sido candidata, entre otros, por arbitrariedades del TSE.

En fin que este TSE ha sido el más débil con la institucionalidad electoral de lo que han sido los anteriores magistraturas. Hay que blindar al TSE de las presiones políticas.

3. A raíz de todo lo anterior, se ha llegado a un aparente consenso de que el sistema necesita cambios urgentes: una reforma política. El problema es quién la impulsa y hacia dónde. La industria de campañas electorales ciertamente tiene varios gananciosos, desde medios de comunicación masivos, pasando por los dueños de los partidos-empresa hasta la gente desempleada de barrios pobres. Pero el sistema se corrompe con lo que luego hay devolver a los financistas y se degrada con la expulsión del pluralismo y se retuerce con la aparición de candidatos prefabricados. Una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) es necesaria, la oxigenación del sistema lo exige.

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