¿Democracia?

Por Crosby Girón – Guatemala, 13 de septiembre de 2011

Lo más triste que le puede pasar a un pueblo de cualquier lugar del mundo es ya no poder decidir sobre sus propios asuntos. Y cuando digo pueblo hablo del sótano que describió Edelberto Torres-Rivas. Y cuando digo decidir me refiero al diseño de las políticas públicas.

Aunque ya se empiezan a ver algunos análisis de “correlación de fuerzas”, el debate sobre lo que acaba de ocurrir en este teatro democrático no se ha agotado. En realidad parece que a nadie le interesa y pronto ya se hablará del “próximo gobierno”, cuando a todas luces eso es una simple y llana fantasía. Ahora sí, nos duela a quien le duela.

Durante cuatro años el sistema de consejos de desarrollo sencillamente se abandonó a su suerte. En la capital ni se sabe con qué se come. Y aunque durante el gobierno de Oscar Berger se le inyectó una millonada de Euros a los temas de participación ciudadana y sociedad civil, todo se redujo a jugosos contratos, pago de rimbombantes foros, congresos y demás algarabía. Miles de Euros para reimprimir leyes y manuales que apenas se leen y mucho menos se aplican. Pozo infinito de frustraciones.

El sistema de consejos de desarrollo tiene a los gobiernos municipales como primer obstáculo. Y ni se hable del nivel departamental, donde los señores parlamentarios han metido sus manos hasta el fondo desvirtuando grandes potenciales de real participación ciudadana. Que alguien me demuestre lo contrario. Y no estoy hablando de ejecuciones presupuestarias y planes y demás cuentos góticos.
Este fin de semana hemos presenciado el culmen de un teatro que se ha venido montando cada cuatro años como una feliz navidad con árbol pero sin cena. Como una triste feria en las que cada quien toma sus disfraces, hace su papel, recibe sus aplausos y se va a casa. O se queda en el escenario cuatro años a cualquier precio, incluso el escarnio público.

Luces, cámara, ¡acción!. Los costos de producción son elevadísimos, pero no importa cuando el negocio es redondo. Además, alimentan un gran estrato laboral, simultáneamente feliz y apaleado. La nata de los pisos tres y cuatro de los que habló Torres-Rivas.

Pero como a los dueños del teatro no les ha gustado la real participación ciudadana (¿qué es eso?). Hoy otros actores se han sumado a la fiesta sin invitación. Es más, ahora hay otros teatros, otras fiestas, otras formas de forzar la participación de la sociedad en ciertas actividades a fuer de hambre, el enorme fruto maduro del árbol llamado Estado guatemalteco.

El Título I Capítulo Único de la Constitución Política de la República de Guatemala es un poema:

Protección de la persona.

El Estado de Guatemala se organiza
para defender a la persona y a la familia;
Su fin supremo es la realización del bien común.

Deberes del Estado.

Es deber del Estado
garantizarle a los habitantes de la República
La vida,
La libertad,
La justicia,
La seguridad,
La paz y
El desarrollo integral
de la persona.

Pero tristemente es el vacío poema odiado de los engañados. De los traicionados. De los abandonados. Es el núbil poema de la crueldad hecha tortura y persecución bajo un manto de insondable impunidad negra que lleva ya medio siglo.

“Solo se debe estar alerta. Solo se debe estar organizado. Solo se debe ser feliz y aguerrido. Ya hemos visto que se puede echar luz sobre esa cueva maloliente que se llama impunidad. Ya sabemos que encontraremos tanto sufrimiento negado. Aún así, quizá algunos deban pensar y proponerse que en esta tierra Cristo no se vea reducido solo a ser el estandarte de tantos asesinos.”

Yo estoy convencido de que unidos estaremos firmes. Divididos caeremos.

www.albedrio.org

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