Otra forma de ver la deuda y Estado

Por Álvaro Velásquez –

El reportaje “Deudocracia a la chapina” (El Periódico 4/9/2011); brindó una imagen para describir el problema de la deuda y la crisis de las finanzas públicas en Guatemala. El de una familia, donde “Don Estado” es el jefe de hogar y es un alcohólico crónico. Se sobreentiende que “don Estado” es sólo el sector público y no el conjunto de ciudadanos y estratos sociales de este país. Vale la pena aclararlo, porque el conjunto de bienes públicos son generales y de uso común, y aunque hay un sector de la población que se hace el loco, juntos integran el Estado.

Pero siguiendo con la misma figura. Resulta que para los economistas neoliberales, friedmanianos y “austriacos” citados allí, en los últimos 4 años “don Estado” “agarró furia”, develado en sus gastos excesivos. Estos coinciden entre sí, en la idea de que el sector público tiene que lograr el “déficit cero” o balance fiscal, con lo cual reforzarían el carácter restrictivo o mejor dicho el “amarre de manos” del mismo. Para ellos, cubrir los gastos con deuda es como abusar de la tarja de crédito.

Y aunque el ministro de Finanzas, explicó allí que “don Estado” tienen que pedir prestado para cubrir gasto corriente, porque no le alcanza y que los economistas neoliberales no deberían considerar los salarios de educación y salud como gasto, sino como inversión social, aun así, la figura del marido alcohólico fortalece la demonización de lo público. El problema, como se sabe, no es la deuda, es otro (tal como ICEFI quiso mostrarlo): la falta de financiamiento del desarrollo. A ver:

El Estado es la familia completa. Donde el sector público es “doña María Velásquez Xiloj” la jefa de casa y el marido es “don Pedro de Alvarado y Abolengo”, el marido proveedor, “don productivo”. Sin embargo el comportamiento de éste señor es el de un marido abusivo, machista, mantenido, que retiene el 80% de los ingresos familiares y aporta apenas el 10.5% a su mujer, manteniendo las contabilidades separadas para no dar más. El resto se lo gasta en placeres: licor, sexo, drogas y lujos. Los hijos de ambos, que aunque también contribuyen al hogar –los ciudadanos- también reportan problemas de desnutrición crónica y baja calidad de vida. La mujer, como no le alcanza, se ve obligada, ni siquiera a usar una tarjeta de crédito, pues no la tiene, porque se la prohibieron constitucionalmente, más bien se ve obligada a pedir fiado con el prestamista de la esquina (ese trabaja también para su marido, se llama sistema bancario nacional y le cobra altos intereses) y también con los prestamistas extranjeros.

Ese marido irresponsable, también ha hipotecado los recursos familiares a inversionistas extranjeros que le pagan una nadería por lo suyo, pero que le sirve para lucir con sombrero ajeno. Confía en que sus hijos se emplean barato con cualquiera y si estos no sobresalen es porque “son huevones”. Por eso se niega a darle más a su esposa, a la cual acusa de corrupta, mal gastona y en los últimos cuatro años le hace violencia verbal señalándola de “infiel y adúltera con Chávez”. Así que lo que doña María tiene que hacer para ser feliz y que le alcance el gasto –tal como sostiene la Cámara del Agro en su campo pagado del domingo- es: 1) crecer más, es decir, que si la mujer tiene un solo trabajo, pues que se busque dos, que si solo lava, que también planche y tortee. 2) que gaste menos, que eso de programas sociales (dar leche a sus hijos) es de tontos y 3) que además pague el fiado con lo que ya tiene. ¿No es así?

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