Tres momentos; tres puntos cardinales del Valle de la Ermita y del alma

Por Gustavo Adolfo Abril Peláez

Noche, amanecer y lluvia; tres rostros diferentes de una vida en el  Valle de la Ermita, dibujados en letras que capturan lo sublime, extrayéndolo de la simpleza de su monotonía y del flujo de su cotidianidad.

ES OTRO CIELO (noche)

Desde éste lugar, en la terraza de la casa de mi madre, en el viejo barrio, veo el cielo nocturno como solía hacerlo hace tantos años; también veo hacia la calle donde jugaba cuando era pequeño, y veo que las luces en las ventanas vecinas ya no se apagan tan temprano como se apagaban antaño. Las casas han crecido, las aceras parecen más estrechas que antes, y las imágenes de otros tiempos que han quedado en mi memoria, se han hecho cada día más pequeñas. Todavía recuerdo los pinos gemelos, erguidos tan rectos al final de la avenida, y recuerdo haber llorado el día que los derribaron porque no había más remedio. Recuerdo a Bianca con ese aire afrancesado; la recuerdo, bella y espigada, y recuerdo los besos que nos dimos bajo aquel farol, cuando nadie nos miraba, pero su rostro se ha borrado y, en mi memoria, sus labios se volvieron fríos e insípidos después de tantos años.

Recuerdo a mis compinches de adolescencia, Sergio y Fernando, y recuerdo casi todas las cabronadas que hicimos, pero no recuerdo el sentimiento que nos mantuvo unidos en las buenas y en las malas. Recuerdo a los pregoneros: al vendedor de periódicos, al afilador de cuchillos, al zapatero ambulante, y al que compraba papel y botellas vacías para venderlos no sé dónde diablos; con los años, todos ellos fueron quedando en el olvido, como quedaron en el olvido las voces de tanto muerto: don Víctor, doña Carmen, don Calín, la Paty, don Meme, doña Tencha y hasta mi propio padre.

Y recuerdo que la luna no era tan pálida, que las nubes no tenían esos colores raros… Que había más estrellas, y que las pocas que quedan brillaban mucho más que ahora.

Y me recuerdo Yo, hace treinta años, en este mismo rincón, escuchando la misma música, viendo hacia el mismo cielo; y aquí estoy de nuevo, soñando los mismos sueños, queriendo las mismas cosas, esperando que la vida sonría… Agradeciendo con toda mi alma que los tiempos aciagos hayan pasado luego.

DESPERTANDO (amanecer)

Sombras fugitivas escurridas sobre las aceras, huyendo… Escondiéndose tras rostros de mampostería que, con sus ojos de cristal pulido, esperan a que llegue el día. El sol hiriendo la bruma, quemándola, desvaneciéndola junto a los negros y los grises que se vuelven verdes, rojos, azules… Amarillos. Ahogándola entre trinos y murmullos, silbidos y ronroneos: pájaros que cantan, motores que despiertan, gente que lleva prisa… Barullo de ciudad posmoderna.

Amanece en el Valle de la Ermita; mis sueños de anoche se han escurrido por la coladera entre pompas de jabón y espuma. Bastará un suspiro, tres sorbos de café, media hora en auto y un par de cigarrillos para quedar conectado a mi otra vida… A la locura del día a día.

TALVEZ VUELVA A LLOVER MAÑANA (lluvia)

De nuevo ha llovido en el Valle de la Ermita; los cielos grises con su llanto frío trajeron a mi alma esa melancolía de belleza incomprendida. El sonido de su viejo canto sobre los tejados, así como la magia de su danza y el olor de sus amores con la tierra, llevaron mi pensamiento a confines donde nunca quiso estar y siempre estuvo. Ésta vez la lluvia no logró arrancarme el alma, tampoco me ha vencido con su tristeza arrolladora pues, en su sonido, he llegado a encontrar un canto alegre, y en las gotas que suelen estrellarse en mi corazón para deslizarse en forma de tristezas, he encontrado una extraña alegría que alimenta mi ser llenándolo de una paz profunda.

La lluvia se ha detenido; el sol ha secado las calles y sus rayos se proyectan llenos de esperanza, atravesando un cielo que se muestra diáfano.

Hoy todo los colores brillan…Talvez vuelva a llover mañana.

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