Pérez Molina y el genocidio en Guatemala

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América

Desde Puebla, México

En un medio electrónico, www.plazapublica.com.gt, he tenido oportunidad de leer recientemente una reveladora entrevista al general Otto Pérez Molina, actualmente el candidato a quien casi todos dan por ganador en las elecciones del 11 de septiembre de este año. La entrevista lleva por título una provocación en la cual caigo: “Quiero que alguien me demuestre que hubo genocidio”.

Dice el general Pérez Molina: “Creo que el tema de violaciones a los derechos humanos hay que investigarlo y seguirlo investigando; aquí no vamos a esconder a nadie. Ahora cuando hablan de genocidio, yo quiero saber quién dijo que en Guatemala hubo genocidio”. A respuesta del entrevistador de que quien hace tal calificativo es la ONU, Pérez Molina contraataca ensayando una definición de genocidio:

“Exterminio de una población por razones de etnia o una religión. Eso no sucedió. Eso no sucedió, de verdad. Aquí lo que sucedió fue porque había gentes que estaban involucradas dentro de las acciones y dentro del campo de batalla. Pero aquí no se fue a decir “todos los kakchiqueles o los kichés o los ixiles van a ser exterminados”. O “usted como es ixil va a ser exterminado”. Eso no pasó. Y se lo puedo demostrar. Yo quisiera que me demuestre, así como yo puedo demostrarle que no sucedió, que nos demuestren por qué dicen que hubo genocidio. Yo personalmente no lo voy a aceptar porque yo sí estuve en el enfrentamiento armado interno. Y jamás hubo una orden en esa dirección y si la hubiera recibido jamás la hubiera cumplido. Que me dijeran que a los ixiles de tal lugar hay que matarlos. No lo hubiera cumplido la mayoría de oficiales”.

Lo que hace el general Pérez Molina es manipular la definición de genocidio de la ONU que es universal y jurídicamente aceptada. Tal manipulación es evidente por que la definición mencionada nos dice que genocidio es toda acción violenta hecha desde el poder destinada a hacer desaparecer a grupos nacionales, étnicos o religiosos. Pérez Molina omite en su definición a “los grupos nacionales” y también omite que el genocidio no solamente implica acciones violentas sino crear condiciones para su desaparición tales como el secuestro de niños de tales grupos nacionales, étnicos y religiosos además de crear condiciones de vida tan inhumanas que tienen como resultado la desaparición total o parcial de tales grupos. Además la manipulación de la definición de la ONU por parte del candidato se hace evidente cuando nos percatamos que Pérez Molina nos dice que en Guatemala no hubo genocidio porque no hubo etnocidio.

Ciertamente el sentido del genocidio en Guatemala no fue el de la limpieza étnica como el que se observó en la moribunda Yugoeslavia en la última década del siglo XX o en esa misma época las monstruosidades que ocurrieron en Ruanda. El sentido del genocidio en Guatemala fue el dictado por la guerra fría: la aniquilación de comunistas reales o inventados. En Guatemala el genocidio fue sobre todo politicidio. Cumplió también con el necesario antecedente en todo genocidio: la creación de “otredades negativas”. Los nazis antes de proceder al genocidio crearon una otredad negativa: el judío. En Guatemala tales otredades negativas fueron el “comunista” y el “indio”. El primero pintado como apátrida y enemigo de la familia, de la propiedad y al servicio de un diabólico poder extranjero. El segundo intengrante de una raza inferior, estúpida, perezosa, hipócrita y traicionera.

Ciertamente el genocidio en Guatemala no tuvo un sentido etnocida. Pero a esto hay que hacer dos precisiones sustanciales. En primer lugar la inmensa mayoría de los asesinados y desaparecidos por los genocidas guatemaltecos fueron personas que pertenecían a las distintas etnias mayas del país. En segundo lugar, además de la paranoia anticomunista, fue necesario un feroz racismo para poder efectuar la matanza de gran escala que implica casi siempre el genocidio.

Con su alegato en la referida entrevista, Pérez Molina revela que su mentalidad es muy parecida a la de los integrantes de AVEMILGUA [Asociación de Veteranos Militares de Guatemala]. Independientemente de que las relaciones del general candidato con dicha agrupación sean buenas o malas, es similar su planteamiento con respecto a la verdad histórica de lo sucedido en la segunda mitad del siglo XX. Este planteamiento implica pretender tapar el sol con un dedo. Y con ello mantener la impunidad de todos aquellos militares que estuvieron implicados en las atrocidades innombrables.

No se necesita mucha inteligencia para saber los motivos de Pérez Molina en su alegato. Lo que resulta preocupante es que esta visión puede llegar a ser política gubernamental a partir de enero de 2012.

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