Pérez Molina, Memoria, Verdad y Justicia.

Carlos Figueroa Ibarra.

El artículo que escribí  sobre  el general Otto Pérez Molina publicado en mi columna del 25 de agosto del año en curso recibió muchos comentarios de parte de los lectores. Los agradezco todos, aun aquellos que usaron  virulentos epítetos para referirse al autor. Justo es decir que los comentarios fueron divididos, una mitad a favor y la otra en contra. Me llamó la atención que algunos de ellos calificaran las imputaciones contra el general Pérez Molina como simples chismes o habladurías. En realidad los indicios de  la eventual implicación del candidato presidencial en el genocidio que se observó en Guatemala en la década de los ochenta del siglo pasado, van más allá de meras murmuraciones.

Investigaciones  y testimonios  indican algo más que murmuraciones. Por ejemplo, la investigación de ocho años que llevó a cabo Francisco Goldman   culminada en su libro “El arte del asesinato político”. Allí se consigna el testimonio de Rubén Chanax, informante del ejército,  quien afirma que la noche del asesinato de Monseñor Gerardi  -el 26 de abril de 1998- el ahora candidato presidencial  se reunió  en una pequeña tienda ubicada a una cuadra de la iglesia de San Sebastián con el ex jefe de la inteligencia militar coronel Byron Disrael Lima Estrada y con el jefe de la Guardia Presidencial coronel Fernando Reyes Palencia. La referida iglesia tiene  adjunta   la casa parroquial en la que  vivía y fue asesinado Monseñor Gerardi. Además de  las investigaciones realizadas por Jennifer Harbury, la estadounidense que fue esposa del comandante guerrillero Efraín Bámaca, el destacado periodista Eduardo Villatoro publicó  en su columna de La Hora (12 de mayo de 2007) fragmentos del testimonio del teniente coronel retirado Ottoniel Fajardo Miranda. Entre otras cosas, Fajardo Miranda dijo que había claves  para transmitir las ordenes de ejecuciones extrajudiciales de guerrilleros o civiles capturados: “El significado de cada uno de estos mensajes era que había que ejecutar al prisionero y no dejar rastros de él. Ese fue el caso del guerrillero Efraín Bámaca Velázquez, alias ‘Comandante Everardo’, eliminado por Otto Pérez Molina cuando fue director de inteligencia del Estado mayor de la Defensa”. Ignoro si hubo respuesta del aludido o retractación de quien hizo el señalamiento.

He tenido  la oportunidad de ver en youtube el documental hecho por Michael Whalforss y en el cual participan Allan Nairn y Jean Marie Simmon. Dicho documental  lleva por nombre “Titular de hoy: Guatemala” y puede ser visto por cualquiera  en http://www.youtube.com/watch?v=uIa-dUHFTJo. En el  film realizado entre agosto y septiembre de 1982, aparece el joven de 32 años, mayor Otto Pérez Molina. Con una apariencia distinta (boina, pelo largo y barba) a la que  suele tener un oficial del ejército, el perfil aguileño del ahora candidato es inconfundible. El mayor habla de la necesidad de “quitarle el agua al pez”, lo cual  se suele hacer mediante el convencimiento o mediante  el terror. En Guatemala se hizo fundamentalmente a través de las masacres y la tierra arrasada. Según el recuento incompleto que hice para mi libro “El recurso del miedo. Estado y terror en Guatemala”, en 1982 cuando el mayor Pérez Molina se encontraba  en la región Ixil y en el destacamento militar de Nebaj, se efectuaron 249 masacres de las cuales 80 (32% del total) se realizaron en El Quiché. Sería un militar notable el general Pérez Molina si fuera cierto, como ha afirmado, que su participación en toda la zona fue convencer al ejército de que  la población que huía  del ejército  en las montañas no era guerrillera. Notable, porque esta visión  fue la que en parte fundamentó la masacre de civiles  en toda  el área del conflicto interno.

En el documental aparecen otros oficiales jóvenes, entre ellos un joven coronel, Byron Disrael Lima Estrada. Fue filmado el 12 de septiembre de 1982 en el destacamento militar de Nebaj mientras planificaba el ataque a tres aldeas en las zonas aledañas. Con el asentimiento del coronel, el joven oficial que lo acompaña culpa a “los curas” de haber introducido ideas subversivas  en la población. Seis días después en el mismo destacamento fue filmado el mayor Pérez Molina. En uno de los corredores del mismo se encuentran tirados 4 cadáveres de guerrilleros. Lo que llama la atención  es que los soldados cuentan que los cuatro llegaron vivos al destacamento: “Solo los trajimos aquí para que el mayor los interrogara, pero no quisieron hablar ni por la buena ni por la mala”.

El mayor aludido era Otto Pérez Molina. Es inevitable relacionar esta macabra escena con el relato a Eduardo Villatoro del teniente coronel Ottoniel Fajardo Miranda: “Cuando una patrulla militar capturaba vivo a un insurgente recibía un mensaje clave por medio de radio… una orden que tenía el mismo significado: ‘cancélele la partida de nacimiento’, ‘Denle agua, ‘Procédalo’; ‘Déjele 73 (saludos)’… ‘Aplíquele mano dura”.

El general Pérez Molina ha dicho que no es eso lo que quiere decir con “mano dura”. Hagamos votos porque estos sea así.

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