Minería y megaproyectos,¿temas incómodos en época de elecciones?

María Eugenia Paredes

Area de Historia Local

A lo largo del período electoral, distintos sectores realizan foros públicos en los que se discuten las propuestas de los candidatos que compiten por las alcaldías, por diputaciones en el Congreso y por la presidencia. Los que mayor difusión tienen son realizados por sectores empresariales y medios de comunicación. Otros son los organizados por instituciones que trabajan por la defensa de los Derechos Humanos, a los que no se les da la misma importancia y proyección aunque aborden problemas concretos y medulares que afectan a importantes sectores de la población.

Uno de los espacios en donde esto quedó claramente demostrado, fue el foro sobre minería y petróleo realizado el martes 23 de agosto en la ciudad capital. A este fueron convocados exclusivamente los candidatos presidenciales, que según las encuestas privadas, reflejan las principales intenciones de voto. De los cinco candidatos invitados, solamente uno asistió: el presidenciable de la coalición VIVA-Encuentro por Guatemala.

Con sinceridad y soltura, Harold Caballeros demostró su postura pro-minería; explícitamente evidenció que no puede visualizar el tema más allá de sus narices, muy alineadas a las del segmento social al que pertenece. Cuando al candidato le preguntaron si estaba de acuerdo con la minería que se desarrolla en el Altiplano Occidental y en el Oriente del país para extraer oro y plata, enfáticamente respondió que sí. Pero cuando le preguntaron si estaba de acuerdo con la minería en las playas de la  Costa Sur, respondió seguro y sin dudarlo que “no”. Se le inquirió el por qué de su posición contraria en este caso, si ambas industrias son igual de contaminantes y por ende dañinas para los ecosistemas. A esta pregunta  el candidato respondió que tenía más de cerca el problema en la Costa Sur, pues “uno de sus familiares tenía relación con el turismo que viene a Guatemala por el deporte de pesca de Pez Vela”.

Parto de este ejemplo, pues pretendo evidenciar que a los foros públicos que no están organizados por cámaras empresariales u otros sectores económicos poderosos (Asociación de Gerentes de Guatemala, Cámara de Seguridad de Guatemala), los candidatos prefieren no asistir. Una explicación simplista la daría la teoría del mercadeo político, en la cual se sugiere que los candidatos no deben exponerse a confrontaciones que dañen sus mensajes clave (aquellas que prometen seguridad y empleo, o aquellas más vacías que buscan soluciones superficiales para todo problema).

Pero una lectura más profunda nos muestra que hablar de temas estructurales –cómo la tenencia de la tierra, el modelo de desarrollo que se basa en la extracción y  sobreutilización de bienes naturales, y el reconocimiento de los derechos de las poblaciones que se oponen a dichos proyectos– pondría en jaque su campaña,  pues la mayoría de los candidatos representan los intereses de estas inversiones o creen en ellas como puente al progreso. Investigaciones sobre crimen organizado[1] en Guatemala,  han documentado cómo empresas de extracción de bienes naturales apoyan las campañas de algunos presidenciables, así como de alcaldes en dónde se pretende instalar dichas industrias.

El tema de la minería y los megaproyectos debe ser abordado sin reducirlo exclusivamente al aumento de las regalías para el Estado, como lo han planteado otros candidatos en foros públicos. Se deben discutir y atender los llamados de las comunidades que ven amenazado su entorno y formas de sobrevivencia dado el fuerte impacto de dichos proyectos. Si la voluntad de los políticos fuera la de servir, intermediar y atender a la población, una acción inmediata debería pasar por la ratificación legal y el respeto a los resultados y decisiones emanadas por las consultas comunitarias, haciéndolas vinculantes. Dicha acción –aunque insuficiente, por las distintas aristas que se conjugan alrededor de los megaproyectos y la extracción de bienes naturales–  demostraría la voluntad de la clase política de hacer tangible la democracia, respetando la decisión de las comunidades respecto al modelo de desarrollo que hasta ahora les ha sido impuesto.

En el foro, el candidato de la coalición antes mencionada hacía valoraciones como que “debemos optimizar esas bendiciones naturales”, y que “estamos parados en una mina de oro”. Respuestas como estas y la actitud de los otros candidatos, demuestran su limitada visión economicista en la que impera la necesidad de “subirnos al tren del progreso”, para la que importan más las millonadas que obtienen algunos empresarios que la vida, en toda su extensión.

Mientras este y otros temas sean discutidos superficialmente, mientras los candidatos no se den a la tarea de conocer y plasmar soluciones a los problemas profundos y estructurales de Guatemala, y mientras la población no manifieste su inconformidad ante la vacía propuesta electoral, pueden pasar cien elecciones más y las cosas van a seguir igual o peor.

¿Nos subimos entonces al tren del desarrollo, “optimizamos” esas “bendiciones naturales” y explotamos esa “mina de oro en la que estamos parados”, o respetamos la decisión de miles de personas que dijeron no a dicha postura? ¿Caemos en la manipulación mediática de las elecciones, o profundizamos en el análisis de las propuestas, de los candidatos y de los intereses que representan? ¿Es creíble que con elegir candidatos cada cuatro años cambiará la situación del país? ¿O mejor desafiamos el monopolio de la representatividad que se concreta en las elecciones, apoyando otras formas de poder popular y de democracia? Yo, como los miles que han votado en las consultas en contra de megaproyectos, reprocho ese modelo de desarrollo. Me opongo a la vaga propuesta política en estas elecciones y a la representatividad que me ofrecen sus candidatos. ¿Qué harán ustedes?

Guatemala, 30 de Agosto del 2011.


[1] http://www.elperiodico.com.gt/es/20110801/pais/198866/?action=results
La Opinión fue Editorial del Noticiero Maya K’at de la Federación Guatemalteca de Educación Radiofónica -FGER- con fecha 30 de agosto de 2011.  www.fger.org
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