En busca del oro negro centroamericano

Amelia Taracena Feral y Ma. Esther Montanaro ::

Oro negro. El petróleo es una substancia esencial que forma parte del vivir diario de los seres humanos del cual se producen productos como la gasolina para los automóviles, las parafinas para los envases alimenticios, la grava para el asfalto de las carreteras, los herbicidas para los cultivos, el nylon para las fibras sintéticas, etc. Son tanto sus derivados que muchas veces se nos olvida que hasta en el chicle, solución milagrosa para combatir el mal aliento, y en el papel higiénico, que bien sabemos todos para qué sirve, encontramos parte del preciado líquido negro.

Ocurrencia petrolera. Es evidente que los gobiernos centroamericanos carecen de voluntad política para impulsar proyectos de desarrollo y generadores de energías limpias, por ello, el petróleo sigue siendo un combustible imprescindible. Desde hace décadas, la extracción petrolera ha despertado la codicia de las multinacionales petroleras y de las clases políticas de la región, considerando esta actividad como un “buen negocio” y una vía alternativa para hacerse de divisas, a costa del deterioro del medio ambiente.

Por ejemplo, en Guatemala desde 1985 se procede a la extracción del petróleo en la región noroeste del departamento del Petén con el establecimiento de la compañía Basic Resources en la Laguna del Tigre, declarada zona protegida en 1989. En 2002, esta compañía fue suplantada por la petrolera francesa Perenco, que compró el permiso de extracción. Esta implantación petrolera no sólo ha perjudicado la biosfera natural, sino que también ha tejido conflictos latentes con las comunidades que se encuentran viviendo en los límites del parque nacional. Actualmente, la explotación petrolera sigue en marcha, aunque para algunas potencias económicas deseosas de hacer valer sus derechos territoriales es necesario investigar la legalidad de la renovación del contrato otorgada a Perenco, propuesta incentivada por los EEUU a través de la Secretaría de Asuntos Ambientales del Tratado de Libre Comercio (TLC).

En Costa Rica, la ciudadanía se pregunta: ¿cuál es el verdadero lugar que ocupa el cuidado del medio ambiente en la agenda nacional? Aunque Costa Rica todavía no tiene una experiencia de 26 años de explotación petrolera como su vecino guatemalteco durante el mes de julio pasado salió a la luz pública la existencia de un contrato adjudicado a finales de los 90 por parte del gobierno a la compañía estadounidense Mallon Oil, a la cual se le permitiría la exploración y explotación de petróleo y de gas natural en una extensa zona del norte del país, que incluye las llanuras de San Carlos, Sarapiquí y Pococí. En febrero de 1998, René Castro Salazar, en su calidad de titular (1994-1998) del Ministerio de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones (MINAET), y el presidente de la República de entonces, José María Figueres, firmaron el Decreto Ejecutivo 26750-Minaet, el cual regulaba los Estudios de Impacto Ambiental que debían ser realizados previo a la firma de cualquier convenio de exploración y explotación de hidrocarburos. A pesar de la falsa moratoria petrolera por tres años, decretada recientemente, el compromiso histórico del Estado costarricense con la protección del medioambiente sigue en jaque y la ciudadanía se mantiene alerta.

Tendencias lucrativas. Hagamos cuentas: en Guatemala, aparte de Perenco, a la cual le tocó, entre 2002-2009, el 95% de los US$ 660 millones generados por la explotación petrolera, los únicos beneficiarios han sido los políticos y sectores del gobierno guatemalteco, como el Ministerio de Energía y Minas (MEM), el Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF) y la Fundación para el Desarrollo (FUNDESA).[1] Ninguneando las protestas abanderadas por ecologistas, algunas ONG – como el Centro de Acción Ambiental Social (CALA) – y las universidades de San Carlos y Rafael Landívar, en 2010 el presidente Alvaro Colóm autorizó la renovación del contrato de Perenco para explotar la zona durante 15 años más. En Costa Rica, la jactanciosa proclamación de la “Paz con la Naturaleza” lanzada en julio de 2007 por el ex presidente Óscar Arias, iniciativa que surge con las preocupaciones de éste sobre la degradación del medio ambiente planetario y de la mejoría de la gestión ambiental del país, fue literalmente enajenada tras declarar, un año después, deinterés público y conveniencia nacionalla tala de 262 hectáreas de bosque en Las Crucitas de Cutris (al norte del país) para la explotación minera de la compañía canadiense Infinito Gold.

De esta manera, el discurso de los gobiernos centroamericanos presenta grandes contradicciones: por un lado, los políticos se auto-promueven como defensores legítimos del medio ambiente pero, en realidad, sus objetivos apuntan al favorecimiento de intereses económicos del país y/o individuales sobre los ecológicos y sociales de los ciudadanos. Tal grado de sumisión de los gobiernos centroamericanos hacia las grandes multinacionales, con la complicidad de la corrupción exacerbada de los políticos, resquebraja y debilita la institucionalidad de los países; privar a éstos de sus recursos naturales conlleva a comprometer la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras abarcando riesgos y consecuencias ambientales, sociales, económicos y de salud que podrían ser irreversibles.

Frente a esta última, la sociedad costarricense desde hace tres años viene dando una férrea lucha para evitar que el proyecto Crucitas se termine de concretar. Alrededor del 90% de la población dijo oponerse a éste, dato sin duda revelador. El rechazo se explica, en parte, porque Costa Rica no tiene una fuerte tradición minera, aunque también pesa la apropiación de un discurso respetuoso de las riquezas naturales, el cual a pesar de su profunda ambigüedad, ha ido calando en la conciencia colectiva de la sociedad. Si la lucha contra el proyecto Crucitas hasta ahora ha sido exitosa, por qué no echar para atrás el proyecto de la Mallon Oil y lograr que Costa Rica se declare un país libre de exploración y explotación petrolera y de gas de natural. ¿Se podría repetir la lucha? Se está repitiendo.

[1] Enfoque, “Análisis de situación. Petroleras en acción, selvas en destrucción”, Año II, No 6, 30 de abril de 2010.

Tomada de Revista  Paquidermo www.revistapaquidermo.com

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