El voto nulo, no sirve

Carlos Maldonado

En mi país, Guatemala, estamos conscientes que los flagelos que hoy vivimos sus ciudadanos son fruto de una acumulación de contradicciones del sistema capitalista a nivel global y oligárquico, a nivel local. Ese declive que viene dándose pausada y a veces, abruptamente, a partir de la conquista española, por ello histórico, tuvo sus frenos y sus aceleraciones que se han manifestado en diferentes formas a la fecha.

Dicho ciclo histórico, tuvo sus parte aguas importantes en ese devenir, especialmente, en su etapa contemporánea que es la que nos interesa recalcar, como son, por ejemplo, la Revolución Liberal de 1871 y la Revolución democrático-burguesa de 1944. Siendo éste último período, de apenas 10 años, el más emblemático por su esperanza clara de emancipación aún dentro del marco capitalista para las capas medias y clases populares de la sociedad guatemalteca. Fue dinamitado por la oligarquía estadounidense y local, por su manifiesto carácter nacionalista de llevar a Guatemala por una senda más rápida hacia el modernismo. De hecho, por temor de las oligarquías, yanqui y guatemalteca, a que este ejemplo emancipador hubiera servido también a otras naciones latinoamericanas para tomar un camino menos dependiente de la nación norteamericana y su doctrina Monroe, no corrieron el riesgo de dejarla fructificar más allá. No obstante, una lección para el pueblo de no confiar en las ayudas humanitarias del Norte y que, sin embargo, se nos olvidó prontamente.

Es necesario plantear este pequeño marco histórico para señalar la demagogia de los aspirantes a la presidencia, especialmente de los que los medios y las encuestas, ubican entre los tres primeros lugares.

Cada uno de ellos promete que va a resolver los problemas que los guatemaltecos hemos venido sufriendo durante más de 5 siglos, sin embargo, que por razones de inmediatez histórica circunscribiremos de 57 años para acá con la defenestración del gobierno del Coronel Jacobo Arbenz Guzmán quien llegó a proponer uno de los cambios estructurales más radicales que necesitaba el país en aquellos duros tiempos y que hoy, los desalojos por parte de los finqueros y transnacionales para agenciarse más tierras para sembrar cultivos de agroexportación, lo vuelven a situar en la magnitud de la importancia que hoy posee, como es la Reforma Agraria cuyo vehículo jurídico se encontraba en el Decreto 900 del Congreso de la República.

De esos aciagos días de contrarrevolución se derivó la guerra que la oligarquía, por supuesto apañada y apoyada siempre por el gobierno de Estados Unidos a través de sus tristemente célebres embajadores y asesores militares, llevó a cabo contra el pueblo guatemalteco, ensañándose fundamentalmente contra los más pobres y vulnerables. Y, que quizá no con la misma intensidad la sigue haciendo a la fecha. Por ello critico seriamente a los alabadores del exembajador, Stephen McFarland, quien representó los intereses de un país que nunca nos ha ayudado como nación sino todo lo contrario. Siguiendo con el hilo del argumento, dicha guerra que cobró solamente en los últimos 36 años anteriores a la firma de la paz en 1996, la espeluznante cantidad de más de 200,000 personas asesinadas, sin contar los desaparecidos, los exilados, los torturados, los huérfanos, las viudas y viudos y los viejos que hoy quedaron solos cuando sus familias fueron eliminadas, nos dejó no solo esquilmados productivamente sino fraccionados políticamente y quebrados en el tejido social. Con temor, conformismo y una zaga de violencia.

Por todo ello, aún con panorama tan negativo, estas elecciones, que podrían representar a tenor del pensar de muchos, más de lo mismo por tener similares características de las contiendas políticas anteriores, por lo menos las que arrancaron con la “era democrática” de 1986 para acá, y que responden a la democracia burguesa dentro de una moldura capitalista, hoy agudizada por su variante teórica neoliberal, tienen una significación importante para el pueblo. No solo porque el próximo gobernante, como lo indican las encuestas, tendrá  una visión bajo esa premisa, por ello, fundamental para la mayoría establecer de antemano cuales serán las armas con las cuales enfrentarse a sus decisiones de Estado, sino porque, siendo nuestro país una democracia tutelada por Estados Unidos, constituir y/o fortalecer las organizaciones populares que puedan resistir las consecuencias de esas decisiones. Por ejemplo, contra los megaproyectos hídricos, mineros, de infraestructura vial, donde el país pone territorios de los cuales sus poblaciones pobres, campesinas la mayor parte del tiempo, son desalojadas y violentadas, pero donde las ganancias de dichos proyectos se reparten entre la oligarquía local y las transnacionales.

Por todo ello, dentro de ese marco histórico, el voto nulo puede ser loable como una vez lo fue en otros ámbitos y otros tiempos donde representaba la insatisfacción e, incluso, el agotamiento de políticas de Estado que perjudicaban a una mayoría y que con ello auguraban a las clases dominantes sobre su incontenible rebalse y consecuentemente, sobre la revolución inminente. Sin embargo, en las actuales circunstancias de Guatemala donde no se vislumbra una organización popular granítica de resistencia, menos revolucionaria, el voto nulo no solo será mínimo con respecto a la participación ciudadana, sino insustancial por su no contabilización para efectos de dirimir diferencias. Y, más que eso, inocuo para frenar el ala fascista de uno de los contrincantes, sin con esto, excusar a los otros punteros impuestos por el capital interno y externo a través del financiamiento a sus campañas.

En ese entendido dialéctico, nadie, especialmente la gente que se proclama de izquierda, debe repetir el estribillo que estas elecciones son más de lo mismo y, con base en ello, llamar al voto nulo, mucho menos a la abstención. Al contrario, debe llamar a una participación activa y consciente que se base en la información y en el análisis de las propuestas electorales entre las cuales, en el escenario de nuestro país, existe una de izquierda que a pesar de ser débil por sus recursos económicos que pesan mucho en nuestro medio para poder dirigir una propaganda masiva, es la aliada natural y la que conlleva en su programa social, humanista y nacional, independientemente si comulgamos o no con algunos de sus miembros y candidatos a cargos, las aspiraciones populares. Por tanto, clasistamente hablando y, dejando de lado los infructuosos berrinches, la que debiéramos apuntalar. ¿Acaso hay homogeneidad entre los miembros de una misma clase social? ¿Acaso no hubo serias divergencias en las interpretaciones de la propuesta marxista? ¿No se enfrentaron Marx, Bakunin, Lasalle, Prouhdon, Blanc? Y, eso que era una teoría basada en las observaciones de la realidad. Por supuesto, más tarde con la práctica leninista, esos sesudos análisis se convirtieron en ciencia al pasar los exámenes en el medio. Empero, hoy se sigue nutriendo con las experiencias nuevas que entre seres humanos nunca son definitivas.

En ese contexto, realmente no entiendo a algunas organizaciones que se dicen herederas del pensamiento crítico trazado por Carlos Marx y sus seguidores, cuando hacen un llamado al voto nulo argumentando que esta democracia es burguesa. Cosa que es ampliamente conocida, sin embargo, éstas, haciendo remembranzas de glorias pasadas donde el pueblo fue el protagonista de cambios revolucionarios en contextos muy diferentes, pretenden decir que el voto nulo hoy en Guatemala, nos diferenciará de los demás, desdiciendo con ello la misma dialéctica que traza que cualquier realidad que exista aunque sea muy similar con otra, jamás será igual a ella. Por ejemplo, para ubicarnos en plano nacional, la ciudad capital con respecto a una cabecera  departamental no puede ser igual, menos municipal o una aldea o un caserío. ¡Por favor! Además, en estas circunstancias actuales, el argumento del voto nulo, no solo es intrascendente sino colmado de un espíritu sectario, donde los “iluminados comunistas”, dueños de la verdad absoluta, no pueden mezclarse por su naturaleza divina o mesiánica con el resto de la gente a la cual consideran incapaz de resolver su propia vida. ¡Uff! Ni Marx con su profunda mente y una propuesta que hoy desestabiliza al capitalismo llegó a tremenda petulancia.

Guatemala, país gobernado por una oligarquía genuflexa a los yanquis, en cuestión económica, depende de las decisiones que se tracen en esa materia en el norte donde se ubica el mayor, por no decir casi el único, mercado para sus productos. Claro que existen relaciones con otros países pero no en la magnitud que con Estados Unidos. Su política en ese rubro, por ende, también depende de lo que se diga en aquél. Que sus principales problemas en este momento histórico son la emigración, el consumo y trasiego de drogas, el tráfico de armas, de ilegales, etc. Y, todos ellos, de una u otra manera están conectados a Estados Unidos. Y, todos estos problemas serán tocados por el que se siente en la poltrona presidencial y de los demás poderes del Estado a partir del 14 de enero de 2012. Entonces, no podemos ser como el avestruz y enterrar la cabeza bajo la tierra. Al contrario, la izquierda tiene que seguir denunciando, proponiendo, enseñando, trabajando, sobreviviendo dentro de un clima dominado por la oligarquía y sus adláteres. Por el momento no hay una variación sustancial pero dependerá de nuestro accionar si las cosas cambian ya sea a un ritmo lento o rápido. Y, a eso solo se llega a través del conocimiento de nuestra realidad nacional, regional y mundial.

Por eso, opino que en primera vuelta hay que votar por el Frente Amplio de Izquierda. Si no se logra pasar a segunda vuelta con esa agrupación, entonces habrá que ver las dos variantes que salgan a disputarse la presidencia. Habrá que analizar concienzudamente y decidirse a votar como queramos, incluyendo anulando el voto o absteniéndose, solo que hay que estar conscientes que una de las dos variantes saldrá vencedora, pero sobre todo, que cualquiera que ésta sea representará a la derecha y tendrá más o menos, nexos con la oligarquía o con la burguesía. Y, ese conocimiento debemos tenerlo claro. Cual de las dos presentará una variante más acorde con los intereses nacionales y proclive al diálogo y cual más entreguista y represiva. Somos gente de izquierda, no podemos dar la espalda a la realidad por muy fea que sea. Y eso, nos lleva a analizar la cantidad de votos que tendrá la única expresión de izquierda y todo lo que detrás de ello se oculta.

Piénselo, el voto, que es la única participación que tiene el pueblo; la única que le han dejado sus dominantes y verdugos; la única que la ha ganado con base a sus luchas, debe ser un arma utilizada con conciencia y seriedad.

No vote atendiendo cancioncitas, caras bonitas, vestimentas pulcras, sonrisas y demagogia. Estudie a los candidatos y sus planes de gobierno pues la decisión es colectiva y marcará la historia de nuestros próximos cuatro años. Un pueblo culto no puede ser esclavo y la educación, por minúscula que sea, entra por el análisis de por quien votar.

Colectivo “La Gotera”

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