Despiértenme cuando hayan envestido al nuevo presidente

Por Gabriel Woltke

Hay un precepto en la publicidad que te advierte sobre el peligro de sobreexponer al público ante el mismo mensaje. Se hace publicidad y marketing en dosis adecuadas o de lo contrario puede que termines por hastiarlos y en vez de amar la marca te van a odiar tanto a ti, que se te ocurrió esa idea, como al que pone su jeta en los anuncios, al que presta la voz para las presentaciones, a la canción estúpida que usas de fondo y a la promesa que les intentaste vender en vallas que estaban cada 10 cuadras, en anuncios que estaban cada 5 hojas de periódicos, en spots que aparecen en cada segmento de anuncios, en volantes que te dan cada vez que te para el semáforo y en eso jodidos pero JODIDOS, banners que aparecen en todos los videos que cargas en Youtube, en todas las páginas web que abres, en el costado del muro de tu Facebook y en cuanto espacio más quede por saturar. Ya no es de convencer, es de obligar.

Así que me cansé de la campaña electoral, esa misma que empezó el 14 de enero de 2008 y que cobró mayor fuerza a partir de mayo de este año. Creo que ya lo escuché todo y puedo decir que mejor les hubiera ido a los partidos con mi voto si no hubieran hecho campaña. Cada anuncio que veo sólo termina de recordarme por qué no debo votar por ellos. Cada anuncio que veo me hace pensar que están gastando el dinero que, si de trabajar por el país se trata, bien podrían donar al Hospital San Juan de Dios o al Conservatorio Nacional de Música. Cada anuncio que veo me recuerda que no debo votar por esos que creen que soy estúpido y que me pueden convencer con poner una bonita cara, prometer cuatro pendejadas y usar palabras vacías como “cambio”, “compromiso” y “valores”.

Como en la publicidad, el que mucho promete o mucho anuncia suele ser también el que poco en verdad tiene.

Ya no quiero ver más foros por que ya me sé las mismas preguntas cajoneras y también me sé las mismas respuestas ambiguas que se memorizaron mejor de lo que yo lo hice con el “A Margarita de Bayle” en tercero primaria. Ya no quiero leer más planes de gobierno. Cuando me refiero a planes, hablo de esos libros que hacen gala de la habilidad de sus autores para manejar cifras, prometer sin prometer y proponer sin explicar. También me refiero a esos que no ocupan más de dos páginas word o que caben a la perfección en un trifoliar.

Creo que ya vi lo que tenía que ver y todo lo que venga luego sólo terminará por hastiarme o decepcionarme. Aunque ya tenía decidido por quién votar no lo haré por que hará una semana que me robaron mis documentos y el Renap no hace milagros en quince días. Ya no quiero hablar de política, por favor, quizá lea o mire una que otra cosa por el puro morbo, pero ya no más. Ayúdenme a evitarlo. Despiértenme cuando hayan envestido al nuevo presidente. Suerte con su voto.

Tomado de Aparato Clandestino. http://gabrielwoltke.blogspot.com/

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