“Organizando extraños”

Por Louisa Reynolds –

El sociólogo británico Bryan Roberts llegó a Guatemala por primera vez a inicios de la década de los 70, cuando el país aún se encontraba inmerso en el conflicto armado interno.

En esos años, el éxodo del campo a la ciudad que se estaba produciendo en América Latina, a medida que la crisis de la economía campesina obligaba a números cada vez mayores de personas de buscar mejores horizontes en las urbes, comenzaba a ser objeto de estudio por parte de la comunidad académica internacional.

Bryan decidió realizar su trabajo de campo en Guatemala. Cuando llegó, se avocó a varias embajadas y agencias estatales, donde, en repetidas ocasiones, le advirtieron sobre los riesgos de acercarse a los barrios marginales de la ciudad

Haciendo caso omiso de las predicciones alarmistas que le vaticinaban un asalto, el robo de sus pertenencias o el desmantelamiento de su vehículo si ingresaba a tales lugares, Bryan se dio a la tarea de entrevistar a los habitantes de los asentamientos de San Juan El Esfuerzo (La Limonada, zona 5) y La Florida (zona 7), para conocer su realidad, sus sueños y anhelos, un minucioso trabajo que quedó plasmado en el estudio “Organizando Extraños. Familias pobres en la Ciudad de Guatemala”, una obra pionera en el campo de la sociología urbana.

Bryan realizó encuestas y recopiló los datos estadísticos con rigor científico, pero a la vez se acercó a sus entrevistados con un gran sentido de empatía, algo que ellos reciprocaron dándole su tiempo para colaborar con la investigación y mostrándole paciencia en un tiempo en el que él aún no hablaba el español con la misma fluidez que ahora.

El investigador no encontró un barrio de vagos y ladrones, sino un lugar donde los migrantes provenientes del interior paulatinamente comenzaban a reconstruir el tejido social que el proceso migratorio había deshecho mediante la formación espontánea de asociaciones que buscaban mejorar las condiciones del asentamiento y legalizar los lotes donde se encontraban las viviendas.

A diferencia de las entidades externas que tenían presencia en los barrios, como la trabajadora social, la Iglesia, la Policía, y las agencias de cooperación, Bryan no trató a los vecinos de los asentamientos de manera condescendiente ni los victimizó, sino que les dio su lugar como actores con la capacidad de transformar su entorno y luchar por una vida mejor.

El vínculo que se forjó entre Bryan y los protagonistas de su estudio fue tan fuerte que cuando regresó a Guatemala 38 años más tarde para la presentación pública de la traducción al español de su estudio, entre los rostros presentes en el auditorio se encontraban muchos de los vecinos de El Esfuerzo y la Florida, acompañados de sus hijos.

Durante su corta estadía en el país, Bryan volvió a recorrer las calles de esos barrios y encontró vías asfaltadas donde antes había caminos de terracería y casas de dos niveles donde hace 40 años había covachas de madera. Muchos de sus entrevistados, o sus descendientes, seguían viviendo ahí, pero el tejido social de la comunidad había sufrido nuevas transformaciones como resultado de un nuevo fenómeno migratorio: el éxodo de jóvenes que diariamente emprenden la arriesgada travesía hacia el norte en busca del sueño americano.

Gracias a Marcel Arévalo, director del área de Estudios Sobre la Pobreza de FLACSO, tuve la oportunidad de traducir el libro de Bryan al español, lo cual fue un valiosísimo proceso de aprendizaje para mí.

Al sumergirme en las páginas del estudio me sorprendió la vigencia de las descripciones que hace de la realidad urbano-marginal guatemalteca. Al leer este libro uno no tiene la impresión de tener entre las manos un documento histórico que describe una época pasada sino un fiel retrato de la realidad actual.

Bryan describe, por ejemplo, a la capital guatemalteca como una ciudad “informal”, una subcultura urbana cuyo rostro está más presente que nunca en el vendedor ambulante que lucha diariamente por ganarse la vida subiéndose al bus a ofrecer sus mercancías y en el laberinto de puestos de la 18 calle de la zona 1, “El Guarda” y “La Terminal”.

Después de la tormenta tropical Agatha en mayo de 2010, publiqué una nota en “elPeriódico” sobre los asentamientos marginales, de donde provenía un gran número de las víctimas mortales que se produjeron en el área metropolitana y, para mi asombro, descubrí que allí existen 350 asentamientos precarios en zonas de alto riesgo.

Si bien es cierto que con el paso del tiempo, los asentamientos más antiguos han logrado que se les proporcione algunos servicios básicos, la marginalidad y la falta de atención sigue siendo la característica principal de estos lugares. Por ejemplo, en el asentamiento Mario Alioto, Villa Nueva, el más grande de Centroamérica, existe una sola subestación de la PNC con 20 agentes y una sola patrulla para resguardar la seguridad de 60 mil personas.

El mensaje central que me dejó la traducción del libro de Bryan es que en 1973 se estaba armando una bomba de tiempo demográfica, que hoy, 38 años después, ya ha explotado.

Guatemala se encuentra inmersa en el proceso electoral, el cual debiera ser una oportunidad de cambio y de transformación. Pero la mayoría de candidatos que se postulan no ofrecen soluciones a los problemas estructurales de migración y pobreza urbana que resalta el libro de Bryan.

La oferta de los partidos políticos para los asentamientos urbanos consiste en variaciones de los programas ya existentes y sin explicar cuántos recursos se les asignarán, no pasa de ser un listado de buenas intenciones.

Existe una mesa intersectorial por la vivienda popular y se ha discutido una iniciativa en el Congreso para aprobar una nueva Ley de Vivienda, un tema ausente en los planes de gobierno de los partidos y que ha recibido una cobertura mediática escasa y nula.

Esto me lleva a una reflexión personal que se relaciona con mi labor como periodista. Durante el tiempo en que trabajé como reportera en medios de comunicación masivos pude constatar lo difícil que es tratar de insertar estos temas en la agenda noticiosa, ya que son percibido como ajenos a la realidad del lector promedio, de clase media- alta que vive en espaciosos condominios en la zona 14 o Carretera a El Salvador.

Pero si no cubrimos esos temas y obligamos a ese lector de clase media-alta a conocer la realidad social de los asentamientos, jamás vamos a ir cerrando la brecha que existe entre las dos Guatemalas, sino que la vamos a ensanchar cada vez más. Todos, desde nuestros respectivos espacios, tenemos que jugar el papel que nos corresponde en términos de luchar por una Guatemala más justa, sin guetos ni exclusiones.

Tomado de La baronesa rampante http://louisamarinareynolds.blogspot.com/2011/08/organizando-extranos.html

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