La creencia moderna en las votaciones

Por Mariano González . /PúblicoGT
magopsi@yahoo.com.mx

Hay muchas razones específicas que se utilizan para argumentar a favor de votar en las elecciones generales del 2011. Desde que el voto en blanco, nulo o la inasistencia son un desperdicio dado que el sistema electoral no los toma en cuenta, hasta que el voto representa la construcción de un mejor país. Por lo que se puede advertir, una mezcla de pragmatismo y de ideología. Claro, el interés racional por mejorar individual y colectivamente es perfectamente válido. Sin embargo, subyace una creencia muy moderna en estas argumentaciones. Y hay que insistir en el aspecto de creencia que se encuentra involucrado en esta argumentación.

Se puede formular sencillamente de la siguiente forma: participar en las votaciones significa la posibilidad de mejorar las condiciones individuales o colectivas de las personas que conformamos el país. De manera más ideológica, como se presenta en una campaña publicitaria, significa ir “por Guatemala”. La intención de votar por tal o cual candidato también se argumenta de esa forma: es lo mejor para el país.

Me parece que esencialmente tal es la creencia que subyace a la mayoría de argumentaciones a favor del voto. Puesta así, ¿no parece un tanto irónico formularlo dada la experiencia histórica de este país? En otras palabras, tal argumentación se hace después de que los electores hiciéramos que llegara el gobierno de Serrano, Portillo, Berger, Colom…así como a los ilustres diputados y alcaldes que hemos tenido y que tenemos.

Formulado en los más puros términos modernos: ir a votar es contribuir al progreso. ¿Progreso al votar? ¿Para quién y respecto a qué? ¿En términos de reducción de violencia o pobreza?(i)
¿Cuál es el punto? Que las experiencias indican que hemos tenido muy malos gobernantes. Es altamente probable que las principales opciones políticas sean una repetición de la historia de mediocridad y corrupción que ha existido. No existe una razón de peso para esperar que no sea así, dadas las opciones principales que se tienen, el discurso y la práctica que se ha mostrado (con algunas pocas excepciones).

Además, en las actuales condiciones de crisis económica internacional, sin que se advierta un proyecto claro, racional, factible y con fuerte apoyo interno, sin aliados internacionales y otra serie de aspectos, el próximo gobierno no tiene sino un margen muy limitado para maniobrar y no va a cumplir con las promesas que ha hecho.(ii) Las cosas, en realidad, puedan empeorar para la mayoría de personas de este país. Ojalá me equivoque en este punto, pero al menos resulta muy probable que el contexto internacional y nacional no mejore en lo inmediato (y, entonces, a la par de intentar responder las urgencias inmediatas, se deba planificar en función de los próximos lustros).

Ya se sabe que el realismo político indica que unas opciones son peores que otras. Indudablemente. Pero de eso a creer que vamos a estar mejor por ir a votar, hay un trecho considerable. Si se observa desde una perspectiva amable, se puede tomar como muestra de cierta condición esperanzada de los seres humanos y de la necesidad de creer que mañana es un mejor día. Pero una creencia no es igual a que las cosas sean como se quiere (un error que ya advertía de manera muy enérgica Freud).

De nuevo quiero subrayar esto: la creencia de que se puede mejorar por ir a votar es una creencia que no se sostiene dada la experiencia concreta que hemos tenido. En ciertos aspectos, el país sigue igual o peor que hace una década. Si se sostiene con tal pasión la argumentación a favor del voto, es porque existen aspectos ideológicos de por medio. El mero hecho de ir a votar despierta el “fervor patrio”. Constituye un mecanismo ideológico muy importante y eso hay que comprenderlo. Casi podría decir que religioso en tanto que nos “religa” como ciudadanos. Aunque las diferencias esenciales en términos de condiciones materiales de vida continúen y aunque haya grupos que se tornen un tanto fanáticos por el apoyo a un candidato y un partido en particular, el acto de votar nos “iguala” a todos.

¿Señalar esto es un llamado a la inacción? No, de ninguna manera. Tampoco es expresión de puro desencanto o nihilismo. Es la reflexión respecto a que la creencia moderna subyacente a la argumentación a favor del voto no es necesariamente cierta, sobre todo en nuestras condiciones, así como el señalamiento que la construcción de instituciones democráticas y de bienestar para la población puede requerir otro tipo de prácticas. Entre ellas, la construcción de un movimiento popular y transformaciones institucionales importantes.

Pues en efecto, si hemos construido muy malas instituciones políticas, económicas, sociales y culturales, la solución no es la práctica de un acto ideológico como el voto, que al final las refrenda. Sino la construcción de otras instituciones. Pero eso requiere de aspectos que van mucho más allá de las elecciones. Significa una práctica política distinta de la que ya se ha hecho habitual.

Es claro que viniendo de dictaduras militares, el gobierno democrático es un avance real y significativo.(iii) Pero no ha cumplido lo que ofrecía, se ha corrompido de muchas formas esenciales. En este sentido, ver al pasado podría ayudar para comprender virtudes y vicios, errores y aciertos… así como la distancia que existe entre la promesa (vacía) que se ofrece al ir a votar y lo que en efecto se tiene.
El Frente Amplio

El frente amplio es la única opción de izquierda que existe al momento. Si se cree en las encuestas, no tiene ninguna opción realista de ganar. Probablemente su principal pelea sea la de no desaparecer.

Claro que la izquierda no sólo lucha por el triunfo (particularmente cuando el triunfo se mide en términos empresariales). La izquierda también es testimonio. Es crítica de que las cosas vayan como vayan (empobrecimiento, hambre, violencia) por aspectos estructurales de la conformación del país y del sistema político-económico mundial. También resistencia y lucha frente a esas condiciones.

Sin embargo, no se advierte que la izquierda esté dando testimonio de ello. Y no es solo por un eslogan tibio y bastante vacío. Sino porque pareciera ser (y debo decirlo con reservas) que están participando en condiciones muy similares a las que lo hacen otros partidos. En otras palabras, no parece existir testimonio de militancia y de liderazgo. De conectar con los sectores populares y articularlos desde sus necesidades y propuestas. Las potentes promesas de la izquierda como dignidad, tierra y trabajo parecen no darse. Es más, como escarnio, la derecha la que está utilizando el tema del trabajo.

Ni qué decir que la izquierda, históricamente, ha estado en contra de la inercialidad institucional y de muchas desventajas frente a la derecha. Pero una de sus lecciones profundas es, de nuevo he de insistir, el testimonio de producción de humanidad, la pelea que ha dado. Rasgos que no se advierten al momento.
Entonces, ¿no habrá que replantearse seriamente otra práctica?

(i) El porcentaje de personas pobres ha disminuido, pero el número total de pobres ha aumentado, por ejemplo. En el caso de la violencia, los índices señalan un aumento sostenido desde el año 2000 (con una ligera reducción en el 2010).

(ii) Bueno, al respecto, ¿quién cree en las promesas que hacen los políticos?

(iii) Por supuesto que aquí se considera que la “democracia” es algo más que un procedimiento. Si hay creencias modernas que son fuertemente discutibles, hay otras que todavía pueden servir. Una de ellas es que las instituciones democráticas (no solo las instituciones políticas) ofrecen la oportunidad para la construcción de una realidad distinta, sin explotación y discriminaciones de distinto tipo. Otra es la creencia de que el ser humano produce el mundo (en condiciones que no determina del todo) y al hacerlo, también se autoproduce.
www.albedrio.org


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