Un Pastor al Poder

entre la fe y el estado de derecho –

Mariano Portillo
mantonoportillo@hotmail.com

La Iglesia sabe porque hay una separación entre ella y el Estado: “Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”. (Mateo 22,21). El Estado está representado en el César, -Emperador romano-, y Dios representa la Iglesia. En cuanto al Estado, la Constitución Política y el pueblo parecen aceptar el “Estado laico”. El Estado laico, -o religiosamente neutral-, admite todas las religiones pero no apoya ni financia a ninguna, base del pluralismo. La Iglesia no interviene en los asuntos políticos, ni el Estado debiera intervenir en los asuntos religiosos, manteniéndose cada una, por su lado, una autonomía en el ámbito que les compete. Por eso se habla del Estado laico, aconfesional o secularización de la sociedad. De hecho la tendencia en el mundo moderno, es hacia una, secularización del Estado.

Cada una, -Iglesia y Estado-, como instituciones funcionan con sus propios principios y normas. Sin embargo el ciudadano -creyente-, recibe influencia de las dos, pero no las mezcla, porque sabe sus diferencias y sus áreas de acción.

En la Iglesia, el creyente que acepta el ministerio pastoral, sabe que lo hace para toda la vida, -es una interpretación espiritual-, y sabe que es un privilegio que da Dios a pocos, ministerio que no tiene comparador en la vida en la tierra, ya que es del orden celestial. Muchas veces sus límites -cuando inicia y cuando termina-, son difícilmente definibles, porque está íntimamente vinculado a un Don –talento dado y dedicado a Dios, que incluye también los tiempos-.

Por parte del Estado, debiera definir el Pastor, como aquel individuo que acepta y es nombrado al cargo, para cumplir con su responsabilidad de enseñar y dirigir a un grupo de creyentes, y promover el crecimiento de la agrupación; por lo que se puede determinar con precisión, la fecha de inicio y fecha de finalización, -si fuera el caso-.

Las cosas celestiales se interpretan en el orden espiritual y las cosas terrenales se definen en el orden material. No puede ser de otra manera. Están claras las diferencias entre la Iglesia y el Estado.

Los creyentes son miembros de la Iglesia y pertenece al Estado. Da diezmos y ofrendas a la iglesia (lo que es de Dios) y paga impuestos al Estado (lo que es del Cesar). Pero los ciudadanos del Estado no necesariamente deben ser parte de una Iglesia.

¡Un Pastor de Iglesia, puede ser inscrito para participar como candidato presidencial, si la Constitución Política dice que no puede ser candidato un ministro de culto? Se requiere, por lo tanto de un análisis, para saber, cuando inició y terminó las funciones del cargo, sin entrar en detalles los motivos que hicieron retirarse de sus funciones. Lo que importa es que no tenga el cargo de ministro de culto, al momento de su inscripción como candidato presidencial, porque si llegara a ganar, tendría dos intereses (Iglesia y Estado), por lo que podría peligrar el Estado laico, como consecuencia, no se garantizaría el pluralismo.

Para empezar, tenemos la interpretación religiosa: aunque se separe temporal o definitivamente, este seguirá siendo considerado Pastor, solo que en este caso, en desobediencia. Hay que recordar que Dios nos dió a todos el “libre albedrío”, por ello es que el Creador permite, que las personas elijan lo que quieran, incluyendo, hasta hacer lo contrario a lo que establece sus mandatos. Si fuera este el caso, el Pastor tiene una cuenta pendiente con el Eterno, la cual, tarde o temprano, lo tendrá que resolver con él. Dios en tardo en ira y abundante en perdón, por lo que fácilmente podemos inferir cual será el final de la historia.

Si lo dijera la Iglesia –desde luego, no se mete en estos asuntos-, podemos interpretar que nunca podría ser candidato, porque su ministerio pastoral, fue dado por el Eterno para toda la vida. Pero en este caso, lo dice el Estado, entonces se debe definir de acuerdo a la ley, para iniciar, se debe de establecer cuando inició y terminó su trabajo dentro de la Iglesia. Desde luego se entiende, que si está solicitando su inscripción, es porque ya lo había contemplado con antelación, por lo que llenara los requisitos, entre los que esta, el no ser Ministro de Culto (Articulo 186, inciso f: prohibición para ser candidato presidencial); o haber finalizado sus funciones del cargo como Pastor de Iglesia. Si están claros los tiempos, y son comprobables, no tendría ninguna limitación para ser inscrito, ni corte que se oponga.

El tabú existente: si elige a un religioso como gobernante, este hará del Estado una gran iglesia –bajo las normas religiosas-. El miedo que se debe tener, no debe ser mayor, al miedo que siempre se ha tenido, de que el nuevo gobernante nos salga peor que el anterior. Estos miedos se puede ver disminuidos si observamos su formación moral, la que incluye valores, principios y concepciones, que orientan el comportamiento humano, y en obediencia a Dios todo poderoso, -sin influencia de elite alguna-, a quien primero rinde cuentas de sus actos, actos que se deberían basar en el amor desinteresado y despojado de egoísmo-; dando como fruto muestras de humildad, perdón, temperancia y misericordia. A no ser que el que se identifica como religioso, no haya dado buen testimonio, al no producir los frutos enumerados, entonces estaremos frente a un farsante como los que estamos acostumbrados a tener como políticos. Si lo elegimos tendremos otro gobierno semejante a los que comúnmente hemos tenido.


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