Especial Crisis: El desamparo

José Blanco

Joe Biden llegó a Pekín el pasado miércoles 17 a una visita de ¡cinco días!, a tratar de arreglar sus endiablados problemas con China. En la primera entrevista con su homólogo, Xi Ping, le dijo con cara de circunstancias que la estabilidad económica del mundo depende en buena medida de la cooperación entre Estados Unidos y China. Es la clave, en mi opinión, de la estabilidad económica global.

En algún momento de esta primera conversación Biden explicó a Xi los pasos dados por su gobierno para controlar el déficit público y le aseguró que Estados Unidos puede liderar aún la economía global.
Yo, también, creo que, dada la nueva situación, China y Estados Unidos tienen para siempre amplios intereses comunes, y cargamos para siempre con importantes responsabilidades comunes, dijo por su parte Xi, quien sucederá a Hu Jintao en marzo de 2013, en la presidencia del país asiático.

Los imperios se han pensado siempre a sí mismos como eternos. Lo han expresado, desde luego, de diferentes maneras. Tanto la Iglesia católica, que se sigue soñando como el imperio de las almas, para siempre, así como los imperios medievales –estruendosamente el Imperio Romano–, lo expresaron mediante la construcción de una arquitectura hecha para siempre. Esos imperios se acabaron, pero su arquitectura ahí sigue, ahora como esplendorosas obras de arte para maravillar al turismo o para que conozcamos su brillante pasado histórico.

Oigan a Biden: continuaremos como líderes de la economía mundial, y a Xi: tenemos para siempre amplios intereses comunes, y cargamos para siempre con importantes responsabilidades comunes. ¡Para siempre! Difícil entender que hombres de Estados poderosísimos estén profundamente persuadidos de tamaña idiotez. La historia no transcurre por generaciones humanas; las trasciende con mucho y, por tanto, los imperios se pueden soñar eternos.

Rómulo fundó Roma en el año 753 antes de nuestra era y terminó en el 476 de nuestra era, ya como Imperio Bizantino: mil 229 años, si contamos desde el nacimiento. No volvimos a tener un imperio de esa duración que en términos de la vida del homo sapiens, es una brizna. Aunque estos asuntos son altamente controversiales, el lapso más aceptado para el Imperio Español va de 1492 a 1898: 406 años. El Imperio Inglés va de 1605 con la colonización de lo que hoy es el estado de Virginia en Estados Unidos, a 1947, al término de la Segunda Guerra Mundial: 342 años. El más poderoso de todos los imperios de la historia es hoy apenas un sesentón que anda muy achacoso, pero creyéndose inmortal.

Los mayores problemas económicos del mundo los tiene Estados Unidos, y es altamente dudoso que pueda seguir cubriendo sus compras en el exterior y sus inminentes astronómicos vencimientos de deuda, simplemente imprimiendo papeles verdes, indefinidamente. Sus problemas particulares con China son de pronóstico reservado.

Después de que la agencia Standard & Poor’s degradara la calificación de riesgo de la deuda soberana de Estados Unidos, Pekín se ha puesto nervioso y quiere que Biden le garantice que sus inversiones incontables en dólares estén a salvo. China tiene reservas en divisas extranjeras por 3.2 billones de dólares (en castellano), de las cuales dos tercios son en esa moneda, y de éstos, 1.2 billones son bonos del Tesoro. Biden puede hincarse y jurar ante Xi, pero no está en posibilidad de garantizarle nada a Pekín.

Estados Unidos requeriría que China elevara muy sustancialmente los ingresos de los ciudadanos chinos, revaluara en serio el renbimbi, y abriera las fronteras para garantizar un crecimiento vertical del consumo interno chino y reanimar así un poco a la economía mundial. Si hiciera esto, China perdería instantáneamente su competitividad internacional y, desde luego, no va a hacerlo. Estados Unidos también necesita que Europa arregle sus problemas. Pero Europa está cada vez más desarreglada. Francia ha comenzado a deslizarse hacia el escenario de Italia, y la única que aún goza de cabal salud es Alemania (y Austria y Holanda, que son economías pequeñuelas).

Europa no tiene salida financiera. Para comenzar a arreglar sus problemas requeriría un gobierno económico, es decir, una política fiscal unificada y centralizada que pueda desplazar recursos hacia donde más se necesiten. ¿Quién podría tomar las decisiones de una política fiscal centralizada? Alemania, no es tan difícil la respuesta, pero ¿quiere? Es claro que no.

La idea de la emisión de eurobonos, no avanzará tampoco. Tendrían que ser garantizados por Alemania. Es decir, Alemania garantizando las estratosféricas deudas soberanas del conjunto de los países del UE. No, el primer interés de Alemania es cubrir la espaldas de sus bancos que son altamente acreedores de los países periféricos europeos.

De otra parte, el FMI ha puesto a descubierto que Alemania no es la locomotora de Europa porque su posición actual depende de sus altas exportaciones; el mercado interno está deprimido, sus salarios son bajos y no compran nada fuera de sus fronteras.

La actual relación de Alemania con el resto de Europa es la misma que la de China con Estados Unidos: China y Alemania producen, Estados Unidos y Europa consumen. Así están trabados, mientras los impagos están a la vuelta de la esquina y las perspectivas de crecimiento del mundo se revisan a la baja sin cesar.
Ya nos contarán Biden y Sarkozy qué piensan hacer.

Tomado de La Jornada México.


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