Un Gobierno de Ternura


Mariano Portillo
cpmultisectorial@hotmail.com

Las mujeres tienen mucho que decir y hacer en un gobierno que pretende caracterizarse  por el amor.  O por lo menos los hombres podemos interpretarlas y representarlas en el ejercicio del poder; esta se justifica por una conducta -o actitud- admirable, digna de reconocer, imitar y pregonar por heroica, manifiesta en  la “ternura”, –cariño, afecto, dulzura- con que trata a su bebé.  La compresión, tolerancia y dedicación, son los filamentos que hace de la ternura una extensión del amor de Dios.  No sería extraño que este amor este grabado en sus corazones desde la creación.

A través de ellas, hasta nuestros días, la creación de Dios ha sido posible; porque fue escogida desde el principio para ejercer ese papel “cocreador” –ayudante del Creador-.  Todos los humanos hemos nacido de una mujer, -hemos tenido madre- y por lo tanto hemos tenido la posibilidad de ser beneficiados de su ternura.

Para gobernar lo que se requiere  en esencia, es “amor”, el resto no es más que la forma.  ¿De qué sirve la forma sin la esencia?  Al no estar presente el amor el gobierno se caracterizara por sus impurezas e imperfecciones.  Sin lugar a duda, en ellas encontraremos lo que tanto necesita nuestra patria.  Tan necesario para salirle al paso a nuestro egoísmo, ambición, arrogancia,  resentimiento, y deseos de venganza.

La capacitación tradicional -como medio de aprendizaje-, útil para la gestión de una actividad, no puede enseñar el amor, esa nace de lo  más profundo del ser humano, puesto ahí por el ser supremo –o bien por el ejercicio espiritual en comunión con él-. ¿Si no se entiende la palabra amor, como se puede reflejar y  materializar en lo que se hace? Tal capacitación solo servirá para darle rienda suelta al egoísmo.

Los argumentos infundados: a) de que la mujer no debe -y no puede- gobernar; b) y que su lucha por alcanzar el poder, está basado en su interés de someter al hombre, de la misma forma como el hombre la ha sometido históricamente.  En este último argumento, se le está tildando de un ser vengativo-. Tales afirmaciones tienen sus raíces en el orden cultural, conocido como machismo, -basado más en  temores, que en argumentos racionales-.  Al meditar sobre el papel de la mujer en la sociedad, nos debería llevar a conclusiones comunes:  en que esta, debe asumir  responsabilidades con el hombre en la conducción del país, para crear y garantizar una sociedad donde se privilegie el amor, la tolerancia  y la solidaridad. Aunque hay que reconocer que a pesar de la oposición cultural, hay resultados que nos demuestran que vamos por buen camino para superar como nación, este tabú.

Si se quiere una democracia real, debería estar representada la mujer, en los diferentes niveles de la administración pública, no solo por el argumento anterior;  sino, porque representa la mitad del total de la población.  De igual manera -y no necesariamente por las mismas razones-, las culturas vivas y  la juventud.  Estas participaciones harán que nuestra democracia se desarrolle y sea autosostenida.

La gran mayoría de la población, han sido creados, –alimentados y educados- por las  mujeres. Ellas son el instrumento primario para el aprendizaje del amor, -sin olvidar, que el  cien por ciento de la población ha sido gestado en el vientre de ellas-.

¿Porque la sociedad está llena de resentimiento, odio y venganza? Desde luego no es por el trato de la madre a su hijo, sino por el sistema injusto, -existente-, que profundiza las desigualdades, manifestada esta, en la pobreza generalizada, -o miseria-  y  la desesperanza –por las pocas o nada  oportunidades que se ofrecen en el corto  y por no decir en el largo plazo-.

Las mujeres más que nosotros, por ser las madres de todos, entienden como golpea las malas acciones de los gobiernos. Si deseamos resultados diferentes debemos empezar a hacer las cosas de diferente forma, para empezar aceptar plenamente la participación de la mujer, -eliminando de raíz todos los tabús-. No olvidemos que una mujer nos gestó, una mujer nos alimentó y cuido, además mujer es la hermana, mujer es la hija, mujer es la compañera, mujer es la novia, -la que luego se convierte en la esposa-,  y mujeres serán las que  gestarán, y criarán a las hijas e hijos de la patria.

Ante los ojos de Dios –por su amor- somos iguales, -no existe diferencia-; en cuanto a lo físico, somos diferentes, pero  complementarios, -necesarios e indispensable-  para la reproducción de la vida y para las relaciones en la sociedad.

La mujer no debe aparecer al frente de la defensa de sus derechos, porque sus derechos deben estar a la misma altura de los nuestros. No podemos defender los nuestros sin defender los suyos. Una de las razones lógicas, es que, los principales beneficiados somos nosotros y la sociedad, porque en sus manos están la presente y las futuras generaciones.

Basta con imaginarse un gobierno injusto, autoritario, déspota y  tirano.  No necesitamos vivirlo a plenitud, para darnos cuenta que eso no nos encamina hacia una sociedad mejor, -por la ausencia de amor, y por consiguiente; se caracterizara por la ausencia de oportunidades y de paz-.

Imaginémonos un gobierno donde al ciudadano se le vea como a un hijo, donde no importa la raza, su grado de inteligencia, su cultura, su riqueza o su conducta en general; simplemente se le comprende, y se atiende sus necesidades -como lo haría una madre con sus hijos-.  Las personas mejor preparadas para materializar esto, son las  mujeres, aunque no sean madres todavía, porque tiene dentro de ella ese amor  potencial. Como nos explicamos,  que nunca han sido madres, pero al nacer su primer hijo, lo cuida con ternura, como si fueran expertas en derramar amor.

No debe de rechazarse la participación de la mujer en los diferentes niveles de la sociedad, si la actividad que realizara está dentro de la ley y dentro de lo que la sociedad acepta como bueno –no incluyendo en esta parte, los tabús-. Siempre que se enmarque dentro del amor y del desarrollo de la democracia. Estas no deben vérse  como limitantes, ya que son virtudes comúnmente  existentes en las mujeres.

Te gusto, quieres compartir