Juventud y proceso electoral

Por Danilo Rivera- Guatemala, 20 de agosto de 2011

En el actual proceso electoral, he tenido la oportunidad de observar cómo los partidos políticos han venido abordando el tema de la juventud.

En una primera instancia, estos se han interesado porque sus filas sean engrosadas por este sector de la población. Algunos partidos muestran y promueven caras jóvenes dentro de sus planillas; otros plantean la urgencia de atender y crear políticas de prevención para la juventud. Se trata de una diversidad de acciones y discursos mediante los cuales pretenden presentar una amable relación con la juventud guatemalteca.

Pero también he venido poniendo atención a cómo la participación de la juventud, sobre todo en la ciudad de Guatemala, se ha venido manifestando en distintas formas.

Algunos grupos, por ejemplo, se enorgullecen de salir a las calles acompañando a los partidos políticos e invitando al resto de la población a que voten por ellos. No cabe duda que se sienten identificados e incluidos dentro de las propuestas de su opción electoral.

Otros, conformados por aquellas/os que observan y siguen el rumbo de las propagandas, mostrando una tendencia ambivalente en relación con su participación; sobre todo porque siguen el llamado a votar, que plantea que ‘quien no vota no tiene derecho a opinar’.

Luego, estaría un tercer grupo conformado por aquellos jóvenes que, desencantados de las propuestas y del manejo que hacen de la población los discursos incoherentes de los partidos políticos, plantean un análisis crítico que les lleva a optar y plantear la abstención o el voto nulo.

Los ejemplos anteriores pueden considerarse como parte de una representación inmediata del ejercicio de la democracia en Guatemala. Sobre todo, porque esta se ha venido entendiendo como la suma de representaciones. Es decir, todos los distintos grupos colocados en un mismo espacio, hablando armoniosamente, haciendo un círculo que en su conjunto se llama democracia.

Según mi criterio, hablar de democracia implica una participación activa, en la que se reconozca, escuche y construya una postura que rompa o vaya más allá de los convencionalismos propios del sistema. No se puede hablar de democracia por el simple hecho de reunir a distintos sectores y ponerlos a conversar. Peor aún cuando a estos se les orienta en su participación, o se les limita en la misma hasta el punto tolerado por el mismo sistema estructural que da vida a ese “modelo democrático”.

De esta cuenta, las distintas expresiones y articulaciones de la juventud en Guatemala siguen siendo guiadas, controladas y mantenidas en el marco de interés de hacer funcionar el sistema político dentro de los márgenes tradicionales.

La juventud en Guatemala está configurada en términos étnicos, de género, sexo y clase. Pero, sobre esas identidades no se quiere hablar o comprenderlas; o se habla sobre ellas en voz baja. De continuar en esa lógica, se le seguirá encerrando en la llamada “JUVENTUD” como una sola e indiferenciable condición, a la que “se le debe” dirigir mediante una serie de acciones y políticas preventivas para que no rompa el orden establecido, asumiendo que “lo establecido funciona bien”.

Considero que si se escuchan y aceptan las distintas expresiones y articulaciones de la juventud en Guatemala pueden provocar un rompimiento con el esquema estructural que privilegia orientarlos y guiarlos por otro que abra espacios y acepte el reto de discutir y confrontar los distintos esquemas bajo los cuales ellos deben ser entendidos y asumidos. De esta manera, ellos podrán contribuir en la construcción, imaginación y elaboración de propuestas que permitan nuevas formas democráticas en Guatemala.

Fuente: AVANCSO – Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala


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