El desempleo y la nueva política transformadora

Maciek Wisniewski*
El panorama mundial parece agitado: la crisis económica, los intentos de consolidar el sistema en favor de las clases dominantes, las manifestaciones de los sectores dominados en África del norte o en Europa, las hambrunas, los desastres ecológicos generados o agravados por el ser humano, todo esto pone en cuestión la capacidad reproductiva del capitalismo y de extender en tiempo y espacio sus contradicciones internas.
Por lo pronto, en Estados Unidos y en Europa el mayor problema parece ser el déficit; no obstante, según demuestran economistas como Mike Weisbrot o Dean Baker, en realidad es el desempleo.

A contrapelo de la visión dominante que mediante las políticas de la austeridad pretende hacer pagar al mundo del trabajo por la crisis (dificultando así la posible recuperación y creación de empleos), es urgente no sólo poner la falta de empleo en primer plano, sino también abordarla desde una perspectiva política.
Así lo intenta Fredric Jameson, uno de los más destacados teóricos políticos marxistas, en su nueva obra Representing Capital. A Commentary on Volume One (Verso, Londres, 2011), quien invita a leer el primer tomo de El capital como un libro sobre el desempleo.

Enfocando su lectura en lo que Marx llama la ley general absoluta (la unidad de producción y desempleo), subraya que la expansión del capitalismo en su fase actual intensifica el paro, haciendo aún más relevantes las figuras del ejército industrial de reserva y del desempleo estructural, efectos inmanentes de la dinámica de la acumulación. Añade que actualmente la desocupación se vislumbra como un síntoma de la crisis sistémica más profunda.

Según Jameson la centralidad del paro es política e históricamente relevante también en la manera en que tiene que ver con la globalización y sus víctimas: las masas excluidas de la modernización, presentadas a menudo como víctimas de desastres o conflictos. Éstas se hubieran visto muy diferentes si se ubicaran dentro de la categoría del desempleo.

El espectro político cambiaría si se las repensara también desde el punto de vista de la explotación y no solamente de la dominación (aunque no estamos acostumbrados a ver el desempleo como explotación). La explotación toca el núcleo del sistema –las relaciones de producción–, mientras la dominación es un efecto secundario, un modo de reproducción, no de producción.

Interpretar la condición de aquellas poblaciones perdidas y su vida desnuda, donde la pura temporalidad biológica de su existencia carece de una actividad productiva, y pensarla en la categoría de un nuevo desempleo global, en vez de una u otra tragedia, sería, de acuerdo con Jameson, un punto de partida para la búsqueda de una nueva política transformadora a escala global.

Este enfoque difiere de la óptica de Zygmunt Bauman, sociólogo polaco afincado en Inglaterra. Según Bauman, en las décadas recientes vimos un ocaso definitivo de la sociedad de productores y la transición a una de consumidores, proceso que igualmente dejaba en su paso gente-basura, víctimas desechables de la modernización. Pero, a diferencia de Jameson, Bauman no los ve como víctimas despojadas de sus capacidades productivas, sino como consumidores fallidos, incapaces de satisfacer sus deseos.

En un comentario a los recientes disturbios de Inglaterra, subrayaba que éstos no fueron generados por la falta de pan (ni por el desempleo), sino por los deseos frustrados. Los jóvenes saqueaban tiendas por su incapacidad de comprar cosas, lo que en la sociedad de consumidores se traduce en la insuficiencia de lo humano y falta de la dignidad.

Bauman, al contrario de Jameson, no invita a buscar algún proyecto político. No es de extrañar: la rabia de los consumidores insatisfechos no lleva a ningún lado, sólo busca la satisfacción.

Pero, al contrario de lo que se nos dice, el trabajo no ha perdido su relevancia y sigue siendo, junto con la naturaleza, la principal fuente de riqueza, o sea, quizá no deberíamos desechar tan fácilmente la condición de un productor. El trabajo, según Marx, encadena al ser humano, pero al mismo tiempo representa una posibilidad para su liberación y para ahondar lo humano y la dignidad.

Quizá tampoco sirve contraponer categóricamente la condición de un productor con la de un consumidor: en una perspectiva dialéctica, las dos forman parte de una realidad: en Grundrisse, Marx exponía la paradoja según la cual toda producción es consumo y todo consumo es producción.

En este sentido, lo que tal vez faltaría en la óptica de Bauman –y/o en la conciencia de los jóvenes ingleses– sería que la razón por la que no po-dían comprar las cosas que deseaban era… su condición de desempleados.
* Periodista polaco

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