Soluciones Temerarias de los Políticos

Mariano Portillo
mantonoportillo@hotmail.com

La pobreza, el hambre, la falta de oportunidades, baja inversión pública, baja recaudación, corrupción, contrabando, políticas de estado erróneas, deficientes servicios de salud y educación, inseguridad, mala imagen internacional, nombramientos de funcionarios públicos con tachas, entre muchas más, se constituyen en evidencias, las que demuestran por si solas que los “Políticos han dejado de hacer y han dejado pasar”, y cuando se ven desestabilizados por la sociedad, como resultados de la incapacidad de dar respuestas rápidas, optan por acciones temerarias, -ilógicas e imprudentes-, con ansias de resolver sin demora, sin considerar las causas de los problemas que aquejan. Aquí están tres de estas soluciones: pena de muerte, legalización de la droga y estado de sitio.

Si todos los problemas enumerados fueran superados con arte de magia, seriamos algo así como país desarrollado o por lo menos nos pareceríamos bastante. Sin embargo en la mayoría de los países desarrollados se han dejado de hablar de pena de muerte, no están pensando en la legalización de la droga, y parece ser que el estado de sitio no está en sus mentes.

Las personas gozan de “libre albedrío”, desde que nacen hasta que mueren. Este se define como el derecho humano divino, que lo hace libre para elegir -escoger lo que quiere-: entre el bien y mal, entre ser creyente o ateo, entre amar u odiar, entre respetar la vida o matar, entre cuidar su cuerpo o autodestruirlo, entre respetar la ley o convertirse en criminal; entre vivir en sociedad o ser antisocial.

Las personas son las que al final deben tomar la decisión si son una u otra cosa, debe de respetarse, aunque no se comparta, pero eso sí, debe responder por sus actos ante la justicia de la sociedad, además de la censura social y la carga moral. Algunos delincuentes no tienen conciencia plena de la gravedad de sus actos, porque la sociedad no los ha educado, podría darse el caso, en que podría pensar que sus actos delictivos son parte de la justicia, porque la sociedad les ha negado oportunidades. Al no tener alternativa para sobrevivir, no existe elección, se toma lo que se le presenta. Esta es una forma de prisión -en nada se parece al libre albedrío- porque la gente está presa por las circunstancias. Muchas veces solo les queda una salida para sobrevivir, el crimen.

De ahí, la importancia de las políticas públicas orientadas a la educación, a formar para la convivencia social, y a la capacitación para el trabajo. Acompañado de políticas para la generación de fuentes de empleo, para darles oportunidades a todos. Además una formación moral, dando las respuestas: de dónde venimos, que estamos haciendo en esta tierra y para dónde vamos.

Las leyes se justifica si la sociedad corre peligro, protegiendo al individuo de su ruina y de su relación con los demás, pasar los límites establecidos serán sancionados.

Las leyes ponen límite para que los ciudadanos no caigan al abismo, -y se constituya en su ruina-. Pero, si este, está listo para caminar sin normas, es porque pertenece a un sociedad educada y capacitada, capaz de discernir entre lo que es bueno para él, su familia y la sociedad; y está excluido de egoísmo y envidias, porque todos tienen un nivel de vida superior a la media. Sin dejar de mencionar que tienen una norma moral que trasciende la tierra para ubicarse en el nivel de la autoridad del creador del universo.

Las dificultades individuales son la advertencia que no se anda en el camino correcto, lo define la ley, por lo que hay que rectificar. La persona es perfectible. Las normas definen el límite, se puede suavizar, siempre que el ciudadano tenga la información de las secuelas sociales, morales, familiares y biológicas que traerá.

El análisis es apropiado para profundizar un poco en las soluciones temerarias mencionadas:

“Pena de muerte”: en nuestras creencias existe un dador de la vida y es el único que la puede quitar, irse en contra, es irse en contra de una cultura. Esto es para empezar, sin haber profundizar en el tema. Los candidatos potenciales para la pena de muerte son los que la sociedad ha excluido, marginado y han sido dejados en el abandono, sin alguna oportunidad. Sin mencionar que sus padres posiblemente murieron en la calles como producto de la violencia y en otros casos, abandonados a su suerte por sus padres empobrecidos. Se convierten en resentidos sociales, -considerados anti sociales-, producto que la sociedad injusta los ha llevado a esos extremos.

¿Un criminal se merece la muerte? A primera vista, sin análisis previo, diríamos que sí. Pero si lo miramos desde la óptica del análisis, también diríamos que sí, pero también nosotros deberíamos morir con ellos, por la indiferencia con que hemos tomado este tema, -suena más justo-. Existen otros que disfrutan con el crimen, lo ven como deporte, este es un tema para los profesionales específicos.

En la sociedad se agrava el problema, porque el estado reproduce las condiciones que generan el problema.

Hay que mantener al criminal en la cárcel, no solo para que pague su pena -y se regenere, si fuera posible-, sino también, para que nos recuerde que nuestra sociedad es injusta. Con una pena de muerte se borraría el caso y se echaría al olvido, sin dejar una enseñanza. El modelo dejaría de reproducirse cuando nazca la conciencia.

“Legalización de la droga”: los países desarrollados no la han legalizado, ni están por hacerlo.

Decir que se debe legalizar, a hacerlo, está muy retirado, pero hay siempre alguien que se atreve a proponerla, sin antes meditar al respecto.

Estamos preparados para soportar el daño que produce al organismo por su consumo; y desde luego las secuelas sociales que producen. La educación del joven es suficiente para enfrentarse a una oferta tentadora. La formación moral es completa. Si todo eta bien, sería un argumento a favor, pero eso, ni cerca está nuestra sociedad de tener esas condiciones.

Sin embargo, muchos se manifestarían en contra de su legalización. Si se legalizara una droga, se deja el espacio para otra sustancia ilegal. El negocio es la ilegalidad. Si no es uno, será otro. Porque legalizarlas si sabemos las consecuencias y el que va a incumplir la norma sabe cuáles son las secuelas.

“Estado de sitio”: en una sociedad organizada en colonias, aldeas o sectores sociales específicos en cada municipio, haría del municipio una red de organizaciones sociales, –una verdadera y funcional sociedad civil-, eficaz y eficiente, tanto para demandar soluciones a sus problemas comunales, como para informar y denunciar aspectos que los gobiernos locales o la inteligencia nacional pueda darle mucho valor para perseguir a los criminales. Es una fuente de información inagotable, de lo que está pasando dentro y fuera de las comunidades. Se avanza al tener los Concejos Comunitarios de Desarrollo, que cumplan esta función, pero debido a los intereses políticos de los gobiernos locales, no se les ha reconocido el papel independiente, ya que de una u otra forma los han sometido a los intereses de los partidos que gobierna la localidad.

Unido a esto, tenemos al pueblo que no le tiene confianza a los funcionarios públicos, incluyendo a las fuerzas de seguridad, las que se han evidenciado que están al servicio de los criminales. De nada sirve toda una organización dispuesta en redes municipales y departamentales, si el estado no se apoya en ellas para tener una eficiente inteligencia, la que convertiría en el primer elemento estratégico de la erradicación del crimen. En el estado de cosas del territorio, el gobierno es el último que se entera de las cosas, para cuando lo llegan a saber, es muy tarde y para demostrar su autoridad establece un estado de excepción.

Soluciones temerarias son la evidencia de un gobierno que es rechazado de alguna manera. Lo primero, es lo primero, en este caso, se le debe devolver a la población la confianza en sus autoridades, pero, esta se va a dar, cuando la autoridad sea digna y confiable. 

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