El que menos hieda

Por Louisa Reynolds

El lunes por la tarde la coalición UNE-GANA convocó a una conferencia de prensa para denunciar que “poderes fácticos se están confabulando” para impedir que su precandidata, Sandra Torres, sea inscrita para participar en el presente proceso electoral.

Como prueba de ello, Orlando Blanco, jefe de campaña de la UNE, exhibió con aire triunfal una serie de fotografías que mostraban un evento organizado por una asociación de abogados, supuestamente habían asistido bajo coacción por parte de la CSJ y la CC, en homenaje al Partido Patriota (PP).

Blanco acusó a la Presidenta del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Maria Eugenia Villagrán, de tener un conflicto de intereses en el tema de la candidatura de Torres ya que su hermano, Francisco Villagrán supuestamente aspira a convertirse en el Ministro de Relaciones Exteriores bajo un eventual gobierno patriota y su esposo, el general retirado Roberto Letona Hora, está estrechamente vinculado a Otto Pérez Molina.

Este, señaló Blanco, es el motivo detrás de la inusitada celeridad con la cual la presidenta resolvió la denegatoria al recurso interpuesto por la ex Primera Dama para impugnar la decisión del TSE de no inscribirla.

“Magistrados de la CSJ han estado negociando intereses con la oposición”, dijo Blanco, quien aseguró que la supuesta “confabulación” contra la candidatura de su candidata se debe a que “nunca antes había estado en juego el status quo”.

El hecho de que muchos sectores dan por sentada la victoria electoral de Pérez Molina es más que evidente. Algunos se suben al carro ganador por conveniencia, a la espera de obtener algún beneficio clientelar; otros temen enemistarse con el nuevo gobierno de turno.

Las encuestas arrojan hallazgos como “los votantes piden seguridad y empleo” que coincidentemente es la consigna del PP y por lo visto los profesionales de derecho ya lo están congratulando anticipadamente por su victoria.

El problema surge cuando los señalamientos sobre “poderes fácticos” vienen de la UNE, una agrupación política que tiene su propia retahíla de elementos indeseables entre sus filas. Blanco habla de cómo la resolución de la CSJ “responde a intereses de grupos del crimen organizado”.

¿Qué hay de Obdulio Solórzano, el ex director de Fonapaz, asesinado en julio de 2010, quien benefició con contratos millonarios a ONGs ligadas a narcotraficantes? Negar la estrecha vinculación de alguien que fungió como secretario ejecutivo del Consejo de Cohesión Social y el partido oficial es querer tapar el sol con un dedo.

Blanco afirma que “quieren garantizarle la impunidad a los violadores de derechos humanos”. ¿Y qué hay de los derechos humanos de Antonio Beb Ac, el campesino asesinado en marzo de este año durante el desalojo de la finca Miralvalle, en Baja Verapaz?

Durante el acto simbólico en el cual el presidente Álvaro Colom pidió perdón por el asesinato del líder estudiantil Oliverio Castañeda perpetrado por el Estado durante el conflicto armado, un grupo de manifestantes ingresaron al Palacio Nacional con pancartas exigiendo que se pusiera fin a los desalojos, dejando en evidencia que en este gobierno existe una clara contradicción entre el discurso y la realidad. Por algo Fidel Castro no quiso recibir la Orden del Quetzal que le otorgó el Presidente Colom.

La mayoría de los que aspiran a la Presidencia carecen de la solvencia moral para hacer señalamientos y en este vacío creado por la falta de opciones, cabalga hacia la victoria un candidato con un pasado particularmente turbio en el cual está escrita con tinta indeleble la palabra “genocidio”.

La situación que atraviesa Guatemala me recuerda al proceso electoral que vivió Francia en 2002, cuando pasaron a la segunda vuelta Jacques Chirac, un Presidente de derecha, corrupto y desacreditado, y Jean Marie Le Pen, un criminal de guerra ultraderechista acusado de crímenes de lesa humanidad durante la guerra colonial contra Argelia y quien dijo que las cámaras de gas de los Nazis “fueron un detalle de la historia”.

Miles de personas salieron a las calles para manifestar su repudio hacia Le Pen, quien afortunadamente no logró la Presidencia, pero dejaron claro que ese repudio no era un endoso a la candidatura de Chirac, sino la elección del menor de los dos males. Nunca olvidaré las pancartas de los manifestantes en las cuales se leía: “Il vaut mieux un escroc qu’un tueur” (“Más vale un ladrón que un asesino”).

Cuando todos apestan, no queda más que taparse la nariz y elegir al que menos hieda.

Fuente: www.louisamarinareynolds.blogspot.com/

Te gusto, quieres compartir