El Arte del Engaño y el Poder

Mariano Portillo
cpmultisectorial@hotmail.com

“…El pueblo vota por lo que cree que es la verdad. Pero la mentira parece igualmente verdad. La única forma para probar la verdad es observando sus frutos y estos se dan cuando ya están en el poder o bien ya han terminado el periodo para el cual fueron electos, para esa fecha ya es muy tarde. Lo único que queda, es confiar en la reputación -que es el reflejo del prestigio- del candidato…” M. Portillo. Artículo: Entre los Líderes y el Sistema.

“…a pesar de las amenazas y coacciones (…) «el amor verdadero se desarrolla en condiciones de completa libertad»; esa libertad que solo es posible en nuestra mente, en esta realidad.” M. Portillo. Artículo: Líderes Valientes que Interpretaron y Representaron al Pueblo.

El “arte del engaño”, – conjunto de actos para inducir a otros a creer y tener por cierto lo que no lo es, como medio para obtener poder-; tiene como instrumentos: la seducción, la persuasión, la adulación, la amabilidad, la generosidad, la diplomacia, la apariencia. Quien podría decir, que estas acciones –agradables para las personas-, se utilice también para engañar. En muchos casos no nos percatamos de las maniobras, hasta que se han consumado los hechos. Desde luego los que los practican son buenos actores –o mejor dicho, son buenos hipócritas-.

Su práctica es tan común en: la política; los gobiernos; las empresas; los negocios, las organizaciones sociales; las escuelas; las familias; las relaciones interpersonales; las iglesias, los juegos; las contiendas, entre otras.

Su eficacia se debe a la aplicación de instrumentos que a simple vista no son malos, hasta se puede considerar milagrosas para recibir halagos y reconocimientos, como los siguientes: “que agradable es”; “que bonito pide las cosas”; “que bueno es”; “que cortés es”; “que elegante es”; “que bien habla”.

No es extraño que la “mentira”, –decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa-, por ser un antivalor, sea rechazado por las personas sin meditar, por lo que tiene que manifestarse en formas indirectas –por lo que se le puede reconocer como el “arte de lo sutil”-. Las formas directas de la mentira están descalificadas por la sociedad –por evidente-. Las formas indirectas la sociedad las puede ver bien –porque la mentira parece verdad a simple vista-.

La sociedad acepta las personas educadas y sin manchas, –las que se manifiestan en su prestigio-, y dejan en segundo lugar las intenciones, –esta última debería ser considerada la más importante-. Si se diera el caso, de ser descubiertos, -con la mentira-, basta con tener preparado, –como contingente-, chivos expiatorios. La meta es salvar a toda costa la reputación –manteniendo la apariencia inmaculada-, porque si la pierden, han perdido todo aquello que les garantiza mantener la puerta abierta para poder realizar los engaños-. Por eso no dudaran en echarle la culpa a cualquiera que esté a su alcance.

Cuantas veces se han visto y se han escuchado a candidatos en las contiendas electorales, diciendo lo que la gente quiere escuchar -un discurso para cada uno- ; ofreciendo lo que se le ocurre y comprometiéndose en todo lo que se le pide; vistiéndose como uno de ellos, para aparentar que pertenece a las grandes mayorías; acercándose a la gente, dejándose tocar, escuchado y siendo muy receptivos de lo que dicen o piden; compartiendo un platillo, un abrazo y un beso – mejor si son niños y adultos mayores-. Acompañados de cámaras que registran cada detalle, para después editarlos de acuerdo a sus intereses y finalmente transmitirlo por los medios de comunicación social. Si viéramos todas las actuaciones, podríamos decir que son buenos actores –esto sucede en la política criolla y desde luego no es exclusivo de nuestro país-.

El engaño por lo general va acompañado de medias verdades, -que es lo mismo a decir, medias mentiras-, con el fin de hacerlo más creíble. Los actores se caracterizan por ser sutiles, delicados, atentos, ingeniosos y perspicaces. Estos no se manifiestan de una manera directa, torpe, tosca, descortés, desatenta y desconsiderada.

Estos candidatos (o mejor dicho, actores) se les puede describir usando los siguientes conceptos: “…amadores de sí mismo; avaros, vanagloriosos, soberbios, desobedientes (a la ley), (…) ingratos, (…), sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites (…) apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella, a éstos evita.” (2 Timoteo 3:1 – 5)

En contra posición, a los legítimos líderes se les pueden describir por los frutos que producen: “… amor, gozo (alegría), paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (dominio propio)…” (Gálatas 5:22 – 23)

Como se podrá dar cuenta, éste artículo también se podría llamar “Entre los Principios Morales de la Biblia y las 48 Leyes del Poder de Robert Greene”

Si el deseo, no solo es conocer y entender cómo funciona el arte del engaño; sino también, cuales son las medidas para evitarlo o bien neutralizarlo, se recomienda para empezar “Las 48 Leyes del Poder” de Robert Greene (en él descubrirás las formas probables del engaño, y si llegaras a practicarlas te encontraras al margen de la moral y posiblemente de la ley). Y la Biblia (con ella conocerás a fondo el espíritu de la palabra amor, que se encuentra en oposición irreconciliable con el engaño). Ahora si el deseo es convertirte en un experto engañador, ignora el segundo, porque terminara desalentándote.

Un candidato debiera hacer suya la siguiente reflexión: a las personas “no se les debe ofrecer o dar lo que se merecen; sino, lo que necesitan”. Los pobres, por el simple hecho de ser pobres, “lo que se merecen” es la muerte, (podría pensar más que uno), por no haber prevenido su situación con anticipación, -en un medio, donde pueden comer solo los que producen, y satisfacer sus necesidades, solo si son eficientes para competir en el mercado-. En contra posición, “lo que necesitan” son: comida y oportunidades –que son escasos en nuestro medio-, las que se debiera ofrecer o dar como una muestra de solidaridad, producto de nuestro amor al prójimo, basado en las enseñanzas de la Divina Providencia, -suprema sabiduría de Dios-.

http://marianoportilloenlacoyunturadeg.blogspot.com/

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