Alfonso Bauer Paiz, esperanza digna para la humanidad

Autor: Jairo Alarcón Rodas

Los héroes no son sólo de la izquierda, no son de derecha. Héroes

son aquellos que han dignificado  a la humanidad a través de una

vida ejemplar.

Hay personajes de la historia que merecen pasar a la posteridad como ejemplo vivo para las nuevas generaciones. Alfonso Bauer Paiz constituye uno de esos seres humanos que han escrito su nombre con letra mayúscula a través de una vida digna y auténtica. Don Alfonso, con su accionar, ha enaltecido a la especie, mostrando con hechos que es factible evolucionar, ascender en la escala del comportamiento social de la humanidad. Para aquellos que piensan que la honestidad es utopía, que la honradez no existe, que la naturaleza humana tiende a corromperse, la vida de Alfonso Bauer Paiz les mostrará, cuan equivocados están.

Sin pretensiones de santidad, fiel a sus preceptos marxistas este digno guatemalteco supo aquilatar su firme convicción revolucionaria a través de su legado histórico. Y es que para merecer reconocimiento, no basta ser bueno para las personas que se identifican ideológicamente con uno, para los amigos y cómplices. De ser así, merecerían reconocimiento universal Hitler, Stalin, Pinochet, Romeo Lucas García, Henry Kisinger, George Bush entre otros, dado que estos siniestros personajes, al beneficiar con sus actos sanguinarios a sectores reaccionarios y tradicionalmente opresores, reciben la gratitud de estos.

Para merecer reconocimiento se debe empeñar la vida, en función de causas nobles y justas. Para pasar a la historia como prohombres se tiene que aborrecer la miseria, la explotación,  la desdicha y  los crímenes de miles de millones de personas en el mundo. Para ser virtuoso y dejar huella en la historia sobran las condecoraciones, los premios, las estatuas o monumentos, basta el legado en la memoria de un pueblo, la conciencia subversora de los que sufren y la inspiración en lucha para la construcción de un mundo, donde la solidaridad prevalezca sobre el egoísmo y la vida sobre la muerte.

El bien no es relativo, aunque así lo parezca. Lo bueno, lo correcto es todo aquello que está a favor de la preservación y desarrollo digno de la especie. No se trata por lo tanto de beneficiar a un sector, a un gremio, como ha venido ocurriendo desde hace mucho tiempo en nuestro país y en otros países del mundo, se trata de pensar en la humanidad, en la construcción de un mundo justo y civilizado, que abandone cualquier tipo de violencia como forma de resolver las diferencias y se adhiera a cualquier utopía o sueño por realizar.

De ahí que, opositor a la dictadura ubiquista, Alfonso Bauer formó parte de la primavera democrática de Guatemala. Siendo en el gobierno de Juan José Arévalo subsecretario de economía y trabajo y ministro de economía y trabajo durante la administración de Jacobo Arbenz Guzmán. Su amor por Guatemala lo hizo bregar en la política durante más de sesenta años. Con austeridad y modestia, con firme convicción y honradez a través del ejercicio de sus cargos públicos, hizo escuchar su voz revolucionaria, su pensamiento incisivo. Durante su gestión pública y ejercicio político pretendió lograr la consolidación de una país libre de inequidades y asimetrías sociales.

Honor para usted don Alfonso, sé que no se debe seguir a caudillos, entiendo que no hay que venerar a ninguna persona, ni rendir culto a la personalidad. Ello constituye un primitivo rasgo de idolatría. Por el contrario pienso que debemos aprender de personajes como usted, de sus principios e ideas, de lo auténtico de su accionar, de sus errores. Gracias por mostrar a los guatemaltecos lo que es un verdadero revolucionario, un auténtico hombre de bien, gracias don Alfonso Bauer Paiz gracias por su legado, por su ejemplo de lucha y tenacidad. Tenga la certeza que el cambio está por venir en nuestro país, no hay nación que viva en la oscuridad eternamente, los procesos dialécticos no se detienen.

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