¿Votará usted por un genocida?

Por Louisa Reynolds –

Con tantas noticias de alto impacto que han llenado los titulares de la prensa durante las últimas semanas, pocos se acuerdan del proceso penal que se inició el 20 de junio – hace exactamente un mes – contra el general retirado Héctor Mario López Fuentes.

El sindicado, quien fungió como Jefe del Estado Mayor de la Defensa bajo la dictadura de Efraín Ríos Montt (1982-83), enfrenta cargos de genocidio y crímenes de lesa humanidad por haber sido uno de los principales arquitectos del Plan Sofía.

El caso es de crucial importancia en sí mismo porque demuestra que la justicia llega, aunque sea de forma tardía. Pero más allá de eso, trae a luz un pasado que le resulta sumamente incómodo al hombre que, según indican las encuestas, podría convertirse en el próximo presidente de Guatemala: Otto Pérez Molina, candidato del Partido Patriota.

Tan incómodo que Pérez Molina no ha devuelto una veintena de llamadas que le he hecho – por medio de su director de relaciones públicas, Francisco Cuevas – para cuestionarlo sobre el tema.

Los pormenores del caso López Fuentes se han dado a conocer pero no el papel que jugó Pérez Molina en las masacres por las cuales el octogenario general se encuentra hoy en el banquillo de los acusados.

Esa información – ampliamente disponible en los informes de la Recuperación de la Memoria Histórica (REHMI) y la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH), se ha omitido bajo dos argumentos: primero que no se sustenta y segundo que el juicio contra López Fuentes no va contra Pérez Molina, sino contra Ríos Montt.

Esto último, sin duda es cierto, pero también lo es el hecho de que Pérez Molina participó en los crímenes que se le imputan a López Fuentes.

¿Se sustentan o no los señalamientos contra el candidato patriota? Analice los hechos que se exponen a continuación y juzgue por sí mismo.

Pérez Molina y las masacres en la región Ixil

El Plan Sofía, una estrategia diseñada para los municipios ixiles de San Juan Cotzal, Chajul y Nebaj, en el departamento de Quiché, se enmarcaba en el Plan Victoria 82. Este plan, de alcance nacional, tenía como objetivo destruir a la guerrilla en esa zona y a las poblaciones civiles que supuestamente la albergaban, estrategia conocida como “quitarle el agua al pez”.

Durante este período se crearon las “Fuerzas de Tarea”, descritas por el REHMI como “unidades especiales de contraofensiva”, cuya historia es un extenso catálogo de masacres, ejecuciones arbitrarias, desapariciones forzadas y torturas.

En la imputación del Ministerio Público (MP) contra López Fuentes se afirma que él “organizó al Estado de Guatemala para la lucha contrainsurgente delimitando la responsabilidad de las diferentes áreas de operaciones, entre ellas la región Ixil, para lo cual reorganizó y fortaleció la Fuerza de Tarea Gumarcaj”.

El comandante de una fuerza de tarea tenía como tarea “introducir criterios técnicos para movimiento de tropas produciendo y procesando despachos de inteligencia militar y desarrollando varias tareas administrativas”. Representaba al gobierno nacional en la región, como juez, delegado de salud y ministro local de agricultura y energía.

Según una hoja de vida de Pérez Molina disponible en el National Security Archive (NAS) estadounidense, en 1982 fue ascendido al rango de mayor y en junio de ese año ingresó al Instituto Adolfo V. Hall de Occidente, donde fungió como oficial de inteligencia y posteriormente como oficial de operaciones.

Los documentos del Plan Sofía también muestran que Pérez Molina era uno de los comandantes de la Fuerza de Tarea Gumarcaj.

Esto parece indicar, explica Marco Tulio Álvarez, director de los Archivos de la Paz, que el Ejército sacó temporalmente a Pérez Molina del Instituto Adolfo V. Hall para incorporarlo a esa fuerza de tarea.

Rony Urízar, vocero del Ejército, corroboró que la hoja de vida del NAS coincide con el expediente que tienen las fuerzas castrenses pero no pudo proporcionar mayor información sobre el papel de Pérez Molina en la Fuerza de Tarea Gumarcaj, ya que por su naturaleza temporal, las Fuerzas de Tarea no aparecen en el historial de puestos de un militar.

En una nómina de elementos castrenses que participaron en un enfrentamiento con la guerrilla, fechado 15 de agosto de 1982, en Nebaj, Quiché, aparece el nombre de Pérez Molina como mayor de infantería pero no está claro cuáles eran sus responsabilidades.

“En la estructura formal no lo encontramos pero lo encontramos operando. Lo que no se puede negar es que él estaba ahí y estaba reportando desde el teatro de operaciones”, afirma Álvarez.

¿Qué ocurrió en ese “teatro de operaciones”? La CEH lo deja claro: en el municipio de Chajul, donde operaba la Fuerza de Tarea Gumarcaj, 26 aldeas fueron borradas del mapa.

El candidato con las manos manchadas de sangre

Un documento desclasificado del Ministerio de la Defensa estadounidense con fecha de abril de 1994 (dos años antes de la firma de la Paz), describe a la promoción del Ejército a la que pertenece Pérez Molina como un grupo con “objetivos democráticos” pero hace notar que “sus raíces, especialmente el círculo interior, se remontan a los rangos de la D2 y a los días más sangrientos de inicios de la década de los 80, cuando la D2 realizó ejecuciones extrajudiciales”.

Afirma que son “oficiales progresistas que crecieron con las manos manchadas de sangre”.

Es muy cierto que en 1996, Pérez Molina firmó los Acuerdos de Paz, pero también lo es el hecho de que Yitzak Rabin recibió el Premio Nobel de la Paz junto con Yasser Arafat en 1994, y no por eso dejó de ser culpable de crímenes de lesa humanidad cometidos contra el pueblo palestino.

Annie Bird, co-directora de Rights Action, y Jennifer Harbury, abogada de derechos humanos se dirigieron recientemente a Juan Méndez, Relator Especial Sobre la Cuestión de la Tortura, de Naciones Unidas, para pedirle que investigue el tema.

El 11 de septiembre, cuando usted se encuentre en la junta receptora de votos con una papeleta en la mano y deba marcar con una “X”, al candidato o la candidata de su elección, piense en las siguientes cifras: 26 aldeas destruidas,10 masacres, 67 muertes violentas, 317 víctimas mortales de población no combatiente, 9 mil desplazados.

Pérez Molina, por sí solo, no fue responsable, de esos hechos, pero sin lugar a dudas participó en ellos. ¿Está dispuesto a darle su voto a un genocida?

www.albedrio.org

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