La sexualidad en la red de los discursos mediáticos

Facundo Boccardi*
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CEA-UNC CONICET (Argentina)

La sexualidad y el discurso social

La sexualidad está cambiando. Desde hace décadas, aquello que las sociedades modernas conocen como sexualidad experimenta cambios: alteraciones, pero también permanencias. Este movimiento que efectúa la sexualidad no es aleatorio, repite las líneas de la matriz que la hace inteligible y, al mismo tiempo, las actualiza.

Uno de los puntos de partida de esta investigación lo establece la adhesión teórica a un postulado que sostiene que la sexualidad es una construcción histórica y social (Foucault, 2003). Una construcción que no sólo define su interioridad produciendo normas, condiciones y sujetos que la habitan, sino que también produce su exterior estableciendo qué sujetos y qué prácticas constituyen el afuera contra el cual se delimita nuestra sexualidad contemporánea (Butler, 2001).

A partir de las reflexiones de Judith Butler,  entendemos que el dispositivo de la sexualidad se vale de una matriz de inteligibilidad cultural para fabricar sujetos sexuados, generizados y deseantes. Las unidades que hace posible esta matriz gozan de una relación causal y coherente entre sexo, género, práctica sexual y deseo. En este punto, la heterosexualidad aparece como la grilla inexorable que fija el sentido de cada uno de estos términos y establece los límites de las posibilidades de cada identidad en un sistema binario de opuestos. Así, leyes culturales e históricas instituyen y regulan la forma y el significado de la sexualidad haciendo inteligibles aquellas identidades coherentes, continuas y estables, condenando a la ininteligibilidad a las que no cumplan con esas normas (Butler, 2001, pp. 38-67).

De este modo, el funcionamiento de la matriz de inteligibilidad establece las condiciones de subjetivación: conforma el campo de discurso en el que se “orquesta, delimita y sustenta aquello que se califica como ‘lo humano’” (Butler 2002, p. 26). Es decir, a manera de interpelaciones o atribuciones que generizan los cuerpos, la matriz de inteligibilidad opera como condición de posibilidad de las operaciones que producen “lo humano”. La producción de los cuerpos que importan, de las formas de vida deseables se recorta sobre la configuración de un territorio de abyección que como exterior constitutivo no sólo limitan lo humano sino que definen ese otro que amenaza tales fronteras con la posibilidad de derrumbarlas o resignificarlas.

Esta investigación no pretendió examinar las configuraciones del exterior signado por la abyeción, sino describir una zona del entramado de líneas visibles que recorren y constituyen el interior de la sexualidad.[4] Para ello, hemos analizado desde una perspectiva sociosemiótica un conjunto de fragmentos discursivos que circularon en la prensa nacional tematizando la educación sexual. Consideramos que estos fragmentos de discurso mediático forman parte de aquello que Angenot llama el “mercado común de la novedad ideológica” (1986). En este sentido, sostenemos que la educación sexual ha sido, desde el año 2004, uno de los temas del repertorio ineludible que dicta la hegemonía discursiva de la cultura argentina.

Dirigir la mirada hacia esa zona medular del discurso social, nos ha permitido visualizar el entramado de líneas de sentido que articulan una determinada manera de concebir la sexualidad que sería propia de la visión del mundo de nuestra época y nuestra sociedad. No se trata de una configuración totalmente estable y homogénea, ya que las líneas de sentido no siempre se desplazan en la misma dirección. Sin embargo, los significantes no proliferan de manera aleatoria en torno a la sexualidad: existe un conjunto de reglas que limita su circulación, establece su disposición en el espacio discursivo y determina quiénes están habilitados para proferirlos.

Alejados del sueño sesentista de la revolución sexual, consideramos que la sexualidad se encuentra atravesada por reglas de carácter ineludible, ya que son constitutivas de su existencia. La sexualidad es, desde esta perspectiva, un dispositivo de poder histórico y complejo, regido por una matriz que establece las condiciones de su funcionamiento. En este sentido, la forma y el significado de la sexualidad se encuentran regulados por leyes culturales e históricas que determinan las prácticas y las identidades que son sexualmente inteligibles (Butler, 2001).

Esta noción de sexualidad como construcción histórica no se define en una relación de oposición con el sexo que actuaría como el fundamento natural, fijo e inmutable: sexo y sexualidad poseen, aquí, el mismo estatuto ontológico, ambos son productos de la dimensión significante de nuestra sociedad. En coherencia con este enfoque, no creemos que el sexo sea el dato natural sobre el cual cada época y cultura construye su sexualidad, sino que es la sexualidad –cultural e histórica- la que produce el término “sexo” para funcionar (Foucault, 2003; Butler, 2001, 2002).  De este modo, cuando estudiamos el funcionamiento del discurso de la información en la construcción de la sexualidad, no estamos estudiando los modos en que el sexo es representado, sino cómo se configura y reconfigura la máquina que lo fabrica.

El análisis de los mecanismos de control discursivo

Para visibilizar los mecanismos que regulan la producción discursiva de la sexualidad, hemos realizado dos operaciones analíticas. La primera intervino en un aspecto central del funcionamiento enunciativo del discurso de la prensa: la selección de los enunciadores y la disposición en el espacio textual de los soportes. La hipótesis teórica que subyace este análisis sostiene que no cualquier individuo puede ingresar al dominio discursivo de la prensa y, en consecuencia, que es necesario exhibir ciertas cualificaciones para hablar en esta zona del discurso de un tema determinado: la educación sexual. De esta manera, el supuesto de que existen restricciones que exigen determinados atributos a los enunciadores para hablar de este tema hizo posible pensar que un relevamiento analítico de tales atributos nos permitiría identificar desde qué zonas de la sociedad; desde qué relaciones con el saber y con qué tipo de saber; y desde qué instituciones es admisible hablar de educación sexual en ese estado, y en esa zona, del discurso social.

La segunda operación consistió en el abordaje del nivel tópico del discurso de la prensa con el objetivo de describir las configuraciones de sentido que constituyen la superficie específica donde la educación sexual emerge como tema. El supuesto teórico que orienta esta operación establece que los discursos forman los objetos que nombran a partir de un juego de reglas que determinan sus condiciones de existencia. De este modo, indagamos el proceso mediante el cual la educación sexual aparece como tema del discurso de la prensa, atendiendo al conjunto de reglas y repertorios que la delimitan y la ubican en relaciones específicas y constitutivas con otros objetos.

Ambas operaciones fueron pensadas en el marco del funcionamiento del dispositivo de la sexualidad. En consecuencia, entendemos que las operaciones descriptas no constituyen mecanismos que regulan o limitan una sexualidad que los precede, sino que son componentes constitutivos del complejo dispositivo que la produce. Las regulaciones y limitaciones que describimos son, en este sentido, operaciones que producen y reproducen la configuración de la sexualidad de nuestra época.

Operación 1: ¿Quiénes hablan de sexo?

Como hemos dicho anteriormente, una de las operaciones de análisis consistió en la descripción del funcionamiento enunciativo del discurso de la prensa entendido en los términos de aquello que Foucault denomina ritual[5]. Esta operación de control discursivo constituye uno de los procedimientos que determinan las condiciones de utilización de los discursos a partir la imposición de ciertas reglas a los individuos que los pronuncian y, consecuentemente,  se limita el acceso a dicha instancia (Foucault, 1987, p. 39). Esto constituye un enrarecimiento de los sujetos que hablan, ya que nadie puede estar en el orden del discurso si no satisface las condiciones que se exigen para utilizarlo. En coherencia con lo postulado, la presente dimensión del análisis consideró que la configuración de esta zona del discurso distribuye las voces en distintos espacios y con distintas funciones, de acuerdo a la cualificación de los actores sociales que la profieren.

Las operaciones textuales de designación y los atributos relacionados constituyen las marcas significantes que permiten dar cuenta de la cualificación de los actores sociales que aparecen en calidad de enunciadores. De acuerdo con este procedimiento, es posible establecer relaciones de procedencia entre los enunciadores y ciertos campos de la sociedad. La ubicación de estos enunciadores en espacios de la sociedad permite trazar una cartografía de los actores sociales que aparecen posicionados en el discurso como interlocutores legítimos del campo de la educación sexual.

En este sentido, los interlocutores principales son los legisladores, las autoridades del Ministerio de Salud y las autoridades de la Iglesia Católica. Esta tríada de enunciadores recorre transversalmente el discurso de la prensa y demarca las tres sedes principales que autorizan a los sujetos a pronunciarse sobre educación sexual.

La legislatura, por su parte, aparece como el escenario fundamental, ya que se trata de un debate acerca de la aprobación de una ley. La constitución de esta sede de enunciación se enmarca en el proceso histórico signado por el avance de la intervención por parte de Estado en la regulación de la sexualidad.

En una línea de sentido complementaria, el lugar relevante que ocupan la iglesia hegemónica de nuestro país y la estructura gubernamental dedicada a controlar/preservar la salud de la población reitera una tensión compleja entre el discurso médico y el religioso, que se extiende históricamente desde la constitución del dispositivo de la sexualidad.

Otra de las sedes relevantes que autorizan a los enunciadores a hablar de educación sexual es el campo educativo. En el discurso de la prensa, este espacio de enunciación aparece dotado con una menor jerarquía que los anteriores. Sus enunciadores, en este caso, incluyen representantes jerárquicos de organismos gubernamentales, de las vicarías de educación de la Iglesia Católica, directivos de instituciones escolares y, en menor medida, docentes y estudiantes. Estas particularidades marcan a la sede educativa con un signo de mayor amplitud que las otras sedes, ya que no sólo posibilita el uso de la palabra a aquellos que poseen el saber patentizado por una posición jerárquica, sino que también autoriza a hablar a los sujetos del saber experiencial.

Por otra parte, en la intersección entre el campo de la salud y el de la educación, se ubican una serie de actores sociales que hemos agrupado bajo el término “investigadores”. Se trata, principalmente, de autores de libros sobre educación sexual o de investigaciones vinculadas a los estudios de las mujeres, terapia sexual, sexología y bioética. La emergencia de la investigación como sede autorizante en el cruce de diferentes disciplinas y áreas del conocimiento da cuenta de la relativa heterogeneidad de posiciones que aparecen habilitadas para pronunciarse acerca de la educación sexual desde una posición académica de saber.

Operación 2: ¿Qué dicen?

La inteligibilidad de la educación sexual como tema del discurso de la prensa se encuentra determinada por una intrincada red de relaciones que la vincula a la formación de otros objetos, prácticas, campos del saber e instituciones. Desde esta perspectiva, consideramos que el discurso social de nuestra época impone un conjunto de reglas y repertorios que establece los límites de aquello que puede ser dicho en la prensa con respecto a la educación sexual.

Tal como hemos planteado a lo largo de este trabajo, la educación sexual se encuentra necesariamente adherida a una noción de sexualidad que opera como su fundamento. Históricamente, la educación sexual se ha constituido como una de las prácticas que componen el dispositivo de la sexualidad fundado en la modernidad occidental. En este sentido, la descripción de la cartografía de la educación sexual que hemos realizado apunta a describir una zona particular del funcionamiento del dispositivo de la sexualidad que ha emergido en la superficie del mercado discursivo de la novedad ideológica.

Lugares “sagrados”

Las tensiones que recorren el discurso en cuanto a la delimitación del lugar de la  educación sexual retoman una de las operaciones topológicas medulares del dispositivo de la sexualidad: la separación entre lo público y lo privado. En este sentido, permanece, en una de las líneas de sentido, la fetichización de la familia como una de las marcas del discurso social de la modernidad. La familia sagrada, lugar de los valores naturales de la vida, constituye una de las configuraciones vinculadas al discurso de la Iglesia Católica. Otro de los espacios que aparece sacralizado, en ciertas zonas del discurso, es el Estado. De este modo, se construye una configuración del “Estado Benefactor”, estructurada fundamentalmente en torno al cuidado y la defensa de la vida de la población. En ambas operaciones de sacralización, resuenan los ecos de discursos pretéritos de nuestra sociedad que erigían a la familia y al Estado como fetiches ineludibles.

El discurso de la prensa analizado dispone dichas operaciones discursivas en una relación de pugna que tiene por objeto delimitar el espacio legítimo de la sexualidad. Este juego de tensiones se encuentra atravesado por configuraciones y líneas de sentido heterogéneas que producen una desacralización relativa de la familia y el Estado. A modo de hipótesis, consideramos que esta tensión constituye uno de los puntos visibles de las diferencias que tienen lugar en el funcionamiento reiterativo del dispositivo de la sexualidad contemporánea.

Sexualidad: salud y amor

Salud y amor son las dos grandes zonas temáticas de la sexualidad. El primero se inscribe en el discurso biomédico y el segundo, en el discurso religioso.

Con respecto al discurso biomédico, cabe aclarar que la salud es, en realidad, enfermedad. Este discurso marca la sexualidad con el signo del riesgo ante la enfermedad: la sexualidad, en este sentido, es un objeto que debe ser sometido a la prevención. Los males que la acechan son dos, las enfermedades de transmisión sexual y el embarazo adolescente, pero el último es el más peligroso. El embarazo adolescente aparece en esta zona del discurso como una “epidemia”; es decir: una enfermedad que se propaga de manera alarmante por todo nuestro territorio.

Esta configuración de la sexualidad construye a los menores[6] como sujetos en riesgo. De acuerdo con esto, el presupuesto que recorre todo el discurso de la prensa es que las prácticas sexuales ejercidas por quienes son construidos como menores están asociadas al riesgo. En consecuencia, la sexualidad de tales sujetos siempre debe  ser controlada: o bien por la familia, según el discurso religioso, o bien por el Estado.

La constitución de los menores como sujetos de la sexualidad se halla regida, en este caso, por la heterosexualidad, ya que la reproducción aparece como el núcleo problemático que debe ser sometido a la prevención por las prácticas que componen el dispositivo de la salud.

Por otra parte, en el caso del discurso religioso, la heterosexualidad también funciona como la norma que produce a los sujetos sexuados. Aquí, la sexualidad, configurada en términos de amor, aparece como una totalidad: una unión de complementos que debe ser conservada. En esta configuración, la noción de unidad funciona en dos planos. En un plano, la sexualidad es la unidad que subsume la dimensión de lo genital en un marco más amplio constituido por la afectividad. En otro plano, la sexualidad se configura como la necesaria unidad complementaria de opuestos destinada a la reproducción de la vida humana.

Los efectos de la sexualidad

El principal objetivo de este trabajo ha sido volver visibles las operaciones principales de una zona específica del discurso social contemporáneo, delimitada a partir del cruce de dos elementos: el discurso de la prensa argentina y la educación sexual. Específicamente, nuestro propósito ha sido describir y comprender las operaciones discursivas mediante las cuales la sexualidad fue construida en estos discursos.

Consideramos que estudiar el funcionamiento del  complejo dispositivo de la sexualidad es una tarea importante para comprender (y transformar) la manera de pensar (y producir) el mundo que tiene nuestra sociedad. Creemos que describir la dimensión significante de la sexualidad no es sólo enumerar un cúmulo de atributos, normalidades y anormalidades. Es, también, hacer visibles aquellas líneas superficiales mediante las cuales nuestra cultura hace que algunos individuos y algunas prácticas importen, otros no tanto, y otros ni siquiera puedan ser nombrados.

Referencias Bibliográficas

Angenot, Marc (1986): “Intertextualidad, interdiscursividad, discurso social”. Traducción de Luis Peschiera, Universidad Nacional de Rosario, Rosario (Argentina), del original: (1984) “Intertextualité, interdiscursivité, discours social”. En: Texte Nº2, Les Éditions Trintexte: Québec, págs. 101-11.

Butler, Judith (2001): “El género en disputa” (1ª edición). México: Paidós.

— (2002): “Cuerpos que importan” (1ª edición). Buenos Aires: Paidós.

Eco, Umberto (1987): “Lector in fábula: la cooperación interpretativa en el texto narrativo”. (2ª edición). Barcelona: Lumen.

Foucault, Michel (1987): “El orden del discurso”. (3ª edición). Barcelona: Tusquests.

— (2003): “Historia de la sexualidad 1: la voluntad de saber”. (2ª edición). Buenos Aires: Siglo XXI.

Verón, Eliseo (1988): “La Presse: produit, production, réception”. Langages, discours et sociétés. Nº 4. París: Didier érudition.


Notas

* Licenciado en Letras modernas por la Universidad Nacional de Córdoba y actualmente realiza el Doctorado en Semiótica en el Centro de Estudios Avanzados de la misma universidad. En el marco del “Programa de Estudios de Género” radicado en el CEA-UNC y en carácter de becario de posgrado de CONICET, desarrolla una investigación  sobre los dispositivos de formación docente en educación sexual integral en la ciudad de Córdoba.

[1] La investigación se desarrolla en el marco de un proyecto más amplio titulado Los lenguajes de género: la constitución de identidades sociopolíticas inscripto en el programa Estudios de género del CEA-UNC y dirigido por la Dra. Adriana Boria.

[2] Los materiales han sido seleccionados de acuerdo a un criterio temático incorporando todos aquellos artículos de los diarios más importantes del país de alcance nacional que presentaran la educación sexual como tópico (Eco, 1987, p. 131) durante el 2004.  El recorte temporal está determinado por la emergencia del debate en los medios a principios del 2004 y la no aprobación de los proyectos de educación sexual en la legislatura en diciembre de ese mismo año. A los fines de construir un corpus que dé cuenta de las distintas posiciones en torno al tema, hemos seleccionado medios que históricamente han estado vinculados a distintos sectores del campo político de nuestra sociedad. De este modo, el corpus se halla compuesto por todos los artículos –de cualquier género- publicados en La Nación, Página 12 y Clarín durante el año 2004 que tienen como tópico la educación sexual.

[3] En este sentido, consideramos -siguiendo a Verón- que, en el contexto de nuestras sociedades posindustriales mediatizadas, la prensa escrita representa un dominio realmente excepcional para el analista de discursos por ser rica en enseñanzas sobre las transformaciones socioculturales, al proporcionarnos un observatorio privilegiado de las corrientes que fluyen, de las prácticas y de los imaginarios sociales. (Verón, 1988)

[4] Cabe aclarar que esta distinción entre exterior e interior opera como un indicador del recorte de nuestro objeto de estudio. No lo concebimos como un par opositivo de términos excluyentes sino como interdependientes, contaminados y recíprocamente constitutivos.

[5] En palabras de Foucault: el ritual “define la cualificación que deben poseer los individuos que hablan” (Foucault, 1987, p. 41).

[6] La minoridad es una categoría sujetada a una concepción de la vida humana integrada por etapas sucesivas de adquisición de competencias hasta llegar a la mayoría de edad que, en nuestra sociedad, implica ser un sujeto con completo uso de los derechos y deberes ciudadanos. En este sentido, un menor es un sujeto definido por la carencia que limita su autonomía. Un menor, en nuestro discurso social, es un sujeto que necesita el tutelaje de otros que decidan por él y regulen sus prácticas.

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