Hacia la despartidización de los asuntos públicos

María de Lourdes Lara Hernández

Decía un colega de Guatemala que ¨la política es demasiado importante para dejársela a los políticos”. Nada más sabio. Los políticos y sus partidos políticos se han convertido en organizaciones profesionales que atienden propios intereses.

Vemos como cualquier proyecto nacional que se delega a algún partido de turno, se reorganiza y adecua a los intereses del partido. ¿Y los asuntos públicos? ¿Dónde quedan? ¿Quién los asume?. En este País le hemos entregado nuestros problemas y nuestros proyectos a un grupo de personas que, según sus ideas e intereses, deciden el manejo de los recursos públicos, las agencias, legislaciones y hasta los valores que debemos seguir.

El partidismo político se ha identificado como el obstáculo mayor para lograr cualquier cambio social o económico. Utilizan el poder que se les delega para perpetuarse a cualquier precio. Votar inteligentemente significa, para algunos, poner una cruz debajo de una insignia sin evaluar candidatos y sin medir labor realizada: basado en la lógica de que el voto nos se bota. Esto demuestra que se ha perdido la razón y sentido del proceso democrático.

Atender los asuntos públicos que afectan a la ciudadanía es la razón de que existan, no sólo partidos políticos, sino todo tipo de organizaciones y movimientos civiles. Educar políticamente a la ciudadanía es tarea de maestros, profesores, líderes comunitarios, organizaciones sindicales, la familia, los medios de comunicación y, por supuesto, los partidos políticos. Esa misión y tarea indelegable garantiza que un país sea democrático en todo el sentido de la palabra. No hablo de educar sobre las ideologías de los partidos de turno, sino educar sobre la responsabilidad política de analizar, decidir y promover acciones que garanticen la solución y manejo de problemas sociales. Hablo de validar la voz y la inclusión de todos los sectores y de fortalecer los derechos civiles y humanos en la sociedad. Esta tarea fundamental se ha perdido a través del tiempo, dejando al País a merced de estos grupos que desde sus partidos profesionales contradicen las bases mismas de la democracia. ¿Cómo hacer para salir del callejón sin aparente salida en el que estamos metidos como pueblo?

La misma ciudadanía ha iniciado el cambio y está proponiendo alternativas. Salir del partidismo político supone un intenso proyecto de educación y de acciones concertadas entre todos los sectores que han creado conciencia de que la política es demasiado importante para dejársela a los políticos. Proponen, primero, crear proyectos de País que se gesten más allá de las plataformas y el periodo eleccionario que ahora monopolizan los partidos. El proyecto educativo que tanto necesitamos debe planificarse, implantarse y medirse por alianzas transectoriales y por periodos de diez o quince años. Nuestra seguridad no puede estar en manos de la policía: debemos asegurar la vida y la propiedad desde programas probados científicamente y no desde la improvisación y la criminalización de todo sector que no este de acuerdo con las propuesta del gobierno de turno. El patrimonio de nuestros recursos, lo debemos defender y sostener en todos los espacios y no delegarlo a los intereses de grupos y sectores que puedan comprarlos para su beneficio exclusivo. El desarrollo socioeconómico sustentable no se puede negociar y tiene que ser de largo plazo, inclusivo para toda la población. Para esto, la intervención y acción debe partir de un plan de uso de terrenos que garantice la sustentabilidad de la Isla. La ciudadanía debe exigir un sistema de salud universal para todos sus habitantes, efectiva y viable. El País debe regirse por derechos constitucionales que protejan a todas las familias, independiente de sus credos o género.

Todas estas propuestas ciudadanas, todas de mediano y largo plazo plantean las acciones para la despartidización de los asuntos públicos. No podemos dejarlo al criterio de los partidos políticos como únicos representantes de la sociedad. Todos los sectores deben tomar decisiones serias de abandonar la práctica de seguir alimentando el partidismo político e invertir sus tiempos y recursos en re-educar a sus ciudadanos hacia otra ruta de acción. Es responsabilidad de todos asumir otros discursos y otras prácticas si queremos otro Puerto Rico. Seguimos…

María de Lourdes Lara Hernández

Psicóloga Social Comunitaria

madelourdeslara@yahoo.com

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