Víctima de una sociedad de consumo o, alienación por los medios de comunicación

A mis hijas con amor y respeto

Autor: Jairo Alarcón Rodas

Recientemente se difundió por un canal de la televisión española, el caso de Marta, una adolescente que se vio involucrada en un incidente sumamente curioso. La noticia inicial, que hubiese sido  el final de la historia, fue que intentó suicidarse. La trama que siguió a ese hecho es de lo más singular. Sin embargo, tal historia es entendible en un mundo cada vez más cosificado y deshumanizado. Y es que en escenarios donde la moda, la apariencia y la superficialidad se instalan, en las conciencias de los individuos, a través de los medios de comunicación, son factibles este tipo de relatos.

En sociedades en las que el mercantilismo se entroniza, en donde se crean necesidades artificiales y el esnob, en la juventud, constituye un valor preponderante. Donde se destruyen valores esenciales, para el desarrollo de una sociedad realmente humana y el consumo y las marcas prevalecen. En el mundo de las transacciones, de la compra y venta, en donde lo importante no son las personas sino el lucro y la utilidad que estas puedan generar. En sistemas donde, como Karl Marx decía, se reduce a hombres y mujeres a mercancía, las perspectivas de desarrollo existencial, intelectual y espiritual, se alejan.

Con especial trama novelesca los acontecimientos que siguieron al fallido suicidio, dan la pauta a muchas reflexiones, que va de lo antropológico, a lo ético. Marta, una adolescente como cualquier otra, fue acusada de hurto. Parafraseando lo hechos, estos se inician cuando en el colegio, en donde estudia, se pierde una cartera. La maestra revisa todas las pertenencias de los alumnos y la encuentran, en el bolso de Marta, le piden explicaciones, que ésta no puede dar. Las autoridades escolares y compañeros la acusan de ser la ladrona de la clase.

En el colegio, los maestros interrogan a sus compañeros sobre algún comportamiento extraño de Marta y estos dicen que ella se viste con prendas muy costosas, imposibles de ser compradas por sus padres, dado sus escasos recursos. El caso pasa a manos de la policía que  tras interrogarla, deciden efectuar una visita a la vivienda de la adolescente. De inmediato se evidencia que lejos de vivir en la opulencia, Marta reside en una humilde vivienda. Buscan en su dormitorio y abren su armario y ven todo un arsenal de prendas lujosas, de marcas exclusivas y precios exorbitantes.

El relato de por sí, sería irrelevante, si se tratase simplemente, de un burdo acto de pillaje, cometido por una ladronzuela selectiva. Pero lo sucedido no fue así. El contexto donde se desarrolla la historia, es que en España, se han cometido recientemente, una serie de robos. En los cuales se destacan los delitos cometidos por jóvenes que, al pretender un status que da, dentro de las sociedades de consumo, el tener, hacen lo impensable para alcanzarlo. Situación que se agrava con el hecho de que, al no poseer el dinero para comprar lo que se quiere: artículos caros y de marcas selectas, deciden robarlos.

Debido a eso, la policía decide darle seguimiento al caso de Marta, investigándola, e interrogando a los que la conocen. Luego de visitar su casa y encontrar una serie de prendas exclusivas en su guardarropa que no concuerdan con el ingreso económico de su familia, las evidencias apuntan a que ella es culpable. Ella vive en un piso con sus padres, donde no hay lujos ni comodidades. Al ser interrogada por el origen de las prendas encontradas, Marta rompe en llanto negándose a explicar lo sucedido.

La investigación continúa y se descubre la realidad de lo sucedido. Frecuentemente, ella visita barrios lujosos. La investigación policial descubre, en esos suburbios, periódicas visitas de personas a los contenedores de basura. Encuentran a un hombre registrando los basureros y le preguntan si conoce a Marta. Él les dice que sí, que ella llega a buscar ropa en los botes de basura. El hombre les detalla los horarios en los que ella llega a recolectar la ropa.

Regresan al colegio para aclarar lo sucedido con respecto al comportamiento de la estudiante, mientras eso sucede, les avisan que Marta intenta suicidarse. Ven a Marta parada junto a una ventana del tercer piso con ánimos de lanzarse. Ella prefiere morir, antes de que todos sepan que se viste con ropa de los basureros, de que descubren que las prendas con las que se viste, son desechos de familias opulentas.

Hablan con Marta, la convencen a que desista de su intensión, y es persuadida. Con lágrimas en los ojos y mucha vergüenza, relata su historia. Le preguntan de nuevo por la cartera que apareció dentro de su bolso y ella declara que es inocente, afirma que no la robó. Al ver la trágica escena, al observar el intento de suicidio y la situación en la que se encuentra Marta, un compañero de clase decide hablar y confiesa que fue él quien robó la cartera y la colocó en el bolso de Marta.

Al parecer la mayoría de seres humanos, para adquirir el sentimiento de pertenencia, hacen lo imposible para ser aceptados. En este caso, Marta no es la excepción. Como ella, podría ser cualquier joven de cualquier ciudad del mundo. En esta trágica historia, se destaca que, Influenciada por los medios de comunicación y para ser admitida en una sociedad alienada, de apariencias y superficialidades, la joven española, se dio a la tarea de buscar, seleccionar, recoger y vestirse con ropa encontrada en los basureros, de mansiones de millonarios. Slogan, publicitarios, actitudes de mujeres y hombres victimas de sociedades artificiales la empujaron a cometer tales actos, de la misma forma que empujan a millones de personas en el mundo a consumir artículos innecesarios. El fin, adquirir el status que les permita pertenecer a ese tipo de sociedades.

El desenlace de la historia fue que Marta se salvó de morir. Y es que ella, prefirió suicidarse, antes de pasar la vergüenza de presentarse ante sus amigos y conocidos, enterados de que se vestía con los despojos de otros. Indudablemente la maquinaria de enajenación impulsada a través de los medios de comunicación aliena a la juventud. Las sociedades de consumo son así, invaden el ambiente con superficialidades, por medio de anuncios publicitarios, con su carga subliminal, cosifican a las personas, valorando más el tener que el ser. De tal modo que, muchos jóvenes cifran el valor de su existencia, en ser admitidos y desenvolverse en un mudo de fantasía, vicios y superficialidades.

En Europa, Asía, en los centros urbanos de África, en América, Oceanía, en todo el mundo, el poco criterio e incipiente sentido común, las actitudes acríticas están más latentes de lo que se supone. Las diferencias que existen entre las personas, en el llamado primer mundo, del resto de mundos es solamente, cuestión de oportunidades. En consecuencia si se le da la oportunidad a las nuevas generaciones de formarse un carácter crítico y reflexivo, donde prevalezcan los valores esenciales, dirigidos a lo que se es y no a lo que se aparenta, sin duda viviremos en una sociedad más armónica y libre de pretensiones banales y sin sentido.

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