La crisis mundial: toma forma “la tormenta perfecta”

Prensa Obrera

Quizá sea culpa de la Copa América o la inminencia de las elecciones porteñas, pero pocos han prestado atención, como es obvio, a la decisión del fondo de inversiones de Singapur, Temasek, de vender el 49% de sus acciones en el Banco de China y el 8% de las que posee en el China Construction Bank. Temasek ha sido el mayor inversor institucional en el Banco de China. Una semana antes, la Auditoría Nacional de China había informado de que esos bancos poseen 1,2 billones de dólares en deuda de los gobiernos locales (el PBI de China es de alrededor de cuatro billones de dólares). Luego de conocida esta información, la prensa informó de que las ramas financieras de estos gobiernos, en Shanghai y Yunan, podrían declararse en cesación de pagos. La acción de Temasek “hizo sonar las alarmas sobre las perspectivas del conjunto del sector bancario”. El Bank of America, el segundo inversor en importancia en el Banco de China, “planea seguir los pasos de Temasek”. Siempre de acuerdo con The Wall Street Journal (6/7), “El mercado parece haber llegado a la conclusión de que los principales inversores se encuentran preocupados por los riesgos ocultos en los bancos chinos”. Las acciones de los dos bancos cayeron un 13 y un 14%, respectivamente, en junio.

Para la calificadora Moody’s, “La escala potencial de los problemas de los préstamos de los bancos de China puede encontrarse más próxima a su hipótesis de tensión que de normalidad” -créditos morosos del 8 al 12% en lugar de 5 al 8%-. A menos que China proponga ‘un plan maestro claro’ para limpiar su cúmulo de deuda estatal local, la perspectiva crediticia de los bancos de China puede convertirse en negativa”.

El mismo día que el fondo de Singapur ejecutó la liquidación de sus acciones en el Banco de China, el Banco Central de este país volvió a subir la tasa de interés, alegando la necesidad de domesticar la inflación, la cual alcanzó el 6,6% anual. Desde el derrumbe de finales de 2008, el gobierno de China llevó adelante una agresiva política de gasto fiscal y de expansión del crédito, que ha redundado en muchas inversiones no rentables y en el otorgamiento de préstamos impagables. “Proveer estímulos monetarios es la parte fácil; retirarlos resulta ya más embarazoso”. Este comentario del Financial Times (6/7) está relacionado con la observación de que “los inversores están alarmados por cualquier desenvolvimiento que parezca elevar las chances de un aterrizaje forzado en China”. O sea de una crisis financiera. Un síntoma poderoso de esta posibilidad es que la tasa de interés de corto plazo supera a las que se pagan por préstamos a plazos prolongados; los deudores morosos salen a endeudarse para salir de la mora. Con independencia del curso que siga esta crisis, lo cierto es que asesta un golpe a la demanda mundial que tiene a China como la principal protagonista, en momentos en que se agrava la situación industrial en Estados Unidos y Europa. El ‘desacople’ de China, cuyo crecimiento debería permitir balancear la recesión en Estados Unidos y Europa, se viene agotando desde hace tiempo.

Grecia y Portugal

Pero los ‘astros’ se han complotado para hacerle otra mala jugada a la burguesía mundial con el anuncio de la rebaja de la calificación de la deuda pública de Portugal, que ahora quedó convertida en “basura”. La ironía es que esta descalificación obedece a que las exigencias puestas a los bancos alemanes y franceses para refinanciar la deuda de Grecia ¡reduce la capacidad de rescatar a Portugal! (Wall Street Journal, 6/7). Como ocurre en los otros países quebrados, sin embargo, la deuda pública es lo de menos: la deuda privada de Portugal es un 260% del PBI. Como en un naufragio, primero los niños y las mujeres -salvar a los bancos es la regla del juego de una misión imposible-. “La descalificación va a disparar los costos directos para Portugal en la medida en que producirá un efecto cascada en el sistema” (Wall Street Journal).

Pero, pero… “De acuerdo con el Banco de Basilea, el sistema financiero de España es el más expuesto al riesgo de Portugal, por 113.000 millones de dólares en deuda pública y privada, aproximadamente un tercio de la deuda pendiente del país”. Entre los principales afectados: BBV, Santander, Popular Español. “La descalificación de Portugal -insiste el Wall Street Journal– llega en un delicado momento para España”, nada menos que el país que “es demasiado grande para ser rescatado”. El economista conservador Nouriel Roubini, al incluir a Italia en la situación de España, llamó a las autoridades monetarias a hacer una caracterización de conjunto de la crisis. Un derrumbe, el 24 de junio pasado, de la Bolsa de Milán, llevó al Corriere della Sera a advertir de que algunos bancos italianos no superarían el examen de ‘resistencia’ que están efectuando las autoridades, con la correspondiente baja de calificación de sus deudas; entre ellos no estaría el Unicredit (algo sospechoso), pero sí el Intesa, el Banco Popolare y varios más. La amplitud del derrumbe financiero en Europa excluye la posibilidad de que alcance como salida una refinanciación de la deuda de Grecia, con o sin quita. También aleja la hipótesis de que un bono europeo pueda sustituir las diferentes deudas públicas nacionales, porque al final los rescatadores son nada menos que los mismos siniestrados. La deuda conjunta de Irlanda, Portugal y Grecia solamente -o sea pública y privada, bancaria y no bancaria- suma 900.000 millones de euros -1,3 billones de dólares (The Economist, 16/4). La deuda exclusivamente pública es la cuarta parte de esto: ¿quién está en quiebra, entonces?

Financial Times (21/6) es muy claro con relación a Grecia: “Los retiros mensuales de depósitos de los bancos fueron de 1.500-2.000 millones de libras esterlinas en el primer trimestre del año”, 2.500-3.300 millones de dólares por mes. En 2010 se retiraron 30.000 millones de euros, o sea 42.000 millones de dólares, el 12% del total de los ahorros. Es decir que hay un vaciamiento bancario que es compensado por dinero del Banco Central Europeo, cuyo balance (títulos acumulados) es de 2,8 billones de dólares, frente a un billón hace tres años. “Además, el organismo posee decenas de miles de millones de euros como aval de los préstamos (o sea que no figuran en el balance del BCE) otorgados a los bancos comerciales griegos, cuyo valor podría derrumbarse en caso de que el país caiga en una cesación de pagos” (Wall Street Journal, 4/7). La salida de dinero de Grecia hacia Chipre -12.000 millones de dólares- sufrió un parón cuando quedó en evidencia la posibilidad de quiebra de ¡los bancos chipriotas! (Financial Times). ¿Quién se anima en estas condiciones a refinanciar deudas que nunca serán pagadas? La mencionada Moody’s acaba de advertir a los acreedores de Grecia de que rebajaría su calificación si procedieran a una refinanciación (Wall Street Journal, 5/7). La Unión Europea y la sociedad capitalista en general enfrentan el desafío de una reorganización económica para la cual no tienen los recursos financieros ni, al menos todavía, los medios políticos, pero que modificará en forma radical todo el contexto histórico. El inmovilismo que se manifiesta en el recurso exclusivo al ajuste se encuentra en el punto del estallido. Las autoridades políticas pretenden repetir la dosis caballar de ajuste que aplicaron a los países del Báltico, sin haber provocado conmociones políticas, pero no los han sacado de la depresión, que ahora se agravará con el empeoramiento de la situación financiera mundial en su conjunto.

USA y América Latina

¿Y cómo vamos del otro lado del Atlántico? “Los factores que ralentizan el crecimiento de Estados Unidos son crónicos”, dice Roubini (La Nación, 26/6), y remite al hundimiento de la demanda como consecuencia del derrumbe financiero. “Y a diferencia del período 2007/10 -prosigue- (…) en esta ocasión las autoridades se están quedando sin municiones”. Las líneas de crédito de los bancos han caído de 3,04 billones de dólares a 2,69 y para el sector inmobiliario de 1,33 a 1,15; “el crédito bancario a hogares y empresas en Estados Unidos ha caído un 4% desde que comenzó la recuperación” (Wall Street Journal) (¡!), o sea que no la hubo nunca, porque la economía capitalista no es una economía de transacciones simples, sino de expansión y crédito. Este impasse explica las divisiones políticas en Estados Unidos, donde no se logra que el Congreso autorice una margen mayor del tope de endeudamiento del Estado. Esto explica la caída de la cotización de los bonos del Tesoro estadounidense, o sea una corriente vendedora de deuda pública, lo cual aumenta la tasa de interés en medio de una recesión.

Estos aumentos de tasas de interés, en los bonos Estados Unidos o en la tasa del Banco Central de China, conducen a lo que un columnista del Financial Times adelantó como “Reversión de fortuna en preparación en las acciones de los países emergentes” (21/6), o en porteño básico: peligro de salida de capitales. El periodista cita el caso de la Bolsa de Shanghai, donde el valor de acciones cotizantes pasó del 140 al 62% del PBI. En el caso de Argentina, se estima una salida de capitales, en 2011, de 15.000 millones de dólares. El efecto de este reflujo financiero se manifestará, asimismo, en la cotización de las materias primas de exportación; el gobierno intenta controlar una devaluación de la moneda (que se cotiza en el paralelo con un diferencial del 20%), mediante la venta de títulos en dólares de la Anses, que se ha convertido en una caja para todo servicio. Argentina enfrenta una inflación elevada en condiciones de congelamiento de servicios básicos como energía y transporte, que es lo que la hace potencialmente explosiva. Mario Blejer, banquero, londinense de arraigo y fiel a los K, apuntó en Ámbito Financiero que “las dos principales amenazas vienen por el lado de una crisis fiscal en Europa y un frenazo de los emergentes para contener la inflación”. Podemos concluir, entonces, que la economía política K se encuentra en ‘libertad condicional’. Esto explica que hayan traspasado los bonos que se ajustan por inflación de los acreedores internacionales a la Anses, lo cual equivale a una confiscación económica enorme, porque se aplica el índice del Indec.

Manos a la obra

Más arriba citamos a Roubini diciendo que los Estados no tienen los recursos del pasado para afrontar la nueva etapa de la bancarrota capitalista; tampoco cuentan con la pasividad de las masas. La belicosidad de los explotados se va convirtiendo en el factor fundamental del derrumbe, pone límites infranqueables al capital y prepara las condiciones para una salida anticapitalista.

rCR

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