La memoria y la digna rabia

Foto Felix Elgato Acajabon

Por Por Sergio Tischler* –

Somos la digna rabia, como dicen los zapatistas. Somos la digna rabia porque estamos aquí, en este momento, en estas plazas, en estas calles, diciendo ¡NO! Diciendo ¡NO! con nuestros cuerpos, con nuestros corazones. Diciendo ¡NO! al discurso hipócrita del poder que nos dice: la violencia, el crimen, la injusticia, son asuntos del pasado, porque si todavía existen ya no son artefactos del poder sino tareas pendientes que juntos, Ustedes, los de abajo, y Nosotros, los de arriba, vamos a resolver con la armonía que nos dan las instituciones democráticas. Lo que importa es progresar, de eso qué duda cabe. Lo que importa es atraer la inversión de capital, triturar montañas y abrir caminos que nos conecten con el mundo feliz del gran mercado. No importa que haya “daños colaterales”. Los campesinos que sufren hoy las consecuencias del progreso, sabrán mañana agradecer a sus gobernantes la sabiduría de sus mandatos. Todos habremos progresado, todos estaremos disfrutando del desarrollo: campesinos, trabajadores, pueblo de Guatemala…

Pero nosotros, la digna rabia, no nos tragamos ese discurso de luces artificiales e impostura barata. Venimos de una larga noche. Y allí hemos sembrado nuestras fogatas. Sabemos que el amanecer de los de abajo nunca ha sido y nunca será obra de los de arriba. Sabemos que el tiempo del hoy es todavía el tiempo de los de arriba. Sabemos que en el tiempo del hoy se prolongan las injusticias del tiempo del ayer, porque el tiempo del ayer, el tiempo de la conquista, de la colonia, de la dictadura de los cafetaleros y militares, del despojo a los campesinos, del genocidio, de la humillación sistemática, está presente en nuestra vida cotidiana.

Nuestro hoy no es algo radicalmente diferente. Quizás hayan cambiado algunas formas, muy pocas, pero el contenido es el mismo. Vivimos la pesadilla. En esa larga noche hemos cultivado la memoria, un tipo especial de memoria, que es como el fuego que nos ilumina. Es la memoria de la digna rabia. Desde esa noche iluminada por la esperanza, por el fuego de las luchas, nos ven los nuestros, aquellos-nosotros que están en nuestros corazones (el corazón es memoria) porque lucharon, porque resistieron, porque dijeron ¡NO! el día que había que decirlo, con sus propios recursos, con la esperanza entre los dientes, como dijera John Berger. Allí están los indígenas amotinados en la época colonial; los más consecuentes revolucionarios del 44-54; Arbenz, por supuesto; las y los comunistas asesinados, las y los guerrilleros poetas y no poetas, las comunidades masacradas por el ejército por aspirar a un mundo libertario, los compañeros y compañeras que están siendo asesinados hoy por defender causas justas. Son nuestra herencia, son nuestra tradición. Y por ningún motivo vamos a dejar que el poder se apropie de ellos. Porque si somos despojados de esa herencia entonces nos convertiremos en tristes víctimas.

Y no somos víctimas. No pedimos que el Estado nos reconozca como tales para hacer tabla rasa del pasado. Y no es que no seamos parte de un agravio histórico todavía vigente, sino que nos negamos a ser reducidos a una categoría que secuestra nuestra historia y que la hace manipulable por el poder. Somos la digna rabia porque somos luchadores, porque queremos cambiar el mundo, este mundo de mierda lleno de sangre e injusticia. Por eso peleamos con la rabia entre los dientes. Nuestra herencia es dignidad y no subordinación. Nos quieren humillados, nos quieren dóciles, nos quieren civilizados ciudadanos que votamos por quienes nos van a humillar. Pero no. Estamos aquí para decir ¡NO! Para decir ¡NO! como miles de personas en el mundo los están haciendo hoy en Grecia, en España, en México, en las montañas del sur-este mexicano y el altiplano guatemalteco, y en muchas partes más…

La dignidad es lucha. Pensar es luchar. Es una manera de luchar, de decir ¡NO!, de ser parte del torrente de la digna rabia. Hace ya un buen tiempo escribí un libro(i) con rabia e indignación. En él se dice que la memoria es un diálogo entre el dolor y la esperanza. Lo sigo sosteniendo.

Puebla, 28 de junio de 2011.

(i) Me refiero al libro Guatemala 1944: crisis y revolución. Ocaso y quiebre de una forma estatal.

* Profesor Investigador del Posgrado de Sociología del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

www.albedrio.org

Te gusto, quieres compartir