Armas y construcción de otro país

Por Mariano González . –
magopsi@yahoo.com.mx

Comprendo que es un tema delicado y que puede suscitar ciertos equívocos, pero el asesinato de un joven empresario que intentó defenderse ante un asalto es un acontecimiento que requiere alguna reflexión.

En primer lugar, el contexto en el que vivimos: es sabido, tan sabido que termina por oscurecer otros problemas, que vivimos en un país violento y que una parte considerable de la población está cansada de ello.(i) Ante tanto robo, secuestro, extorsión y asesinato se prefieren las medidas represivas y la posibilidad de la “autodefensa”. Obtener una pistola se ha vuelto opción para defenderse. Seguramente eso pensó el desafortunado joven al comprar y cargar un arma.(ii) Ante la pérdida de propiedad quiso ajustar cuentas y no advirtió que los ladrones también están preparados para actuar con violencia frente a sus víctimas. La lógica que existe en ciernes aquí es una espiral creciente de uso de violencia. De respuestas recíprocas que incluyan mayor capacidad y facilidad en el uso de violencia. Creo que así no llegamos a ningún lado.

Pero lo que resulta central es la alternativa a respuestas individuales y que apuesten por “devolver” el fuego. Aunque es comprensible que las personas piensen que un arma les puede servir para defender su vida, a sus seres queridos o sus propiedades, a menos que se viva con un ejército privado (y valdría la pena señalar que ni siquiera así se es totalmente inmune a la violencia), la mejor “defensa” es la construcción de otro tipo de sociedad, de país.

Esto no es tan solo una opinión. Distintos informes sobre violencia, señalan que ni las políticas de mano dura ni las armas de fuego son una buena política contra la violencia. Por ello, la solución no es que los ciudadanos se armen o se utilicen medidas represivas exclusivamente (subrayo el exclusivamente).

Parece ser ya un llamamiento político (por vacío e inefectivo), pero resolver el problema de la violencia implica un esfuerzo colectivo dirigido a cambiar aspectos significativos de nuestra sociedad: se requiere recomponer la institucionalidad del país (las instituciones de seguridad y justicia, pero también las instituciones políticas), promover otro tipo de funcionamiento económico y bienestar que implique una mejor distribución de la riqueza (un esfuerzo consciente por mejorar las condiciones de trabajo, salud, educación, vivienda como fines primordiales de la economía y el estado), así como impulsar la defensa de la soberanía nacional frente a la “guerra contra el narcotráfico” que promueve Estados Unidos y adoptar una posición que no sea suicida (no seguir dicha guerra). De fondo, también se necesita cambiar una sensibilidad cultural que, como lo expresa Helio Gallardo, hace coincidir la vida con el consumo.

La respuesta a la violencia delincuencial también es una respuesta a aquellas condiciones estructurales que permiten que existan los niveles de violencia en los que nos encontramos.


(i) Recientemente, Silvia Gereda señalaba que en la segunda mitad del siglo XX habían muerto medio millón de niños por desnutrición, más del doble de víctimas mortales del conflicto armado interno. Pero este tema, más rural y más indígena, no recibe la misma atención que las muertes en la capital o en lugares urbanos. Así como no recibe la misma atención la muerte de un joven marginalizado que la de un joven empresario.

(ii) Insisto con lo delicado del tema: esta no es ninguna acusación al joven empresario. Más bien quisiera comprender que una actitud compartida por muchas personas, provocada por la situación, también origina tragedias. El problema, insisto, es comprender que la “defensa” puede alimentar una lógica de retaliación y de mayor uso de fuerza. En casos específicos, es muy difícil saber qué hacer y por supuesto que no puedo aconsejar. El punto es tratar de comprender.

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