¿Seguimos en guerra?

Por Mario Rodríguez /PúblicoGT

Terminó la Conferencia Internacional de Apoyo a la Estrategia de Seguridad para Centroamérica con promesas, montos de financiamiento y polémica. Los resultados giran alrededor de dos cuestiones que no son poca cosa: quiénes podrán las víctimas y quiénes el dinero.

No es tarde para preguntarnos ¿cuál es la mejor estrategia para enfrentar el crimen organizado y el narcotráfico?. Las respuestas son variadas, todas tienen sus riesgos y sus trampas. Las que están ahora sobre la mesa, pocas van a la raíz del problema y en muchas hace falta la voluntad política, más allá del discurso.

El planteamiento de Estados Unidos es la militarización de la lucha anti drogas, replicando el modelo colombiano y mexicano. La cooperación en materia de narcotráfico y terrorismo llevado a cabo a través del Plan Colombia es el marco de referencia, ahora desarrollado dentro de lo que se conoce como Plan Mérida que abarca el proceso de militarización de la región bajo la doctrina de seguridad nacional.

Esta visión trata de combatir el problema de la producción y la oferta de drogas, militarizando bastas regiones del continente con el pretexto de luchar contra el narcotráfico, sin atacar la demanda interna. La demanda de drogas que provoca la sociedad estadounidense no es parte de su estrategia.

La estrategia mexicana de militarizar la lucha contra las drogas es un fracaso, tanto por los resultados obtenidos como por la perdida de fe de la ciudadanía en la estrategia del gobierno. Las marchas impulsadas por el poeta Javier Sicilia muestras las divergencias existentes entre la sociedad y la postura gubernamental sobre este tema.

Militarizar la lucha contra esta actividad, corre el riesgo de generalizar la violencia sin alcanzar ningún resultado como ocurre en la actualidad. El costo en vidas es inmenso. Y los estados centroamericanos son frágiles, corruptos y sus funcionarios muy permeables a involucrarse en el negocio. Qué nos queda entonces.

El dilema de legalizar la droga, fiscalizar los flujos monetarios generados y controlar el consumo, tampoco es una solución si sólo se adopta en determinados territorios. Eso nos lleva a un callejón sin salida, en donde los gobiernos se encuentran ante el dilema de atajar un problema que es impuesto por una creciente demanda, o dejar que las cosas sigan su curso, evitando daños menores, pero aprovechando el flujo de recursos que ingresa a la economía provenientes de dicha actividad.

Al final, se está imponiendo la militarización de las sociedades como solución al combate al narcotráfico. ¿Es esa la nueva función del ejercito?. Es esa la solución, o sólo pondremos las víctimas a cambio de fondos para implementar políticas que vayan a resguardar la seguridad de Estados Unidos. El tiempo lo dirá.

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