Lección irlandesa para una tragedia griega

Alejandro Nadal

Parece que los mercados financieros ya dan por sentado que Grecia se declarará en suspensión de pagos en los próximos meses. El primer paquete de rescate y la austeridad que se impuso sobre Atenas fracasó. Sus objetivos principales, la reducción de la relación deuda/PIB y la estabilización de la relación con los mercados financieros, parecen hoy inalcanzables. El horizonte no se ve bien.

Por supuesto, la restructuración sería lo más conveniente para Grecia. Tendría un costo menor para el pueblo de aquel país, y tendría la virtud de colocar parte del peso de la crisis sobre los prestamistas que son corresponsables de esta debacle. Atenas podría dedicarse a recuperar la salud de sus finanzas sin sacrificar a una generación (como sucedió en América Latina a partir de la crisis de los ochenta).

Pero, claro, se dice que si Grecia se ve forzada a declarar la suspensión de pagos, el efecto en cascada hará que la debacle después de la quiebra de Lehman Brothers en 2008 parezca un día de campo. Según esta narrativa, en el tsunami del contagio, el pánico no sólo llevará a ventas de bonos de países como Portugal, España e Italia. También conducirá a descargar activos de países considerados más sanos y hasta de las grandes corporaciones estadunidenses.

Todo eso es especulativo. Lo que sí sabemos por el momento es que el primer paquete de rescate condujo a una austeridad que empeoró la recesión y redujo la recaudación. Por eso hoy el riesgo de moratoria griega es más fuerte que nunca y aquí hay dos posibles escenarios. El primero es el de la restructuración suave, con simples extensiones de los plazos de vencimiento y algunas reducciones en las tasas de interés. Es el escenario que apoya Angela Merkel, porque ante su electorado quiere dejar claro que ella no va a gastar recursos fiscales en rescatar a los bancos privados. El otro es el de una restructuración dura, con recortes en el principal, además de los cambios en plazos y tasas. Como era de suponerse, el sector financiero, con el Banco Central Europeo (BCE) a la cabeza, ha cerrado filas para evitar cualquier tipo de restructuración.

¿Cuál es la razón profunda de esta oposición a todo lo que huela a restructuración de una deuda que de todos modos parece impagable? La experiencia de Irlanda es aleccionadora. Morgan Kelley, profesor de economía de University College (Dublín), publicó un artículo (disponible en www.irishtimes.com) sobre el fallido intento por restructurar la deuda irlandesa. En noviembre de 2010 el BCE insistía en su posición radical de respaldo a los acreedores. El defenestrado Strauss-Kahn del FMI surgió como partidario de una restructuración y el gobierno en Dublín agradeció el apoyo de este aliado inesperado. Esa restructuración pasaba por quitas al principal y cambios en plazos de vencimiento y tasas de interés. Pero el arreglo fue torpedeado por Tim Geithner. ¿Por qué razón se opuso el secretario del Tesoro estadunidense a la restructuración de la deuda irlandesa?

Para Geithner, una restructuración irlandesa podría provocar un efecto de contagio en Europa, afectando a bancos estadunidenses que deberían pagar unos 120 mil millones de dólares en swaps de deuda (los temidos credit default swaps o CDS). Estos derivados financieros fueron originalmente diseñados como una forma de seguro para el caso de moratorias de deuda. Pero adquirieron vida propia y se convirtieron en mecanismos de apuestas de alto riesgo, sembrando minas explosivas en el mundo financiero.

El monto de la exposición estadunidense a través de esos CDS es una estimación, porque ese segmento del mercado financiero es demasiado opaco. Por su parte, la calificadora Fitch asegura que más de 44 por ciento de los recursos de los bancos estadunidenses en el mercado de dinero se encuentra colocado en bancos europeos. Con razón está preocupado Geithner.

Hace un par de días Dublín intentó resucitar su demanda de restructuración, por lo menos de un segmento de la deuda incurrida en el rescate de los bancos. Nuevamente el sabotaje de Washington hace impensable esa salida. La postura de Geithner es sencilla: los recursos públicos son para rescatar a los bancos, sin importar el costo para los ciudadanos de un país. Poco importa que en el origen de la crisis los dueños y directivos de los bancos hayan actuado con desmedida codicia y negligencia.

Es evidente que hoy se necesita algún tipo de restructuración de la deuda griega. La única forma de levantar a ese país es a través de un nuevo plan, con una perspectiva de largo plazo, que permita recuperar el crecimiento y la recaudación. En todo caso, la solución que finalmente se adopte en el caso de Grecia será determinada políticamente. No existe ninguna razón para adoptar un plan cuya única lógica sea castigar al deudor. En estos días de aniversario del Bloomsday, si Joyce pudiera vernos seguramente escribiría que la tiranía que nos impone el sector financiero es una pesadilla de la que todos tratamos de despertar.

http://nadal.com.mx

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