Democracia de quién y para quién

Por Lourdes Álvarez –
usacconsultapopular@gmail.com

Pariente 1, pariente 2 y pariente 3. Así resume su lista de financistas uno de los candidatos a la Presidencia del país, que evidentemente cuenta con algo más que el aporte familiar y solidario de sus cercanos.

El resto de candidatos invitados a revelar el mismo dato, bajo argumentos de no contar con información en ese momento, o que ya fue entregada a las instancias respectivas, se lavan las manos y centran su discurso en temas superficiales. Es obvio que la transparencia y voluntad política quedan en la esquina menos iluminada de las propuestas políticas de quienes aspiran a dirigir el país.

El conocimiento ciudadano sobre el financiamiento antes, durante y después de las campañas políticas, es uno de los pilares fundamentales para legitimar el proceso electoral, de lo contrario ¿de qué democracia estamos hablando?

Según Delia Ferreira, experta en este tema, un financiamiento sin control puede alterar las condiciones y cualidades esenciales de la democracia, poner en juego su calidad y transformarla de ser el gobierno del pueblo y para el pueblo, en el gobierno del poderoso para el poderoso.

No hay que pasar por alto que en nuestro sistema, quien decide postularse se agencia de capital lícito o ilícito, pero queda condicionado a una deuda política en beneficio del padrino de su candidatura, y es aquí donde surgen fenómenos como la impunidad y corrupción que cada día corroen a la sociedad, porque los favores se convierten en políticas de Estado que indudablemente afectarán a todas y todos.

Lamentablemente, la población ha sido condicionada a que cada cierto tiempo, algo similar a un cartón de lotería, ofrezca junto a una infinita gama de colores y formas, la solución definitiva a todos sus problemas de inseguridad y falta de empleo, como si estos fueran fenómenos que se pueden aislar o combatir con recetas de corto plazo.

No existe una cultura de información y análisis, porque no se pretende generar hombres y mujeres conscientes y capaces de razonar sus decisiones, se busca seguir con el asistencialismo y pasividad para conseguir simples votantes y no ciudadanos.

Es fundamental que la participación ciudadana no se limite a una simple contienda electoral, la crisis que actualmente atraviesa nuestro país, en relación a la representatividad y apatía a los procesos políticos, es porque precisamente quienes están en cargos de decisión no representan los intereses de la población.

Es urgente la implementación de mecanismos de control y transparencia que garanticen a la población el acceso a nombre, apellido y estado de cuenta de quien financia las campañas electorales. No basta que los candidatos entreguen la información a un órgano de control, si éste no es independiente, cuenta con capacidad y competencia para realizar eficientemente su trabajo.

La tarea de fiscalización no se limita a la campaña política, durante la gestión de gobierno la población puede vigilar el actuar de los funcionarios electos y detectar si priorizan intereses colectivos o particulares. Por ejemplo, no pasa desapercibido ejecutar acciones para una comunidad o para justificar el traslado de fondos a una cuenta específica. Otro ejemplo, tampoco se pueden ocultar los asesinatos e intimidaciones a comunidades campesinas en el Valle del Polochic, en nombre de un Widman específico.

Es una tarea que parece titánica o hasta imposible, pero si seguimos en este círculo vicioso de cada cuatro años, viviremos eternamente en un estado capturado por fuerzas oscuras “lícitas” o “ilícitas” que durante años han transformado al Estado en su guarida.

Fuente: www.lahora.com.gt

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