Día Mundial del Medio Ambiente en un año crucial

El 5 de junio de 1972 se inauguró la Conferencia de Estocolmo sobre el Medio Ambiente Humano, la primera vez que a nivel mundial se manifestaba la preocupación por la problemática ambiental global y el primero de los grandes eventos organizados por Naciones Unidas para abordar dicha problemática.

Para conmemorar tan extraordinario acontecimiento, desde 1973 se viene celebrando, cada 5 de junio, el Día Mundial del Medio Ambiente, uno de los primeros instrumentos concebidos, como indica el PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, creado también en 1972 http://www.unep.org/wed/index.asp) para “estimular la concienciación sobre el ambiente a nivel mundial, además de promover la atención y acción política”.

Educadores por la sostenibilidad venimos sumándonos a dicha celebración desde que en 2005 se puso en marcha la Década de la educación por un futuro sostenible. Una celebración que no es concebida como ritual festivo, sino como ocasión de recapitulación, de revisión de lo realizado y, sobre todo, de impulso de nuevas acciones para intentar frenar el proceso de degradación socioambiental y sentar las bases de un futuro sostenible (en http://www.unep.org/spanish/wed/celebrate/ se pueden encontrar múltiples actividades para la celebración de este año 2011).

2011 constituye un año crucial en esta confrontación entre degradación y remediación medio ambiental (entendiendo lo ambiental en su sentido más amplio de Medio Ambiente Humano) y reclama, más que nunca, la implicación ciudadana para que el interés común en una perspectiva sostenible se superponga a miopes intereses particulares a corto plazo.

Así, mientras 2011 ha sido declarado Año Internacional de los Bosques con el objetivo de promover la acción internacional para la conservación y el desarrollo de los bosques como parte integrante del desarrollo sostenible del planeta, los latifundistas brasileños han conseguido con sus presiones que el Congreso apruebe un nuevo Código Forestal que permite la deforestación legal de una superficie superior a toda la destruida hasta aquí en la historia de la Amazonía. La nueva ley –a la que, afortunadamente, se opone el Gobierno Brasileño- ha de pasar todavía el trámite de su aprobación por el Senado. Es preciso, pues, multiplicar las iniciativas ciudadanas, en este y tantos otros casos, para evitar que el planeta se siga deforestando, contribuyendo a la desertización y el cambio climático.

2011 ha sido también el año del desastre, que aún continúa, de la central nuclear de Fukushima (construida supuestamente a prueba de terremotos y tsunamis), lo que ha revitalizado la oposición a la construcción de nuevas centrales y la exigencia de un cierre progresivo de las existentes. En el boletín 63 (http://www.oei.es/decada/boletin063.ph) hemos presentado fundamentados argumentos contra las centrales nucleares como alternativa energética para evitar el cambio climático: resultan demasiado caras, demasiado peligrosas y los recursos de mineral son demasiado escasos.

A ello debemos añadir que un sólido estudio, recientemente publicado,  del IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático), muestra que es posible satisfacer las necesidades energéticas del planeta contando únicamente con recursos renovables y limpios (http://www.inesglobal.com/ipcc-report-on-renewables.phtml), por lo que el IPCC reclama que se realicen las necesarias inversiones para lograrlo antes de 2050, con lo que se podría evitar que la concentración de gases de efecto invernadero supere valores incontrolables. Sin embargo, los lobbies favorables a la energía nuclear continúan su campaña propagandística a favor de sus supuestas ventajas como parte del mix energético. Nos encontramos de nuevo en una disyuntiva que reclama la decidida implicación ciudadana para lograr que los responsables políticos adopten las medidas necesarias.

No podemos olvidar, a este respecto, que apenas faltan seis meses para que tenga lugar en Durban la Convención del Clima de Naciones Unidas, COP 17, donde habrán de alcanzarse acuerdos vinculantes y justos de fuertes reducciones de gases de efecto invernadero y evitar así que el aumento de temperatura supere los 2ºC. Ese fue el preacuerdo aceptado en Cancún por todos los países, atendiendo a las recomendaciones de la comunidad científica. Pero sabemos que existe el peligro de que, con la excusa de la crisis económica, se vuelva a posponer la necesaria adopción de medidas realmente efectivas. La presión ciudadana resulta, una vez más, imprescindible.

En definitiva, pues, la iniciativa ciudadana es esencial para hacer frente a estos y demás problemas socioambientales, estrechamente vinculados, que configuran la actual situación de emergencia planetaria. En ello insiste el denominado “Memorando de Estocolmo: Inclinando la balanza hacia la sostenibilidad”, documento firmado el pasado 18 de mayo por los participantes en  el Tercer Simposio de laureados con el Nobel sobre la Sustentabilidad Ambiental, promovido por Naciones Unidas. Los Nobel de Química Mario Molina y Paul Crutzen, inventor del concepto de antropoceno, el laureado en economía Amartya Sen o la Nobel de Literatura Nadine Gordimer figuran entre los firmantes del documento (http://globalsymposium2011.org/es), que será presentado en la próxima Cumbre sobre Desarrollo sostenible, “Rio + 20”, que tendrá lugar en 2012.

El Memorando apoya la necesidad de luchar contra el cambio climático y de hacer posible un desarrollo sostenible. Y concluye recordando a los líderes del mundo que somos la primera generación consciente del nuevo riesgo global que enfrenta la humanidad, por lo que está en nuestras manos y es nuestra responsabilidad cambiar nuestra relación con el planeta para asegurar que dejaremos un mundo sostenible a las futuras generaciones.

Porque, como nos recuerdan desde Amnistía Internacional –que celebra ahora sus 50 años de fructífera existencia- “El mundo puede cambiar, pero no va a cambiar solo”. Celebremos, pues, el Día Mundial del Medio Ambiente de este año crucial, dando un nuevo y decisivo impulso a las acciones educativas, tecnocientíficas y ciudadanas por un futuro sostenible.

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