Partidos políticos, vehículos para llegar al poder

Foto tomado de www.mimundo.org

Por Carlos Manoel Alvarez /PúblicoGT

Política es la actividad humana que tiende a gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad, define el término el Diccionario de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales de Manuel Osorio, pero más allá de los textos, el ejercicio de quienes se involucran en tal actividad conlleva una variedad de actuaciones que a ojos de los analistas, no siempre las palabras se llevan a los hechos.

A criterio del politólogo Enrique Álvarez, de Incidencia Democrática (ID), política “es todo lo que tiene que ver con las relaciones sociales de un conglomerado que permita vivir armónicamente”.

En teoría, Guatemala es un Estado soberano e independiente, su sistema de gobierno es democrático, presidencialista y pluripartidista, para lograr mantener un orden en todas estas áreas se rige política y jurídicamente por la Carta Magna, la cual es la ley suprema del Estado.

Por ello la política desempeña una función fundamental en cualquier Estado, además de las anteriores definiciones la política también es considera como el arte de dirigir masas y la ciencia de tomar decisiones en el ejercicio del poder para beneficio del pueblo.

El sello de la política

Entre las principales funciones de la política esta “contribuir en la resolución de los conflictos en las sociedades”, esto es lo que opina Marco Antonio Barahona del Instituto Centroamericano de Estudios Políticos (INCEP) quien agrega “una sociedad en la que la política funciona es una sociedad que encuentra la solución a los problemas que naturalmente se van dando”.

En general la principal función de la política es ayudar a la sobrevivencia de una sociedad en particular pero también tiene otras funciones vitales que buscan construir la plataforma de la principal función, entre ellas están el proporcionar seguridad a la vida y la propiedad de sus habitantes y la de la administración de los recursos de la mejor manera para el bienestar de todos.

Entre historia, debilidades y fortalezas

La chispa de ignición de uno de los sucesos más importantes de la política guatemalteca ocurrió en 1986 con el inicio de la denominada era democrática en nuestro país “el que durante más de 25 años se haya logrado elegir libremente a las autoridades es muy  relevante, especialmente en el camino para el fortalecimiento y consolidación de la democracia”, es el parecer de la analista política Ana Lucia Blas,  de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES).

La aludida menciona además que otro hecho político trascendental de nuestra nación ocurrió con la firma de los Acuerdos de Paz en 1996 “la firma de los Acuerdos de Paz, con los que se puso fin a 36 años de guerra interna, fue un hecho que impactó en la cultura política de los guatemaltecos”.

Sin embargo, la analista también opina, “el lado negativo de la política en los últimos tiempos ha sido la creciente influencia del crimen organizado y del narcotráfico en el Estado, estos hechos deberían marcar el punto de partida de políticas públicas dirigidas a garantizar la seguridad y combatir la impunidad”.

A criterio de José Carlos Sanabria, analista de ASIES, una de las debilidades de la política nacional es “un fuerte componente de clientelismo, corrupción, falta de transparencia en el manejo de los recursos y la información, la debilidad fiscal del Gobierno, la débil institucional y la poca credibilidad y legitimidad de las instituciones políticas y estatales”.

Para Sanabria las fortalezas de la política nacional son pocas “una de las más relevantes es el respeto al proceso democrático del país, ya que ha dado avances significativos, recordemos que estamos en una etapa de consolidación del sistema democrático, es el segundo y el más largo período democrático vivido en nuestra historia”, destacó.

Las agrupaciones políticas

Algo muy importante en la política nacional son los denominados partidos políticos, los cuales son los encargados de canalizar la representación de la población, ya que a través de ellos las personas interesadas participan a cargos de elección popular, también tienen la función de generar opinión pública en torno a los problemas que interesan a la sociedad.

La Ley Electoral y de Partidos Políticos, define a estos últimos como instituciones de derecho público, con personalidad jurídica y de duración indefinida, salvo los casos establecidos en la presente ley, configuran el carácter democrático del régimen político del Estado y tienen que estar legalmente constituidos e inscritos en el Registro de Ciudadanos, del Tribunal Supremo Electoral (TSE).

El Departamento de Partidos Políticos del TSE registra actualmente la existencia de 28 agrupaciones políticas legalmente inscritas en el país, “en marzo se registro la inscripción del partido político Ciudadanos Activos de Formación Electoral (CAFÉ), por la fecha creemos que será el último en inscribirse en esta campaña electoral”, declaró Julia Barrera, quien al momento de la entrevista fungía como encargada de comunicación del TSE.

Social y culturalmente los partidos políticos son conocidos como creadores de cultura ya que representan a las clases que conforman una sociedad, las cuales cotidianamente generan todo tipo de manifestaciones en busca de su bienestar, por lo tanto existen partidos que representan a los empresarios, otros a los campesinos y así sucesivamente.

“Debido a estas grandes responsabilidades sociales, los partidos deben tener una posición firme antes los problemas de la nación, que cuenten con un proyecto político, con una ideología y una forma puntual de ver la realidad”, enfatiza Catalina Soberanis, ex dirigente democristiana, ex diputada y ex ministra, quien hoy es Directora General del INCEP.

Recuadro: Los más grandes

Según el Centro de Documentación del TSE, en 25 años de era democrática en Guatemala han existido, entre partidos políticos vigentes y extintos, 73 agrupaciones diferentes, que han luchado en los distintos comicios electorales por puestos de elección popular, en opinión de Soberanis esto solo demuestra que muchos partidos nacen para llevar al poder a alguien y después desaparecen.

A pesar que existen, y en muchos casos existieron, tantas agrupaciones políticas, Soberanis indica que en Guatemala únicamente han existido dos partidos políticos “realmente grandes”, en el sentido de que cumplen con los lineamientos de representatividad e ideología, se trata del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) y Democracia Cristiana (DC).

“El MLN que fue producto de la contrarrevolución en la década de los cincuenta y que venía con una vertiente ideológica conservadora muy cargada y apoyada por la época en la que se vivía”, agregó y en cuanto a la DC Soberanis mencionó “vivió por más de cincuenta años y tenía una ideología socialcristiana con la cual sus integrantes se sentían muy identificados”.

Vehículos para llegar al poder y empresas personales

Para Sanabria, los partidos políticos se caracterizan por ser poco institucionalizados, poco representativos, y en general débiles “esto se puede expresar en el caudillismo que está presente en las estructuras partidarias, la falta de democracia interna para elegir a sus autoridades como candidatos a elección popular y la dependencia hacia el financiamiento privado”, declaró.

Una de las grandes deficiencias de las agrupaciones políticas es que en muchos casos únicamente son usados como vehículos para llegar a puestos de poder, se usan como un mecanismo que impulsa a alguien hacia un cargo público y en el peor de los casos son agrupaciones caudillistas que solo responden a intereses de una personas para satisfacer sus necesidades propias.

“Hay algunos partidos que son empresas personales, pues existen personas que se consideran predestinadas para llegar a un cargo público y organiza su partido para que sea su vehículo para llegar al poder”, expresó Soberanis, que recalcó que la falta de ideología de los actuales partidos es una de las razones principales de la decadencia de estos.

El tema de la falta de ideología es crucial, ya que esta es la columna vertebral de las agrupaciones políticas, si ella falta todo el partido, tanto la agrupación como sus integrantes, carecerán de sentido, serán escuetos y raquíticos en cuanto a propuestas e ideas propias, lo que inevitablemente desembocará en proyectos superficiales que a la larga únicamente terminara desprestigiando a la propia agrupación.

“Lo que también es un problema es no cumplir con las expectativas de la población”, menciona Javier Calderón, Analista Político, del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN). Indicó que cuando las personas ven que las promesas no se cumplen y que tanto los políticos como los partidos políticos solo buscan sus propios intereses, la población se decepciona lo que provoca el rechazo.

La credibilidad de los partidos

El dos de mayo fue publicado en un periódico de circulación nacional la denominada Encuesta Libre, la cual además de medir la intención de voto por uno u otro candidato reveló un dato muy importante para las agrupaciones, y es que tan solo el 12% de los consultados confía en los partidos, el 31% tiene poca confianza y un alarmante 57% no tiene ninguna confianza en estas agrupaciones.

Con estos datos, los partidos políticos son los dueños del sótano de la encuesta pues ocupan el puesto veinte en credibilidad de veinte instituciones sondeadas, sin embargo, figuras públicas como el presidente de la República y los diputados quedaron en el puesto diecinueve y diecisiete respectivamente, lo que demuestra que la opinión pública en cuanto a partidos políticos y sus integrantes esta por el suelo.

Manfredo Marroquín, presidente de Acción Ciudadana (AC), asegura que la Encuesta Libre reafirma lo reflejado en otras mediciones, como el Latinobarómetro “la gente conoce más las instituciones de la fe, porque en los otros casos las autoridades han estado lejos y no han trabajado en ganarse la confianza, además de que los métodos del Estado han fracasado”, señaló.

Peor aún, en opinión de  Douglas Barillas, catedrático de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), la percepción de los estudiantes hacia los partidos políticos es totalmente negativa pues “los estudiantes ven a los partidos como una escalera para alcanzar un mejor posicionamiento económico social”, y que casi ninguno quiere ser parte de ellos pues no se sienten identificados con los mismos.

Lo vertido por Barillas es respaldado por Edmundo Urrutia, Coordinador de Maestrías de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) quien declara que “la mayoría de los estudiantes tienen una línea ideológica anti partidos, anti política, anti estados, que aunado con la falta de propuestas serias y malas administraciones, solo genera una percepción negativa hacia estas instituciones”.

Recuadro: Poca confiabilidad pero mucha participación

Según el Latinobarómetro en un estudio publicado en 2010 la ciudadanía guatemalteca refleja tan solo un 14% de confianza a los partidos políticos, datos que son muy parecidos a los publicados por un diario nacional en la denominada Encuesta Libre, que dice que solo un 12% de la población tiene confianza en las organizaciones políticas.

Sin embargo según datos del Centro de Documentación del TSE en los comicios electorales de 1999 la participación electoral fue de 54%, en el 2003 la participación ascendió a 58% y en el último proceso electoral del 2007, la participación fue de 60% de las personas aptas y en condición de emitir  sufragio.

Para el Analista del INCEP Marco Antonio Barahona, esto refleja que a pesar de que los partidos políticos son mal vistos y tienen poca popularidad, la población en general si acude al llamado para elegir gobernantes “nuestro país tiene una buena participación a comparación con otros países, por ejemplo Honduras luego de su convulsionada situación política en las elecciones del 2009 solo participo el 49% de la población y Estados Unidos donde participan menos del 50% de los ciudadanos”, finalizo.

Trabajar para mejorar

A pesar que la población en general tienen una mala percepción de los partidos políticos, estos no se interesan en mejorar su popularidad, sino cada cuatro años, cuando buscan afianzar en el poder a algún dirigente, lo más lamentable de todo es que lo intentan a través de propuestas superficiales que solo buscan apaciguar temporalmente los problemas del país y que no atacan la raíz de los mismos.

Un claro ejemplo de esto es plan de gobierno del Partido Patriota (PP) donde abundan las promesas, Son casi tantas como las que realiza el partido Visión con Valores (VIVA), en el suyo, pero con una diferencia, que VIVA piensa en un plazo de cuatro décadas y los patriotas ofrecen hacerlo todo en cuatro años.

Para Barahona esto tiene una explicación razonable “lastimosamente la mayoría del electorado en Guatemala es inculto políticamente”,  esto hace que los partidos políticos no ahonden en sus planes de trabajo, “la mayor parte de la gente no va a leer un programa de gobierno ni una propuesta programática”, puntualizó.

En definitiva esto hace que las instituciones políticas se centren en focalizar sus esfuerzos en campañas superfluas para la población en general, sin embargo, Barahona menciona que “últimamente la población intelectual de la sociedad si es más exigente en estos temas, lo que provoca que ahora los partidos políticos si elaboren planes de gobierno más profundos, serios y aceptables”.

En opinión de Enrique Álvarez para levantar la credibilidad de los partidos políticos no solo se necesita la colaboración de la población y los políticos también se necesita una reforma a la Ley de Electoral y de Partidos Políticos pues “está diseñada para favorecer la manipulación, el caciquismo, y  limitar la democracia interna”, declaró.

Por lo tanto, para ayudar a elevar la imagen no solo de los partidos políticos, sino de la política en general, se requiere de un esfuerzo en conjunto tanto de la sociedad, como de los políticos, con el afán de legitimar de nuevo la política, trabajando sobre las bases de la participación ciudadana y construcción de propuestas viables para mejorar la realidad nacional.

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