Dos burguesías, una sola ambición

Por Kajkoj Maximo Ba Tiul*

Desde la región norte de El Petén hasta la frontera occidental de Huehuetenango, el crimen organizado, se moviliza como “Juan por su casa” y su presencia no solo obedece a que las comunidades los toleran, sino por el compadrazgo que tienen principalmente con autoridades policiales, militares, religiosas, partidistas, empresariales, terratenientes y posiblemente con empresas multinacionales, hacen que el crimen organizado, hoy denominado: narcotráfico, narcoganaderia, narcoproducción, trafico de armas, de automóviles, impongan su poder a través del miedo, la amenaza y la muerte, como lo sucedido en el Departamento de El Petén, al ser masacrados salvajemente 27 campesinos (hombres, mujeres y niños) a manos de un grupo del autodenominado Zetas.

Para hacer un análisis objetivo sobre la presencia de diferentes grupos del crimen organizado en la región, hay que tomar en cuenta situaciones, como las siguientes:

1. La región fue escenario del conflicto armado (1960-1996). En ella se aplicaron políticas de tierra arrasada. En el Petén, principalmente en Poptun[1], se crea la Escuela de Kaibiles[2], donde se formaron no solo militares guatemaltecos, sino de muchas partes de América Latina. En el departamento también hubo tierra arrasada, como el caso de las Dos Erres y las Cruces, lugares cercanos donde se cometió esta nueva masacre.

2. Desde Huehuetenango hasta Petén, se está construyendo el mega proyecto Franja Transversal del Norte (FTN). En dicho territorio, también se desplazó a comunidades enteras durante la guerra y las tierras fueron cedidas a militares, políticos y empresarios que habían participado en la contrainsurgencia. Por eso, hemos afirmado muchas veces, que el megaproyecto FTN no va a beneficiar a las comunidades indígenas y no indígenas pobres, si no que, a los “burgueses viejo y nuevos: terratenientes-militares-narcotraficantes”, que se adueñaron del territorio desde 1960 más o menos, con apoyo del INTA y del FYDEP.

3. En toda la región viven en su mayoría población indígena y población ladina, pero que en su mayoría son pobres. Los indígenas descienden de las etnias mayas Mam, Qanjob’al, Chuj, Q’eqchi, Mopan, Itz’a, Poqomchi y K’iche y los ladinos, muchos de ellos se desplazan de Izabal, Zacapa, Jutiapa, Jalapa, Santa Rosa, Huehuetenango, etcétera, ambas poblaciones (mayas y ladinos) se desplazan por largos meses a trabajar a las fincas de la región, sin tomar en cuenta si son fincas de narcotraficantes o de empresarios honestos (que posiblemente los haya), aunque a estas alturas eso de la honestidad tiene que ser discutido.

4. Los pueblos indígenas y ladinos que viven en ese territorio, en su mayoría, tienen problemas de salud, educación, trabajo, vivienda, derivados de la no presencia del Estado y de la concentración de riqueza en manos de unos pocos. Estos pocos son los mismos que tienen el control de poder político y económico en todo el país. Toda la población vive en pobreza y extrema pobreza. En su mayoría con un salario menor que lo legalmente reconocido como salario mínimo.

5. El territorio, como en todo el país, está siendo objeto de un nuevo saqueo. Si para controlar este territorio se crearon los diferentes planes contrainsurgentes, ahora, también los hay y por eso, la excusa de la re-militarización es para controlar a los narcos y zetas o cualquier otro grupo del crimen organizado, pero en realidad, su principal objetivo es militarizar la región para controlar a los pueblos y comunidades que se levantan cada vez más en contra del modelo neoliberal. Por eso, el discurso de que con la firma de la paz se disminuyó la capacidad del ejército es pura mentira, porque nunca se discute el millonario desfalco que han hecho durante este año no solo al ejército sino también a la policía nacional civil.

Por eso considero, que lo que está pasando en Petén, Alta Verapaz, Quiché, Huehuetenango, San Marcos, Quetzaltenango, etc., no es más que el reacomodo de dos burguesías: la tradicional-oligárquica: Arzú, Castillo, Sinibaldi, Torrebiarte, Gutiérrez, Zuñiga, Fumagalli, etc., y de la nueva burguesía que en su mayoría nace después de la firma de la paz, en su mayoría vinculada al narcotráfico y al crimen organizado, aunque con esto no queremos justificar a la vieja burguesía, porque puede ser que tenga sus propios intereses en el narcotráfico, principalmente en el negocio del lavado de dólares, si no, por qué la existencia de bancos, tarjetas de créditos, casa de préstamos, construcciones, etc, pero ambas burguesías son: salvajes, desvastadoras, explotadoras, criminales, etc., y promueven el desarrollo neoliberal.

Hoy más que nunca, “necesitamos parar esta demencia criminal”[3]. La masacre en El Petén, así como la del Valle del Polochic y la gran mayoría de masacres que hemos vivido en todo conflicto armado (1960 hasta hoy), solo tiene una causa: la demencia criminal de todas las oligarquías que buscan acumular riquezas económicas, no importando la destrucción de vida humanas.

Y a esto hay que entrarle con ganas.

* Antropólogo

[1] Municipio de El Petén.

[2] Comando de Tropas Especiales del ejército de Guatemala

[3] Fernández Liria, Carlos, Algunos Somos Comunistas, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=128765

Fuente: www.i-dem.org

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