Siete palabras claves desde la Puerta del Sol de Madrid

Guillermo Zapata *

Tiempo. El tiempo se acelera y los sentidos se agitan. La acampada permanente en la Puerta del Sol de Madrid es vértigo puro. Las horas pasan rápido entre una concentración y la siguiente, pero luego el tiempo se dilata. Las noches se hacen largas. El tiempo se contrae y se expande movido por una marea de gentes. Parece que llevamos años aquí y no han pasado más que tres días: las revueltas son reales cuando modifican el espacio-tiempo.

El espacio-tiempo creado en los últimos días tiene una única obsesión: la continuidad. Paradójicamente, ésta es sólo posible a través de la intermitencia. Mediante un entrar y salir físico de Sol. Mantener viva la experiencia aunque no estés presente. Por eso la acampada no se puede entender sin las redes sociales. La continuidad de la experiencia se consigue desterritorializándola: estoy en la Puerta del Sol aunque esté en mi casa. Estoy allí porque sigo hablando de ello, porque no puedo concentrarme en el trabajo, porque no se me va de la cabeza. Y en cuanto puedo, salto hacia allí, corro hacia allí, me inserto de nuevo en ese conector social en el que se ha convertido la Puerta del Sol y así otros pueden irse a descansar.

La concepción clásica de las revueltas sociales plantea un escenario que liga la acumulación de fuerzas y la continuidad. Si seguimos más tiempo seremos más. Si seguimos más tiempo caerán los tiranos. Esta mistificación parte de una simplificación de lo sucedido en Egipto y en otros países árabes. Lugares de los que hemos tenido noticias tan sólo al final de un proceso, no en su germen, no en sus años de visibilidad e invisibilidad, en sus experimentos fallidos, en sus callejones sin salida y en sus vueltas atrás. Lo que sucede estos días en Madrid no es el final, no es el momento decisivo, es solamente el punto de partida.

2. Comunicación. La comunicación es la forma de la organización política. La gente se convierte en el medio de comunicación. Las redes sociales no son tanto el medio, como el territorio expresivo y organizativo. El sentido común se teje en forma de flujo y de meme. De la lógica de la confianza compartida de Facebook se pasa a la lógica de vivencia directa de Twitter.

El eslogan circula multiplicado. Sin versiones oficiales, el rumor prende. Los medios de comunicación tradicionales se encuentran con una cacofonía dadaísta imposible de interpretar. Se agarran a lo que pueden, proyectan sus propios planteamientos. Por el momento, la autonarración del proceso no pasa del streaming vital, pero la necesidad de contarse, de narrar lo vivido, la anécdota, el yo estuve allí, se intensifica.

La obsesión de los medios de comunicación por retransmitir las manifestaciones desde su interior, como uno más remite a una obsesión por la pérdida de su centralidad. Los expertos y los analistas se revelan como incapaces de pensar con cabeza propia y devuelven una sola voz a derecha y a izquierda. La sensación frente a sus balbuceos es la misma que la de esos fans de la serie Lost, que asistieron a los intentos de los tertulianos de alguna cadena de televisión por explicar el final de la serie: una mezcla de estupor, vergüenza y cachondeo.

3. Poderes. En estos momentos se despliega en la Puerta del Sol una capacidad expresiva enorme en la que cualquiera reunido en grupo cree ser la representación del todo. La sensación de empoderamiento es tal que uno llega a creer que lo que cada cual hace es representar a todos los demás. Es una lógica razonable y difícil de desaprender, pero es necesario desactivarla. La potencia del movimiento viene de su irrepresentabilidad. No nos representan… Porque no pueden representarnos.

Como en cualquier red dispersa, existen una multitud de centros que no son el centro, sino estaciones de repetición de señales, de propuestas y de sentidos. Prima la creatividad. La hegemonía de quién lleva la batuta en cada momento es totalmente cambiante. De esta manera, las asambleas no son espacios de producción de un sentido, sino más bien de una catarsis colectiva. De un deseo enorme de hablar y hablar y hablar. Se mezclan lenguajes memorizados (El pueblo unido jamás será vencido) con nuevas formas de expresión (Error 404 fallo del sistema o Descargando democracia o No es una crisis es una estafa).

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