America Latina: la inflación ronda

Oscar Ugarteche

Red del Tercer Mundo

La última inyección de dólares a cambio de bonos del tesoro en Estados Unidos en octubre del 2010 trajo aparejado consigo un alza inusitada en los precios de los commodities. En total, la Reserva Federal ha inyectado treinta y cinco por ciento del producto interno bruto (PIB) de Estados Unidos en tres años entre el TARP (Troubled Asset Relief Program) y los programas de inyección de liquidez siendo el último tramo de octubre a febrero del 2011.

La argumentación más simple es que los bancos de inversión canjearon sus bonos del tesoro por efectivo y lo colocaron en los mercados internacionales. La evidencia muestra que las bolsas de valores y de commodities desde octubre del 2010 remontaron significativamente. Esto se ha profundizado por los conflictos de Medio Oriente, a pesar del desastre japonés y de los problemas de Irlanda y Portugal.

Por su parte, los gobiernos latinoamericanos han encontrado una amenaza creciente en las presiones inflacionarias. Según estadísticas proporcionadas por la Comisión Económica para América Latina y Caribe (CEPAL), el arranque de este año ha venido aparejado de una proyección de la inflación para la región de un 4.5 por ciento este año, a excepción de los casos particulares como Argentina, Chile o Jamaica, cuyos crecimientos en la inflación son distintos.

Al respecto, el Instituto de Finanzas Internacionales de Washington prevé que la tasa de inflación de la zona sea de cerca del 8.6 por ciento para el 2011 y 6.6 por ciento para el 2012, debido a los elevados precios de las materias primas, el desembarco masivo de flujos de capitales y la lentitud de algunos países a la hora de retirar las medidas de estímulo aprobadas para capear la crisis que castigó a la región en el 2008.

El país que se piensa que encabezará dicho repunte inflacionario es Argentina, por lo que ante las cifras deflacionarias mostradas recientemente por el Banco Central argentino, algunos analistas sugieren que los indicadores inflacionarios son opacos. Hay quienes insisten que la inflación argentina es de dos dígitos y está encubierta. Lo cierto es que el alza de los salarios a tasas equivalente al crecimiento del PIB del año anterior más la inflación del año anterior ha resultado en una mejora en los ingresos de los trabajadores y con eso una recuperación de la demanda que se traduce en un alza de precios. Al otro lado el control de los precios de los granos básicos que exporta Argentina debería de frenar las alzas de precios, pero no parece compensar las mejoras de demanda.

La evidencia lo que muestra es que Venezuela es quien tiene un problema de inflación consistentemente desde hace unos años y que se ha acentuado entre noviembre del 2010 y febrero del 2011 de 1.3 por ciento mensual a 3.6 por ciento en enero y 2.2 por ciento en febrero con relación al mes anterior. Es la única economía de la región que no logró recuperarse de la contracción sufrida en el 2009 y cuya inflación se ubica en cerca del treinta por ciento, respecto al año anterior. Esto, se cree que es en gran parte producto de la necesidad de importaciones de bienes básicos que se importan a precios crecientes y la creciente liquidez dentro de la economía fruto del alza del precio del petróleo. Una variable que hay que tomar en cuenta es el retiro masivo de capitales que presiona sobre el tipo de cambio.

Cuando se dividen los países latinoamericanos en tres grupos de alta, media y baja inflación, quedan en el primer grupo Bolivia, Colombia, Paraguay, Uruguay y Venezuela. Bolivia y Paraguay le siguen a Venezuela en el alza de la inflación mes contra mes. Sin embargo su crecimiento será casi en la misma proporción debido a su fuerte dependencia con el mercado norteamericano y chino, respectivamente.

Entre los países de inflación media están México, Brasil, Guatemala y el Perú. En el caso de Brasil y México, se prevé una inflación anual moderada (4.5 por ciento para Brasil y 3.9 por ciento para México), para los otros será menor aún. Los datos de México no coinciden con la percepción de las alzas de precios de las tortillas, los aguacates, el agua, el gas, la gasolina y la electricidad, así como del transporte público. La apreciación del peso mexicano sirve para frenar la inflación pero la evidencia muestra que no lo logra del todo, aunque la cifra publicada es desdeñable.

Los países sin inflación significativa son Chile, Jamaica y Nicaragua, si bien Argentina está en la lista por sus datos oficiales. Las presiones inflacionarias latinoamericanas que se observan desde noviembre fueron las que sirvieron como atizador para las protestas del norte de África y han provocado que los bancos centrales asuman una política monetaria más restrictiva en varias partes del mundo y que durante el mes de marzo se hayan registrado alzas en las tasas de interés de referencia de cuatro países latinoamericanos y doce países más, intentado contener dicha inflación.

China hizo ajustes en febrero y se anticipa que Estados Unidos hará su ajuste en algún momento. El problema, según el Bureau of Labor Statistics, es que la inflación en relación al mes anterior se quintuplicó entre noviembre del 2010 y febrero del 2011, pasando de 0.123 por ciento en noviembre a 0.546 por ciento en febrero.

En realidad, la inflación en Estados Unidos no importa excepto cuando la Reserva Federal sube la tasa de referencia y produce contracciones en la oferta de divisas global[“Global Inflation to Occur in 2011: Bank of China”, http://english.caijing.com.cn/2010-10-12/110541409.html]. Esto podría llevar, por ejemplo, a un alza de la tasa de interés básica ahora en 0.25 por ciento.

El efecto global sería un retiro de fondos de los mercados emergentes. Yang Bin, de la Academia de las Ciencias Sociales de China, advierte que puede ser la forma de Estados Unidos de exportar su crisis y fortalecer su debilitada moneda. [www.cs.com.cn/english/opinion/201103/t20110330_2829024.html, 30-3-2011.] A la par con este fenómeno inflacionario monetario hay una tendencia que se venía arrastrando desde el 2006 con el precio de los alimentos relacionado al crecimiento económico asiático y también al etanol.

Inventado en Brasil para suplir la escasez de petróleo en los años setenta, el etanol tomó vida propia con el apoyo de Al Gore y se convirtió en “combustible ecológico”. Siendo tan contaminante como el fósil, tiene la virtud de que es renovable. Esto no lo hace limpio pero sí sujeto a la producción de alimentos.

Los alimentos que se vuelven combustible para un tanque de gasolina de trece galones le darían de comer a un niño durante un año, dijo el ex CEO de Nestlé Peter Brabeck-Latmathe ya en el 2008 en su campaña contra el etanol[#12f0943d4f563912__edn1]. Como es un sustituto perfecto, cuando sube el petróleo arrastra también el precio del etanol y éste el de los alimentos.

Esto es parte del problema actual. Por eso Paul Krugman dice que el tema de los precios es de los fundamentales, hay una demanda creciente que se enfrenta a una oferta que no crece a la misma rapidez.

Como fuere, en los últimos cinco meses desde noviembre hay un rebrote inflacionario global y la amenaza de un alza de la tasa de interés de referencia de Estados Unidos es muy grande para América Latina por el impacto que podría tener sobre los mercados de valores y de capitales y los tipos de cambio.

De otro lado, el efecto de esta inflación es el empobrecimiento creciente de la población que fue beneficiada por el crecimiento económico en la primera década del siglo XXI. Las economías que no sintieron el golpe del año 2009 podrían sentirlo ahora.

Por eso hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) sugiere los controles de capitales de corto plazo de inmediato [Capital Inflows: The Role of Controls, Jonathan D. Ostry, Atish R. Ghosh, Karl Habermeier, Marcos Chamon, Mahvash S. Qureshi, and Dennis B.S. Reinhardt, IMF, IMF staff p osition note, February 19, 2010, SPN/10/04]. Si bien la Reserva Federal ha anunciado que no moverá las tasas de referencia este año, es evidente que si la inflación continúa por la senda del inicio del año, lo hará mas temprano que tarde. (ALAI)

* Miembro del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), coordinador del Observatorio Económico Latinoaméricano (OBELA). Este artículo fue realizado con la colaboración de Francisco Martínez, estudiante de Economía de la UNAM.

Te gusto, quieres compartir