Huelga de todos los dolores

Por Mario Rodríguez/ PúblicoGT.com

No estoy en contra de la huelga. Pero tampoco quiero esa clase de huelga. Da tristeza ver en qué se ha convertido dicha actividad. Aún cuando comparto y creo que todos los pueblos tienen el derecho a sus tradiciones, a sus mitos y ritos fundacionales, a sus mentiras y verdades que permiten construir una identidad, no estoy de acuerdo con esa tradicional actividad de vandalismo estudiantil revestida de total impunidad que la huelga cobija actualmente.

Cuando esas tradiciones degeneran en algo sin sentido qué razón tienen de seguir existiendo, aún en nombre del pueblo y toda la retórica revolucionaria que utiliza.

El mejor ejemplo del porqué la tradicional fiesta estudiantil está en decadencia la encontramos recién. Un grupo de encapuchados, unos extraños individuos que dicen ser estudiantes se enfrentan a muerte a otro grupo de encapuchados, ante la indiferencia, el morbo y la complicidad de todos, siendo aún más grave el hecho que en algunos casos estos actos cuentan con el aliento y el apoyo de las propias autoridades. Los motivos: la talacha. El dinero de la recaudación que en los últimos años se parece más a un acto de extorsión a punta de pistola que una actividad estudiantil.

La huelga debe pensar en su futuro. O mejor dicho, las autoridades universitarias deben pensar en el futuro de la Universidad y en el peligro que representa que grupos al margen de la actividad académica y política de la Universidad, vean en sus tradiciones una fuente de enriquecimiento y aprovechamiento personal.

Si asistimos como meros espectadores, cómplices silenciosos del deterioro moral y político que tiene nuestra institución, somos tan culpables como aquellos que llevan a cabo esos actos vandálicos que hoy condenamos. Por ello urge reaccionar. En estos momentos, eso implica pensar en nuevas formas de convivencia social, en modelos que nos permitan dirimir las diferencias políticas en base al diálogo y la razón.

Me resisto a pensar que hemos perdido la oportunidad para encausar a la Universidad por otras vías que no sean las actuales. El respeto, la amplitud, la honestidad y la lealtad, todavía son valores en los cuales nos podemos apoyar para cambiar está situación de decadencia moral en que se encuentra sumida nuestra institución. La trasformación de la USAC ya se discute. Pero el cambio de fondo no se vislumbra sin un compromiso de todos los sectores que componen la institución.

Y para iniciar con ese proceso, la huelga debe cambiar o nos pondremos en huelga contra ella.

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