Género y Participación Política en Guatemala: Mujeres al Poder

Douglas Juárez y Jeanie Herrera

“…De nada valdría un movimiento femenino

en un mundo sin justicia social…”

Evita Perón

En Guatemala, existen aproximadamente 7.3 millones de mujeres y representan el 48%[1] del padrón electoral.  El proceso de institucionalización de una democracia moderna, ha traído consigo, la búsqueda por la incorporación de las diferentes ciudadanías: civil, política, social y cultural[2].

Se ha observado una ampliación de espacios en el tema de ciudadanía política, es decir, derecho a votar, intentar ser electos y ejercer libertades de asociación, expresión, movimiento y otros[3]. Sin embargo, el panorama no ha sido equitativo para la participación de las mujeres en el ámbito político, siendo condicionado, por un lento proceso de incorporación en los espacios de toma de decisión, restringido por una inmensa brecha en términos cuantitativos en espacios parlamentarios o curules, destinados a la participación femenina para optar a cargos de representación popular.

De esta forma, se observa una fluctuación en la representación de las diputaciones a nivel nacional por parte de las mujeres, con un porcentaje del 12.03% de los 158 escaños disponibles para el periodo 2008-2011[4], decreciendo en el ámbito local. En el pasado proceso electoral (2007), solamente 6 mujeres fueron electas a cargos por elección en el espacio municipal de las 332 municipalidades (1.8%)[5].

No obstante, en cuanto al proceso de nominación y postulación de cargos públicos en órganos de control del Estado, en la actual administración, han sobresalido y se han posicionado varias mujeres en puestos claves, como la presidenta del Tribunal Supremo Electoral, Licda. María Eugenia Villagrán, la Contralora General de la Nación, Licda. Nora Segura, la Fiscal General, Licda. Claudia Paz y Paz, la Directora del Instituto de la Defensa Pública Penal, Licda. Blanca Stalling, como también en varias Secretarías del Organismo Ejecutivo.

Por otro lado, como protagonistas claras en la antesala de la convocatoria a elecciones, se han venido perfilando varias mujeres, ejemplo de ello son: Sandra Torres, Zury Ríos, Adela de Torrebiarte, Roxana Baldetti e incluso se rumora la posible participación de Patricia de Arzú y en menor grado, pero no descartable, a Carolina de Rivera, esposa de Amílcar Rivera, actual Alcalde Mixco.

De esta forma, a manera de reflexión, debemos cuestionarnos ¿cuáles han sido los detonantes de la participación política de la mujer en el actual proceso electoral?

En primer lugar, se debe partir de un posicionamiento de análisis sobre la inserción de la mujer en la palestra pública durante los últimos años, principalmente ante el paulatino incremento reportado por el tercer informe de Objetivos de Desarrollo del Milenio -ODM’s-, tomando en cuenta que a partir de la Firma de la Paz, las organizaciones de mujeres se han abierto espacios para poder acercarse a la esfera política y poder influenciar el rumbo de la política nacional, y han generado un acercamiento mujer-poder público, lo cual no siempre se ha equiparado a la situación política de las mujeres indígenas (Mayas, Xincas y Garífunas).

En segundo lugar, si bien es cierto que el escenario político latinoamericano ha sido de gran influencia en los últimos años (el rol activo de la mujer en la participación política, con grandes referentes, como las presidencias ganadas por mujeres en Costa Rica, Argentina, Chile y Brasil), es de mencionar que en el ámbito nacional, a pesar de no contar históricamente con una mujer presidente, la participación femenina ha ido cobrando mayor protagonismo, ampliándose hacia las diferentes esferas sociales y visibilizándose la imagen del rol de la mujer en la administración pública.

De esta forma, estamos frente a un auge en la participación política de las mujeres, en la búsqueda de posicionamiento en el ámbito público (histórica y culturalmente rezagado). Dentro de este marco de referencia, la presente contienda electoral, debe ser analizada más allá del resultado de un proceso de empoderamiento y apertura democrática equitativa, y en cambio, abordarlo como un fenómeno multicausal.

Si bien, se han generado algunas condiciones para la participación política de la mujer, la escena internacional y el protagonismo nacional de algunas mujeres en este ámbito, han traído como consecuencia, la motivación a participar activamente en política, ya sea como estrategia de contrapeso a la propuesta electoral del partido oficial o bien como una oportunidad coyuntural para poder tomar algunos espacios de poder público.

Mientras la cartera de oportunidades y estrategias se amplía a medida que se hacen oficiales las candidaturas y conforme se articulan los binomios presidenciales, la lucha de la democracia integral debe enfocarse en el proceso de institucionalización de la participación política de las mujeres, luchando por desarticular cualquier indicio que funja como elemento de inserción coyuntural de la mujer.


[1] Datos del Tribunal Supremo Electoral al 31 de diciembre del 2009.

[2] PNUD (2008), Democracia/Estado/ciudadanía: Hacia un Estado de y para la democracia en América latina. Perú.

[3] Ibídem.

[4] 19 de 158 diputaciones en el Congreso están ocupadas por mujeres y solamente 4 de ellas son indígenas. Históricamente, ninguna mujer afrodescendiente o xinka ha ocupado un escaño en el Congreso.

[5] Segeplan (2010). Tercer informe de Objetivos de Desarrollo del Milenio, Guatemala.

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