Carrera electoral en Guatemala: ¿Políticos o politiqueros?

Por: Jeannie Herrera /PúblicoGT

El panorama electoral en Guatemala se encuentra inmerso en un contexto de incertidumbre y con notables polarizaciones hacia los posibles fallos de la Corte de Constitucionalidad –CC- y el Tribunal Supremo Electoral –TSE-, ante las controversiales postulaciones que se perfilan.

A 41 días de la convocatoria oficial a los comicios electorales, con la participación de más de 25 partidos políticos, y con una creciente participación femenina en las precandidaturas y candidaturas a altos cargos, surgen elementos clave para terminar de comprender el horizonte político en Guatemala y poder emitir un voto objetivo basado en la reflexión y el análisis de las propuestas que se presentan en la palestra de la carrera electoral.

Los aspirantes a los máximos cargos políticos en el país han empezado a visibilizarse a través de sus diferentes propuestas encaminadas a la mejora y solución de los problemas que aquejan el diario vivir del guatemalteco, de esta forma, se contemplan nuevamente los famosos temas de seguridad, e inversión social, pero surgen a su vez, temas que han quedado un poco más relegados, tal es el caso del pacto fiscal y mayores oportunidades de empleo.

Asimismo, empiezan a visibilizarse, con mayor frecuencia, otros temas aparentemente novedosos, como el acceso a los derechos sexuales y reproductivos, el acceso a microcréditos, la transparencia en las instituciones, entre otros. Sin embargo, dichos temas, más que presentar una cartera de propuestas innovadoras, terminan visibilizando el retraso de las temáticas en el país.

Paralelamente, se han empezado a gestar una serie de promesas y argumentos de campaña que rebasan el margen de acción del organismo ejecutivo, incrementando el populismo y la decepción en los ideales de miles de jóvenes entre 18 y 30 años que representan cerca de un tercio de los votantes (30%)[1], influyendo en el retroceso de la participación de las nuevas generaciones, desgastando y deslegitimando la incipiente democracia que se ha tratado de gestar desde finales de la década de los ochenta.

De igual forma, las posibles diputaciones a pesar de prisión preventiva (por procesos por peculado), las diversas alianzas que dejan fuera ideologías (si es que alguna vez existieron), un estimado de 2.8 millones de personas inhabilitadas para votar por contratiempos en el empadronamiento, así como, los miles de jóvenes que no han podido tramitar su Documento Personal de Identificación –DPI-; son solo algunas de las innumerables paradojas que se gestan rumbo a las votaciones de septiembre.

En este contexto, aún quedan barreras por superar y diversos criterios por discernir, los cuales, seguirán acompañados de una amplia variedad de “jingles” animadas y pegajosas, slogans que instan al nacionalismo,  excelentes asesores de marketing, una serie de pactos de no agresión y  la mejor sonrisa para el elector.

Por tanto, es momento de empezar a generar un análisis crítico de las premisas y ofrecimientos que los/las postulantes nos ofrecen, con el objetivo de reflexionar en torno a la institucionalidad de los partidos y empezar a desarticular el frecuente caudillismo que se ha posicionado durante el periodo democrático en  Guatemala. De esta manera, es necesario fijar la atención en las ideologías o filosofías de los partidos políticos, su trayectoria, sus alianzas, sus actores clave, así como, una observación detenida de sus estrategias y de  los consecuentes planes de Gobierno que emanen de sus doctrinas, descifrando de esta forma, la diferencia entre políticos y politiqueros.

[1] Datos del Tribunal Supremo Electoral al 28 de febrero del 2011.

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