Maíz y Trigo

Mario Rodríguez

El país vive una coyuntura especial: sufre los efectos de la crisis económica y, al mismo tiempo, se desarrolla una campaña electoral sin que los líderes políticos aborden el problema económico en sus propuestas.

Entonces, predomina una interpretación parcializada de la situación, sin tener claridad de los efectos que pudiera tener, y menos de las causas del problema.

Productos básicos muy sensibles en la canasta familiar, como el maíz y el trigo, han triplicado el precio en los últimos meses. Agravada por la volatilidad del petróleo en esta coyuntura tan especial, la situación socava la precaria seguridad alimentaria nacional. Dado que el incremento en los precios de tortillas y el pan afecta directamente el poder adquisitivo de la población, especialmente de los más pobres, dicha situación amenaza en convertirse en un problema a futuro.

Desde el año 2007, Guatemala experimentó el incremento de los precios de los alimentos, principalmente en granos básicos. En ese entonces se tenía un nivel de precios alrededor de los Q90 el quintal de maíz y se estimó por parte del Ministerio de Agricultura que llegaría a los Q180; cinco años después esas previsiones se cumplieron: el grano se cotizaba entre Q175 y Q200 en las últimas semanas.

Una de las explicaciones más recurrentes en la actualidad es que dicho incremento se debe, sobre todo, a la especulación. El Gobierno respalda esa postura, pero el análisis es parcial y sirve para salir del paso al no evidenciar las causas de dicha especulación.

La crisis se manifiesta desde hace varios años, siendo el resultado de políticas públicas que permitieron erosionar la capacidad productiva del país, al propiciar, privilegiar y apoyar a la agroexportación y liberalizar la importación de granos básicos, en detrimento de la capacidad productiva de miles de campesinos independientes, pequeños y medianos productores de maíz.

Que hoy la tortilla y el pan sean cada vez más caros obedece a una serie de razones que van desde la incompetencia del Gobierno y su política, hasta la codicia que produce la especulación de los grandes acaparadores que el mismo sistema ha creado. Las grandes empresas comercializadoras de granos, los procesadores de harina de maíz y los importadores, aprovechándose de las ventajas y desregulaciones que el propio gobierno ha dado, han propiciado dicha inestabilidad en los precios de productos básicos y estratégicos.

La apertura de contingentes no garantiza que la situación vuelva a la normalidad. Lo prioritario sería apoyar a los productores nacionales, entendiendo que con el maíz se juega no solo la estabilidad del sistema, sino la misma viabilidad económica del país.

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