La imaginación neoliberal

Variaciones libres sobre el concepto neoliberal de libertad (valgan las ingratas redundancias). Atentamente, a sus campeones.

Mario Roberto Morales

La acepción que de “libertad” ofrece Ambrose Bierce en su Diccionario del Diablo, dice así: “Libertad, s. Uno de los bienes más preciosos de la Imaginación, que permite eludir cinco o seis entre los infinitos métodos de coerción con que se ejerce la autoridad. Condición política de la que cada nación cree tener un virtual monopolio. Independencia. La distinción entre libertad e independencia es más bien vaga, los naturalistas no han encontrado especímenes vivos de ninguna de las dos”.

Bierce empieza remitiendo la libertad a la imaginación, con lo cual la ubica no como algo inexistente, sino como un valor cuya relatividad está (como la de todos los valores) determinada por el uso que la autoridad (el poder) le otorga para limitarse ilusoriamente a sí misma, ejerciendo siempre su infinita capacidad de coerción. Luego alude al uso demagógico de la libertad definiéndola como una condición política cuyo monopolio es voceado por todas las naciones, independientemente de que sus regímenes sean autoritarios o no (ningún Estado admite jamás que su ciudadanía no es libre). Y como la independencia no puede darse si no es en libertad, Bierce termina intensificando su habitual sarcasmo y alude oblicuamente a la interdependencia de los seres vivos como condición de su existencia, con lo cual se burla de la libertad como valor abstracto y la postula posible de alcanzar sólo en tanto patrimonio de la especie humana.

Esto hace reflexionar sobre el concepto neoliberal de libertad, en el sentido de que el neoliberalismo (neoclassical liberalism) es una “filosofía” basada en la propiedad privada como el valor absoluto dentro del cual (y sólo dentro del cual) es posible la libertad. La propiedad privada es la condición de existencia de la libertad porque, para los neoliberales, ser libres es poder hacer lo que nos dé la gana con lo que legalmente nos pertenece. De modo que, sin propiedad privada, nadie puede ser libre. Y como la mayoría de la humanidad no es libre porque carece de propiedad privada, la utopía neoliberal propone que algún día, mediante la libertad que ahora ejercen los propietarios, la humanidad llegará a ser –toda ella– igualmente propietaria de algo y, en consecuencia, libre. Uf.

La trampa está en que lo que legalmente nos pertenece resulta de la naturaleza y la aplicación de la ley, y esta emana de la autoridad (del poder). Visto así, el problema de la libertad es desplazado del ámbito de la propiedad privada y trasladado a la esfera de la autoridad y el poder, de la cual se origina también la propiedad privada como una realidad económica legal y legítima. Con ello, la libertad se postula políticamente a sí misma como ejercicio del poder, quedando pendiente la legalidad y la legitimidad de su ejercicio. Esto, en la esfera de lo social. En la de lo individual, la libertad es la posibilidad de opción condicionada de los seres humanos. Por ejemplo, si inevitablemente voy a morir, puedo decidir cómo voy a enfrentar la muerte.
La libertad vista como el voluntarismo de hacer lo que nos dé la gana con lo que nos pertenece, es una libertad de mercaderes. Y como tal, vale. Lo que no vale es ampliar este particular concepto y valor a toda la humanidad, pues no todos vivimos la vida como un paseo por un centro comercial ni vemos a la humanidad como un conjunto de mercachifles y su clientela.

Bierce habría dicho que la libertad basada en la propiedad privada es uno de los bienes más preciosos de la imaginación neoliberal. Bastante chata, como puede verse.

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